Todo en la vida tiene su contrario. Quizá incluso nosotros lo tengamos, en alguna dimensión alterna. Pero particularmente en el estudio del universo, esta dualidad inherente a la naturaleza ha traído consigo un misterio irresoluble.

El descubrimiento de las antipartículas por parte del físico Paul Dirac en 1928, quien a través de una ecuación concluyó que cada partícula tiene un “gemelo” con una carga eléctrica opuesta, implicó el hallazgo de una paradoja. Y es que a partir de las ecuaciones de Dirac se extendió el concepto de antipartícula al de antimateria: una forma de materia constituida por antipartículas. Según la lógica matemática, el contacto entre materia y antimateria tendría que dar lugar a una aniquilación mutua.

 

La pregunta es, entonces: ¿por qué la antimateria no destruyó el universo?

Si el equilibrio entre materia y antimateria es el mismo, no debería existir el universo. Porque es verdad que, según la ley de la conservación de la materia, nada se crea ni se destruye: sólo se transforma. En el caso del choque entre materia y antimateria, esto no lleva a la destrucción, sino a su transformación en fotones de alta energía. No obstante, la cuestión es que el universo no sería lo que es si sólo hubiera fotones, lo que en teoría debería ser así.

Es por eso que los científicos se han preguntado por décadas cuál es la lógica detrás de una existencia que parecería condenada por principio. Un video del canal World Science Festival explica de manera magistral esta compleja cuestión. Aunque, sin duda, nos deja con más preguntas que respuestas, pues el acertijo sigue sin ser resuelto…

Según esta animación, algunos científicos sostienen que la antimateria se separó de la materia y que existe en alguna parte, en forma de antiplanetas y hasta antiuniversos. Otros mantienen la hipótesis de que después del Big Bang, un diminuto desequilibrio entre ambas materias posibilitó la creación del universo.

Como sea, esta paradoja nos da para pensar que la vida sí es un milagro, de una forma u otra. Pero este aparente azar detrás de la existencia no le quita el sentido. Al contrario: demuestra que tenemos mucha suerte de estar aquí. E indudablemente, hay que aprovecharlo.