A pesar de la diferencia entre todos los seres vivos y sus ecosistemas, creemos que cada ser comparte una esencia universal. Como hijos de la Tierra, tenemos una conexión profunda con los demás seres del planeta y un hombre aprovechó esa unión para convertirse en un fabuloso susurrador de pulpos.

Wilson Menashi es un hombre de 84 años que comparte una especial amistad con pulpos. Todo comenzó en una visita a un acuario. Cuando Menashi tomó un calamar en su mano izquierda y extendió el brazo, un pulpo gigante del Pacífico extendía al mismo tiempo los brazos como una muestra de aceptación. 

pulpos-humanos-animales-marinos-wilson-menashi
AP

El pulpo reconocido bajo el nombre de “Freya” colocó cerca de 2240 ventosas en el brazo del hombre y comenzó a recopilar información sobre él. Además de saborear un par de las golosinas de mariscos que le ofrecieron.  

Freya tiene alrededor de tres años, pesa alrededor de 20 kilogramos y sus brazos miden unos 4 metros de largo. Ahora, el pulpo tiene la fuerza suficiente para matar a un tiburón y cualquier otro enemigo. Pero, al observar la suave interacción entre Menashi y Freya no queda duda que aquí hay una relación única.

Detrás del susurrador de los pulpos

Después de trabajar 25 años de trabajar como ingeniero químico, Menashi se convirtió en voluntario del Acuario de Nueva Inglaterra en Boston. Hasta ahora, ha trabajado más de 7,800 horas con pulpos y ha logrado una interacción muy especial.

“He podido interactuar con ellos desde el principio. No sé por qué. No puedo explicarlo, pero puedo conectarme con ellos” – Menashi

susurrador-pulpos-wilson-maneshi
AP

Además de convivir directamente con los octópodos, Menashi diseña cajas de rompecabezas para pulpos. Ayuda en la estimulación mental de estos animales, así como en el mantenimiento de su salud y desarrollo.

Lo mejor de toda la experiencia es que asegura que nunca se apaga su asombro hacia estos seres marinos. Cada día descubre experiencias y habilidades nuevas. Explora su composición y admira su forma de adaptarse al medio que los rodea.

Menashi ha encontrado en el cuidado de los pulpos un propósito para vivir su vejez: “El solo hecho de estar aquí ha sido, para mí, un salvavidas. Me dio algo que hacer. Me brindó diferentes intereses y me mostró que el mundo es un lugar maravilloso para estar”.

De alguna manera, Menashi logró rescatar y explotar la esencia que todos los seres compartimos. Tal vez no lo hizo con los humanos, sin embargo, en los pulpos encontró una forma sorprendente de encontrar su lugar en el planeta.

Es ahí, en la empatía con los otros seres, donde podemos descubrir nuestro verdadero propósito. Por eso, hoy más que nunca debemos intentar recuperar este enlace y permitirnos sentirnos presentes tanto psicológica como físicamente con los animales. ¿A qué amigos elegirías tú? 

Sigue leyendo: ¿Por qué las personas somos más empáticas con los animales que con otros humanos?