¿Sabías que las pruebas de IQ ocultan una ciencia racista?

Si confías tu intelecto a estas pruebas, querrás saber qué las sustenta.

La inteligencia como capacidad humana es algo que durante siglos se ha querido explicar. Existen centenas –si no miles– de definiciones de lo que es. Pero quizá deberíamos empezar por hablar en plural, sobre las inteligencias, pues de esa forma estaríamos ahorrándonos un problema fundamental que pesa sobre los intentos de definir “la inteligencia”: el verla como algo absoluto y universal, y no como un proceso infinito, interrelacionado con cientos de otros procesos que conforman la vida humana en toda su exquisita diversidad.

Pero muy al contrario, en la actualidad persiste una idea vaga y contradictoria de la inteligencia: por un lado es relativa, contingente e incierta. Pero por otro puede ser medida, ya sea individual o colectivamente, a través de pruebas de IQ (o coeficiente intelectual). De esta forma es posible categorizar la inteligencia pese a su relatividad, ordenándola en “tipos” de intelecto según los resultados que en la prueba tenga un individuo o un grupo de individuos.

Así se define la inteligencia y, con ello, a los seres de los cuáles ésta emana. O, dicho de otra forma: así se clasifica a los seres humanos, etiquetándolos de discapacitados, tontos o genios, según dicte una prueba estandarizada que no toma en cuenta el factor humano.

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Los monstruos de la inteligencia

El sueño de la razón produce monstruos, expresó el pintor Goya en una época donde dominaba la idea de que la razón sacaría a la humanidad de la oscuridad. En la actualidad ya no es el sueño de la razón, sino el de la inteligencia el que produce monstruos. Más aún, es el sueño de tener el IQ más alto: una idea que se ha instalado en la cultura colectiva, pero que ha engendrado monstruos racistas y provocado la exclusión de enormes sectores de la sociedad.

Ha sido a partir de pruebas masivas de IQ que muchos investigadores han buscando explicar una supuesta “decadencia intelectual” generalizada. Esto presupone que la inteligencia colectiva puede venir a menos, pero, ¿a causa de qué?

Según la ciencia racista que sustenta las pruebas de IQ, la “decadencia intelectual” es provocada por la población negra, latina e incluso por las mujeres.

De acuerdo con esta perspectiva, las pruebas de IQ han demostrado que la inteligencia es una aptitud mejor desarrollada en los blancos gracias a sus genes. La “decadencia intelectual” de una nación se debe, por ello, al mestizaje.

Inteligencia: un privilegio genético

Lo que podríamos llamar la “base filosófica” de las pruebas de IQ es la eugenesia: una filosofía que cree en la existencia de genes superiores que deben ser manipulados y seleccionados para diferenciarlos de los genes “inferiores”. Es, ni más ni menos, la misma filosofía que justificó la superioridad aria del nazismo y el fascismo, y en la cual muchos creen todavía –por ejemplo, los votantes blancos de Donald Trump en Estados Unidos.

Para un ejemplo práctico y contemporáneo, véase el minuto 2:55 de la siguiente entrevista:

En un principio, remontándonos a la década de los años 70, las pruebas de IQ eran usadas para saber si un niño de cierta edad cronológica presentaba problemas cognitivos que pudiesen apuntar a un retraso mental; es decir, para saber si el desarrollo de su inteligencia estaba “atrasado” respecto a su edad cronológica, lo que demostraría un desfase anormal en su desarrollo.

Tales pruebas, en ese entonces menos deterministas, dieron pie a lo que se convertiría después en la base científica del racismo –muy a pesar de Alfred Binet, el primero en diseñar tests de inteligencia–. Los bajos desempeños escolares se debían, según esta perspectiva, a la inferioridad genética de la población negra de Estados Unidos, lo que también se concluía a partir de que los latinos y los pobres tenían también bajos puntajes en la prueba.

Esto convirtió la situación en una emergencia: la “inferioridad” se estaba mezclando genéticamente con la “superioridad” de la población blanca, lo que podía conducir a la declinación de la inteligencia nacional.

Fue a partir de las retrógradas ideas de la eugenesia y las pruebas de IQ que se planteó la esterilización de algunos sectores que presentasen un desempeño intelectual por debajo de la media.

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Uriel Valentin

Así ha sido como la ciencia –o deberíamos decir, el reduccionismo biológico– ha privilegiado las diferencias genéticas por sobre las diferencias sociales. Pero sus planteamientos, en teoría, no deberían tener manera de sustentarse científicamente, pues el desarrollo de la genética en el siglo XXI –con el avance de las ciencias neuronales– ha sacudido las bases sobre las que se podía mantener la creencia de una inteligencia étnica diferenciada.

Como la actual neurobiología advierte, no existen “genes fundamentales” que determinen la creación del organismo –y con ello, las capacidades de cada raza– sino que existe una multiplicidad de eventos genéticos que nos hacen lo que somos. Además, no sólo somos el resultado de una compleja interrelación genética sino, a la par, lo somos también de los factores socioculturales que moldean nuestro desarrollo.

Por eso, para el biólogo Jean Piaget la inteligencia era definida como una adaptación permanente entre el individuo y su ámbito cultural, y no sólo un producto determinado por los genes.

Las pruebas de IQ, al no tomar en cuenta otros procesos mentales como la atención, la excitación, la percepción o la intuición (todas parte de la adaptación de la que habla Piaget), no hacen sino arrojar resultados inverosímiles y reduccionistas. De esta forma, pueden ser manipuladas ideológicamente con el fin de excluir no sólo a negros, latinos o mujeres, sino a toda persona que tenga una sensibilidad diferente o que se desarrolle mejor en planos creativos que aritméticos.

Así que cuando hacemos una prueba de IQ y depositamos nuestra confianza en sus resultados no sólo estamos siendo inconscientemente racistas, sino profundamente ingenuos. Si somos latinos, mujeres o cualquier sector sensible a la discriminación, nuestro resultado sólo puede ser uno: somos tontos funcionales para un sistema en donde la inteligencia es una cosa medible por estándares impuestos; un privilegio genético, y no un complejo proceso en desarrollo permanente, perteneciente a todo el género humano.

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Detalle de El sueño de la razón produce monstruos

Si algo demuestra la ciencia detrás de las pruebas de IQ –y su filosofía, la eugenesia– es que el sueño de la inteligencia produce monstruos racistas. Éstos pueblan la realidad y la convierten en una pesadilla donde impera la exclusión social y la estupidez de quienes creen ostentar la inteligencia.

Pero, ante ello, habrá siempre quienes pensemos que la inteligencia es un potencial humano y que, por lo tanto, todos somos potencialmente intelectuales. Un sueño que no produce monstruos ni exclusión, sino emancipación.

* Referencias: Rose, S., Racismo científico e ideología: el fraude del IQ, desde Galton hasta Jensen



Medita en movimiento haciendo manualidades o artesanías

Tejer, bordar, modelar, son solo algunas de las actividades que verdaderamente conectan mente y cuerpo.

Las manualidades son algo que hacemos desde muy pequeños, cuando nos dan libros para colorear y tijeras sin filo para recortar. Pero eso que empieza siendo una inocente recreación para estimular la psique infantil es algo que deberíamos seguir practicando toda la vida.

Para muchos, sin embargo, puede que las manualidades no sean sino una actividad para niños, o incluso –y no sin un toque de machismo encubierto– “cosas de mujeres”.

No obstante, los mundos de las manualidades, y más detallado aún, las artesanías, están ahí para quien quiere verles y conocerles. Y no sólo se pueden hacer infinidad de objetos útiles y personalizados, sino que podemos mejorar repentinamente nuestra salud.

Haciendo manualidades o artesanías obtenemos un estado psíquico único, llamado flujo.

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(Foto: el observador)

En psicología se conoce como flujo a un momento inmersivo, donde la mente logra concentrarse 100% en la actividad que se ejecuta. Tal concepto fue acuñado por el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi en 1975, y  desde entonces se le ha prestado atención a las actividades donde se presentan experiencias de flujo, estudiándose a profundidad sus beneficios.

Manualidades como tejer, bordar, el modelado, el origami o la confección son algunas de las actividades que nos permiten experimentar el estado psíquico y físico del flujo.

Por ser una manera de experimentar el flujo y, por ende, de conectar cuerpo y mente, las manualidades constituyen una forma de meditación en movimiento. La clave en este tipo de meditación no es borrar todo pensamiento, sino encontrar equilibrio y paz mental a través de la actividad corporal.

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El caso del tejido ejemplifica perfectamente esta intensa conexión mente-cuerpo y los estados a los que se puede llegar practicando manualidades.

Por eso es que tejer es una de las manualidades cuyos beneficios para la salud mental ha despertado más interés en la comunidad científica. Investigaciones recientes destacan que, para quienes tejen, el alivio a la ansiedad y el estrés se halla en poder hacer una actividad que los desconecta de los asuntos personales.

Beneficios adicionales

  • Relajación rápida y prolongada
  • Felicidad –se libera dopamina y serotonina
  • Sentido de logro
  • Mayor confianza y autoestima
  • Mejoramiento de habilidades cognitivas
  • Mejoramiento de habilidades manuales

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Además de estos beneficios –comprobados en decenas de investigaciones–, también se ha demostrado, científica y empíricamente, que hacer manualidades ayuda a disminuir síntomas de estrés postraumático, e incluso trastornos tan complejos como la anorexia.

La confección, por ejemplo, ha ayudado a tratar la fatiga crónica, al ser una actividad más diversificada que otras, mientras que los colores usados en el quilting –que es además una de las manualidades menos conocidas y más hermosas–, tienen un impacto emocional sumamente positivo.

Si quieres meditar en movimiento, ¡suma las manualidades a tu rutina! Y si eres hombre, aprovecha para romper estereotipos y ejercitar tus capacidades de autotransformación atreviéndote a hacer manualidades –como los hombres tejedores de Chile.

Pon manos a la obra. Conecta mente y cuerpo.

*Imagen de portada: Wassermoth, edición Ecoosfera



¿Involución? Confirman que el IQ promedio de la humanidad está decayendo

El estilo de vida y los videojuegos pueden ser la causa por la que las personas nacidas después de 1975 tienen cada vez menos coeficiente intelectual.

Mientras que el coeficiente intelectual creció casi 3 puntos cada década en las personas que nacieron entre 1962 y 1975, los que nacieron a partir de 1975 tienen un coeficiente que se ha reducido en un promedio de 7 puntos por generación.

Un equipo de científicos del Centro Ragnar Frisch en Noruega publicó los resultados de un estudio en el que se descubrió que aunque los cocientes de inteligencia poblacional aumentaron a lo largo del siglo XX, en los últimos años ha ocurrido una desaceleración de esta tendencia en varios países.

Las posibles explicaciones para esto van desde los problemas ambientales y la dieta, hasta la falta de ejercicio y el fenómeno de observar pantallas de manera excesiva.

Pero la explicación que parece más genuina es esta: las pruebas de coeficiente de inteligencia están diseñadas para confiar más en la memorización, mientras que las escuelas e incluso los dispositivos electrónicos utilizados por los estudiantes dependen de la capacidad de encontrar cosas a través de Google y otros medios, lo que puede indicar que no hay cambio real en la inteligencia sino, más bien, en cómo los jóvenes aprenden actualmente.

Hay una distinción entre inteligencia fluida y cristalizada. La inteligencia cristalizada es algo en lo que te han enseñado y entrenado, y la inteligencia fluida es tu habilidad para ver nuevos patrones y usar la lógica para resolver problemas novedosos.

En este sentido, se podría considerar la disminución del índice tiene que ver con la forma en que los niños son educados hoy en día y con las cosas en las que invierten su tiempo (lo que juegan, lo que leen, el tiempo de permanencia en Internet, la alimentación).

coeficiente intelectual disiminuye humanos

Ole Rogeburg, coautor del estudio, ha asegurado en una entrevista en la revista TIME que el cambio se debe a factores ambientales y no a la genética:

Tiene que ver con el medioambiente, porque estamos viendo las mismas diferencias dentro de las familias.

El fenómeno Flynn

De los resultados de este estudio se podría deducir que está ocurriendo una reversión del conocido efecto Flynn, que describió la mejora del coeficiente intelectual de las personas en el siglo XX.

El efecto Flynn, llamado así por el trabajo del investigador de inteligencia James R. Flynn, identificó un rápido aumento en el cociente de inteligencia a una tasa de aproximadamente 3 puntos de CI por década.

¿Será que los seres humanos nos estamos volviendo más estúpidos?