Prometo no enamorarme: cine para los que se enamoran al instante

Esta película te hará pensar (y escuchar) el amor de otra manera.

El amor es la motivación que nos lleva a conocer la belleza; pero no sólo la belleza visual, sino también la sonora. El amor es contemplar el paisaje sonoro cotidiano presente en los martilleos de un zapatero, en la licuadora que suena desde la cocina, o incluso en los ronquidos del otro al dormir a su lado. Pero ese afecto, ávido de belleza, puede incluso llevar a romper una promesa, como sucede en la película Prometo no enamorarme del director mexicano Alejandro Sugich.

Esta película nos hace abrir los ojos –pero sobre todo los oídos– a una peculiar forma de expresar el amor. En Prometo no enamorarme, el lenguaje principal del amor está en las ondas sonoras y todo lo que éstas producen en nosotros. Son lo que reúne alrededor de una fuente en la Ciudad de México a dos perfectos desconocidos, amantes de la música al punto de que ésta trastoca sus vidas de peculiares maneras. Ella, Julieta, es una chica española que toca el chelo; él, Iván, es un DJ mexicano coleccionista de sonidos.

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Julieta tiene una relación con un músico de fama mundial que, paradójicamente, no sabe escuchar. Iván, en cambio, tiene una carrera en ascenso. Pero decide quedarse a ayudarle a aquella española desconocida a salir de esa desafinación en la que se encuentra. Y aunque entre broma y broma él le promete a Julieta no enamorarse, eso sucede irremediablemente en menos de 24 horas.

Prometo no enamorarme no es una película cliché. Es, en realidad, un retrato perfecto para entender la profundidad del amor platónico y a las personas que, como Iván, idealizan lo que ven –o lo que escuchan– y saben percibir con los sentidos la esencia de lo realmente bello. La originalidad de Prometo no enamorarme reside, entre otras cosas, en el tratamiento sonoro que se le da a este amor platónico trascendente.

Contrario a lo que se piensa, el amor platónico no es el enamoramiento de lo inalcanzable –por ejemplo, de quien nos ha rechazado– sino el enamoramiento de la esencia. Ésta es también inalcanzable, o podría decirse intocable, pero nos permite ponernos en movimiento y sintonía con el otro. Iván lo sabe, y eso le permite en Prometo no enamorarme experimentar el amor como una afirmación, más allá de lo que el futuro depare. Es por eso que rompe su promesa; pero a cambio de ello, logra pegar el corazón despedazado de Julieta.

Curiosamente quizá sea Luis, el amigo de Iván adicto al jarabe para la tos, quien entiende esto de la más simple pero precisa manera:

Si nunca compras un boleto, nunca vas a ganar la lotería.

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Y resulta que Luis tenía razón, pero quizá no como se lo imaginaba. Porque el amor no es necesariamente poseer al otro, ni la vida es grabar todo lo que escuchamos para poder repetirlo cuantas veces queramos. La vida es, en realidad, algo que hay que grabar un poco menos y vivir un poco más.

Esas son las preciosas lecciones de esta película mexicana, producida por Fábrica de Cine y Palomino Films, que se estrenará en las salas Cinépolis este 8 de junio. Una buena oportunidad para escuchar el paisaje sonoro del amor platónico más sincero.



Animales que cambian de género (sobre la naturaleza performativa del género)

La sexualidad en muchos animales es más diversa que la nuestra… ¿qué significa esto para las identidades que asumimos?

¿Qué significa que el género sea performativo? Significa que asumimos un rol, y que actuamos de acuerdo a él. Tal cosa vuelve crucial para lo que somos en un momento dado, y significa que una serie de efectos se desprenderán de aquello que la normatividad social y las reglas impuestas obligan a cada uno a ser.

Pero al ser precisamente performativo, el género puede deshacerse para transformarse. Esa es quizá la conclusión más importante de Judith Butler, una de las pensadoras feministas más importantes de hoy, quien ha dado un nuevo giro a la postulación universal de Simone de Beauvoir: no se nace mujer, se llega a serlo.

Según Butler:

Nadie “es” un género desde el principio: sé que es polémico, pero tal es mi postura.

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Es decir que el ser mujer u hombre no es un rasgo “natural”, en el sentido que asumen dichos roles en la sociedad humana. Para Butler, el género es más bien un resultado del devenir cultural y, como tal, forma parte de ciertas regulaciones y normativas que rigen a la sociedad. Por ejemplo, que sólo se puede ser mujer u hombre, y que la orientación sexual debe ser siempre de un género al otro.

Curiosamente, muchos de quienes luchan por conservar el status quo del género, así como las normas imperantes respecto a los cuerpos y a la sexualidad, justifican sus posturas a partir de lo que sucede en la naturaleza. Esto es, que existen géneros porque nacemos con ciertos órganos, y que cumplimos ciertos roles porque así funciona la naturaleza en su más primigenio sentido: el de permitir a la vida surgir.

No obstante, la naturaleza tiene muchos ejemplos contrarios 
a los rígidos roles sexuales humanos.

Es el caso de los animales que son capaces de cambiar de sexo, como el pez payaso, o de procrear sin machos, como las serpientes. También están los que pueden adoptar características del sexo contrario, como los cardinales. E incluso hay especies cuyo macho es el que da a luz, como en el caso del hipocampo, y hay registro fotográfico de que para los leones macho la homosexualidad no es un problema.

Anguila listón azul

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Esta especie de anguila nace macho, y se transforma paulatinamente en hembra.

Pez payaso

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Este pez es un hermafrodita selectivo, que puede cambiar de género cuando lo cree necesario.

Cardinal

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Este cardinal adoptó características de ambos géneros.

Por supuesto que, en la naturaleza, debemos hablar más de sexos que de géneros. Pero haciendo un arriesgado ejercicio de imaginación, pensemos por un momento en la posibilidad de que los humanos pudieramos, naturalmente, cambiar de sexo como estos animales: ¿qué tipo de normas regirían entonces a los cuerpos y a los géneros?

Sin duda serían distintas, pues la permormatividad de la que habla Butler sería parte también de la sexualidad. Por tanto, se admitiría también una performatividad en el género.

Ranas

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Las ranas son un caso interesante: algunas cambian de género espontáneamente, pero los científicos creen que se debe a un efecto de los pesticidas sobre su sexualidad.

Mariposas

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Mariposas como esta pueden ser mitad macho mitad hembra, como lo demuestran sus colores. En este caso se trata de un error genético.
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Algunas especies de serpiente hembra pueden fertilizar sus propios huevos, lo que significa que no necesitan de los machos.

Así, saber que tantos animales son capaces de cambiar o adoptar características del sexo contrario es una fuente de inspiración para repensar nuestros paradigmas, nuestras normas y, en fin: todo el status quo alrededor de los cuerpos, la sexualidad y los roles de género.

Y es que, pese a todos los esfuerzos de Judith Butler y otras pensadoras y activistas, lo cierto es que los estereotipos y los prejuicios nos siguen constriñendo. Aún no hemos logrado subvertir la identidad, lo que sin duda debe suceder en un futuro si queremos evolucionar como especie.



Qué tan apasionado eres del fútbol en la escala de ‘Tuya, mía… te la apuesto’ (TEST)

‘Tuya, Mía… Te la apuesto’ es una película para entender hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar cuando se nos sube la pasión.

Se dice que la intensidad generada cuando ves jugar a tu equipo de fútbol puede llegarse a desbordar a niveles insólitos. Hay quienes sudan en exceso, lloran, o sus pupilas se dilatan. Estas reacciones tienen que ver con la cantidad de dopamina que está liberando tu cerebro viendo a tu equipo de fútbol jugársela por la cancha, por ti y por todos sus aficionados. 

Sin duda los mexicanos somos muy intensos cuando se trata de defender lo nuestro, y en el caso del fútbol, los límites son una abstracción inconcebible. 

Tuya, mía… te la apuesto es una película para entender precisamente hasta dónde estás dispuesto a llegar cuando se te sube la pasión futbolera. Con ironía, fanatismo y altas cargas de humor negro, el filme nos relata la historia de Mariano Cárdenas, un aficionado que se juega la vida entera por la Selección Mexicana. Los resultados de esto son por demás inesperados, pues unas buenas dosis de confianza, fe y constancia construyen el destino de este aficionado, quien se considera el talismán de su equipo.

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La carga de pasión y adrenalina catártica es tanta en la vida del protagonista que decidimos utilizarlo como referencia para traerte esta dinámica encuesta y averiguar si tú, al igual que Mariano, estarías dispuesto a todo por tu equipo de fútbol.

¿Listo?

 

 

Si tu resultado fue que, en efecto, eres un aficionado en potencia, te aseguramos que Tuya, mía… te la apuesto es una película para ti, es decir, para los que se la juegan por lo que creen y la felicidad, más allá de buscarla, la llevan dentro. 

Y ahora que sabes qué tanto estás dispuesto a construir o destruir por el fútbol…: