Es oficial: Jalisco se une a la guerra contra el plástico y prohíbe estos productos

En favor de la sustentabilidad, Jalisco prohíbe estos productos de uso cotidiano que contaminan terriblemente.

En Jalisco, un grupo de estudiantes del Centro Universitario de los Altos creó un sustituto de plástico hecho a base de nopal en 2015. Ahora, con la prohibición de algunos plásticos que entró en vigor en este estado el 1o de enero, Jalisco se convierte en uno de los estados que habrá que seguir de cerca en materia de sustentabilidad y medioambiente.

Además de los popotes –contra los que se ha hecho una auténtica cruzada mundial–, los plásticos prohibidos en Jalisco para venta y uso son:

  • Bolsas de plástico
  • Botellas de plástico
  • Platos y vasos de unicel
  • Empaques de botanas y bollería

 

En las costas de Jalisco: olas de plástico

prohiben-plastico-jalisco-mexico-prohibicion-bolsas-popotes

La iniciativa se produjo a partir de las investigaciones dirigidas por algunos especialistas en algunas costas de Jalisco, que a la fecha están inundadas de basura plástica. Según corroboró la Universidad de Guadalajara (UdeG), tan sólo en dos limpiezas realizadas por académicos y estudiantes del Centro Universitario de la Costa Sur (CUCSur), en conjunto con la asociación civil Vive Planeta Azul, se recolectaron 300 kilos de residuos. Y esto sólo en 5 kilómetros de costa.

Francisco de Asís Silva Bátiz, investigador del CUCSur, recordó en el comunicado de la UdeG por qué esto debe preocuparnos, individual y colectivamente. Y es que los microplásticos forman parte de esta contaminación omnisciente: incluso están en el agua que bebemos de botellas de plástico. Y no sólo los ingerimos por esa vía, sino a través de las especies marinas que se consumen como alimento.

Por eso festejamos esta iniciativa, que se suma a la de otros estados, como Veracruz, Sonora y Querétaro, pero sobre todo a las pioneras comunidades indígenas que se han rebelado contra el plástico y la contaminación.



Podríamos tener un sexto sentido magnético (nuestro cuerpo como una especie de brújula)

Ya existe la primera prueba neurocientífica de que podemos sentir los campos magnéticos.

Mucho antes de que se inventaran las brújulas, es probable que los primeros humanos se orientaran a partir de una especie de sexto sentido magnético. Por lo menos a eso apuntan algunas investigaciones; la más reciente de ellas con evidencia neurocientífica. Más aún: es probable que aún tengamos vestigios de un sentido que antes quizá estuvo más desarrollado, como también lo estuvieron otros primigenios sentidos ligados a la intuición que aún poseemos. 

humanos-sentir-campos-magneticos-magnetorrecepcion-neurociencia

Podría sonar a ciencia ficción, pero este poder podría no ser sino parte de nuestra evolución como seres vivos. Ello no nos haría únicos: más de 50 animales, desde abejas hasta perros, tienen este “súper poder” llamado magnetorrecepción. De hecho, las aves no sólo tienen esta capacidad alojada en el cuerpo, sino en sus ojos, ya que, al parecer, una proteína en su retina les permite detectar campos magnéticos con la mirada.

¿Por qué y cómo nosotros tendríamos este poder?

El primer experimento que se realizó para saber si los seres humanos también somos una brújula andante lo hizo el geofísico Joe Kirschvink. Éste hizo pasar campos magnéticos rotativos a través de algunos voluntarios mientras medía su actividad cerebral. Para sorpresa de Kirschvink, cuando el campo magnético giraba en sentido contrario a las agujas del reloj, ciertas neuronas actuaban de manera irregular, generando un aumento en la actividad eléctrica del cerebro.

No obstante, aún no se sabía si esta actividad era nada más que una reacción. Para que nuestro cuerpo fuese una brújula, tendría que procesarse cierta información que sirviera para la navegación, aunque fuese de manera intuitiva. Además necesitaríamos de células que funcionaran como magnetorreceptores, como en el caso de la proteína Cry4 que se aloja en la retina de las aves.

La cuestión es, ¿tenemos magnetorreceptores?

Las hipótesis de Kirschvink han sido lo suficientemente sólidas como para atribuírseles un campo de estudio propio. Y es que, de encontrarse que tenemos un sentido magnético, podríamos saber más sobre cómo la superficie de la Tierra influenció nuestra evolución. Asimismo, podríamos hacer más y mejores hipótesis sobre las condiciones geológicas de hace millones de años.

humanos-sentir-campos-magneticos-magnetorrecepcion-neurociencia
Muestra 3D de la cámara de pruebas de magnetorrecepción el Caltech

Por eso, Kirschvink formó un grupo de investigación conformado por él mismo, así como un neurocientífico y un neuroingeniero. Este equipo colocó a más de 30 voluntario al interior de una cámara especial en la cual pueden manipular los campos magnéticos a voluntad. Ahí llevaron a cabo diversas pruebas para registrar la actividad del cerebro a través de electroenefalografía. Los investigadores encontraron que los campos magnéticos en cierto ángulo promovían una respuesta fuerte en el mismo ángulo del cerebro, lo que sugiere un mecanismo biológico estimulable, según escribió el propio Kirschvink para The Conversation.

Esto es ni más ni menos que la primera evidencia neurocientífica de que tenemos un sentido magnético. Si éste no se encuentra alojado en una zona en específico, sino que varía según las condiciones, quiere decir que tiene una función, y que de alguna forma debe traducirse en información orgánica útil para la navegación. 

Quizá este sexto sentido magnético fue más fuerte en el pasado, pero quizá lo podamos estimular e incluso evolucionar. Las preguntas –y las posibilidades– siguen abiertas.

 

*Imágenes: 1 y 2) Public Domain Review