Los animales silvestres se enfrentan a la amenaza más grande del mundo; el humano. Parece que sin importar el rango, la posición social o el título, la falsa idea de la supremacía humana permea entre la sociedad. La caza furtiva es la máxima expresión de esta ideología y se da incluso entre aquellos de más alto rango. El príncipe Emanuel von und zu Liechtenstein salió de caza para acabar con la vida del oso más grande de Europa.

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Emanuel von und zu Liechtenstein. Créditos: Christian Walgram/Imago

La caza se dio en Rumanía, un país donde esta práctica está prohibida desde 2016, sin embargo, las lagunas legislativas le dieron un motivo al príncipe del pequeño país para cometer el acto. Según los informes, Emanuel deambuló por cuatro días el Condado de Covasna de Rumanía en busca de un trofeo. Y pese a las advertencias de encontrarse en una zona natural protegida, el príncipe acabó con la vida de un oso pardo de 17 años de edad.

Confusión ante el caso

Arthur, como le nombraron sus observadores estudiosos de la zona protegida, no tenía contacto con humanos. Se le conocía por ser uno de los osos más grandes de toda la región y se le monitoreó por nueve largos años. La organización no gubernamental y sin fines de lucro encargada de su observación, Agent Green, declaró que el animal vivía “en lo más profundo de la naturaleza”.

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En total el príncipe de Liechtenstein pagó 7 mil euros por poder cazar en la reserva. Y tan pronto como se supo del asesinato, comenzaron las investigaciones del caso debido a que en el lugar está prohibida la caza furtiva. No obstante, Octavian Barceanu, un alto funcionario del Ministerio de Medio Ambiente de Rumanía, declaró que hacen falta documentos especiales requeridos luego de la muerte del oso.

“La agencia ambiental local debería informar a la Guardia Ambiental después del tiroteo, pero eso no sucedió”, exclamó Barceanu.

La excusa insostenible

La caza está prohibida en Rumanía desde el año 2016, no obstante, existe un vacío legal en cuanto a los osos ‘problemáticos’ respecta. Según la ley, el estado debe reubicar a los osos que dañan los campos agrícolas o a los animales domésticos, antes de decidir acabar con sus vidas. Pero, es posible dispararles como último recurso.

Recientemente se había visto a una osa deambular en las cercanías del pueblo Ojdula. Los lugareños expresaron su preocupación por el hecho, no obstante, hasta la fecha en que el príncipe arribó al lugar, no se habían presentado alertas de amenaza por la hembra. Por el contrario, parecía subir a la montaña para llevarle comida a sus oseznos.

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Arthur de 17 años de edad en la reserva. Créditos: Agent Green

El príncipe utilizó esta situación como pretexto para justificar la caza diciendo que su intención era solucionar el asunto intentando cazar a la hembra que deambulaba la localidad y no matar al oso más grande de Europa. Por el contrario, Gabriel Paun, presidente de Agent Green opina que su excusa es insostenible.

“Siempre se trató de disparar al oso más grande y no de resolver el problema de la comunidad. Me pregunto cómo confundió el príncipe al macho más grande que vivía en las profundidades de la naturaleza, con la hembra mucho más pequeña al lado de la aldea”, dijo a AP.

Aunado a esto, se sabe que entre los cazadores deportivos la cabeza de Arthur estaba tasada en 20 mil euros por tratarse de uno de los machos más grandes. Lamentablemente por tratarse del príncipe de Liechtenstein parece no haber represalias por la muerte del oso más grande de Europa. Los medios europeos poco se han pronunciado al respecto e incluso la Ministra del Medio Ambiente mostró reservas ante el caso. 

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