La pornografía se define como un tipo de productos culturales creados con el fín de despertar una respuesta sexual en sus consumidores. Sin moralizar ni demonizar a los usuarios, una serie de estudios neurológicos han demostrado los efectos no deseables del consumo de pornografía online. Desde hace tiempo sabemos que el cerebro procesa la pornografía como si fuera una adicción a drogas duras. Sin embargo, la investigadora Rachel Anne Barr ha descubierto que la adicción a la pornografía también agudiza los problemas de depresión, disfunción eréctil, control de impulsos y procesamiento de la memoria.

En otras palabras, el consumo de pornografía parece reconfigurar nuestros cerebros de una forma nada deseable, devolviéndolos a un estadio de desarrollo neuronal similar al de los niños. Y ni siquiera hablaremos a fondo sobre los efectos sociales del consumo de pornografía en Internet.

 

La adicción al porno es cerebral

La respuesta sexual humana libera una descarga de dopamina en el cerebro. La evolución recompensa nuestro organismo con la sensación placentera de este neurotransmisor, que está presente también en la sensación de recompensa que sentimos con otras actividades. De este modo, cuando nos alimentamos o deseamos sexo, nuestro cerebro nos da una dosis de dopamina como recompensa anticipada.

Cuando los adictos a la pornografía sienten deseo sexual, en lugar de buscar a una pareja recurren a su sitio web de confianza. A largo plazo, el cerebro de la persona se reprograma para buscar porno en lugar de contacto sexual con una persona. El cerebro recompensa esta búsqueda con mayores niveles de dopamina, y así sucesivamente. La mayor plataforma de pornografía online, PornHub, ha reconocido que el interés en los tipos más “suaves” de porno ha disminuido con el tiempo.

 

El porno, ¿un virus informático que afecta el cerebro?

La pornografía se procesa en el cerebro como una droga dura porque los adictos necesitan cada vez mayores niveles de estimulación para recibir la secreción de dopamina deseada. Esto es dañino de tres maneras: 1) porque afecta el sistema de recompensa dopamínica; 2) porque disminuye la sensibilidad de la respuesta sexual con compañeros humanos, y 3) porque el usuario necesita estímulos pornográficos cada vez más potentes, lo que lo lleva a buscar porno más fuerte. 

Un interesante estudio demostró que entre los actores de películas para adultos, los más jóvenes tienen los mayores problemas de erección y de uso de medicamentos para producir y mantener una erección en cámara. Esta misma disfunción se presenta en usuarios frecuentes y de largo plazo de pornografía. Una causa probable puede ser que los cambios en la transmisión de dopamina estén agudizando problemas de depresión y ansiedad, lo que resulta en una menor respuesta libidinal al estar con una pareja sexual.

De hecho, existen encuestas que correlacionan el consumo de pornografía con la presencia de síntomas depresivos, menor calidad de vida y precaria salud mental. 

La compulsión de consumir pornografía puede explicarse, a su vez, por la erosión de la corteza prefrontal. Esta zona del cerebro está relacionada con funciones como el control de impulsos y la fuerza de voluntad. Los investigadores subrayan que esta zona se desarrolla poco a poco con la edad, lo que explica por qué los niños no controlan tan bien las funciones antes descritas. 

 

Regresión a estados infantiles de desarrollo neuronal

El problema de la adicción a la pornografía, desde una perspectiva neurológica, es que hace que el cerebro de los usuarios (hombres adultos, se entiende) se comporte como el de un niño incapaz de controlar sus impulsos. Por otro lado, esta falta de control de impulsos tiene otro componente: las neuronas espejo.

Estas neuronas son famosas porque le hacen creer al cerebro que percibir sensorialmente algo es lo mismo que experimentarlo. Investigadores como Marco Iacobini creen que:

el mecanismo de imitación del cerebro también sugiere que somos influidos automáticamente por lo que percibimos, por lo que se propone un mecanismo neurológico viable para el contagio del comportamiento violento.

La pornografía es un tema complejo, pero los estudios sugieren que, al menos desde una perspectiva neurológica, su uso a largo plazo puede llevar a afecciones que no se justifican por la efímera descarga de algunos neurotransmisores.