¿Sientes que el tiempo pasa más rápido a medida que envejeces? Este estudio te explica por qué

La percepción del paso del tiempo cambia según la novedad y variedad de las experiencias a lo largo de la vida.

¿Has tenido la sensación de que el tiempo pasa más rápido cuando te diviertes y más lento cuando estás haciendo algo que no disfrutas? A medida que crecemos, nuestra percepción del tiempo también se modifica –se acelera o se detiene–, lo que tiene interesantes implicaciones en la forma en la que nos contamos la propia vida.

Las vacaciones de nuestra infancia eran una lenta sucesión de eventos grabados en nuestra memoria emocional como de muy larga duración; sin embargo, a medida que crecemos y el ritmo de la vida adulta nos absorbe, los veranos pasan más rápido, las vacaciones son un parpadeo en la memoria y el tiempo en general parece transcurrir más rápido.

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Según una investigación de la universidad de Kansas, esta sensación incrementada del paso del tiempo en la adultez podría tener una causa científica.

La hipótesis es que cuando somos pequeños y experimentamos las cosas por primera vez, nuestra experiencia es mucho más vívida porque no tenemos una referencia previa al respecto. Eventos como el primer beso o el primer día de clases en una escuela nueva se graban en nuestra memoria con gran precisión porque son hechos inéditos en nuestra vida.

Pero a medida que crecemos y tenemos más experiencia (besamos a más personas, asistimos a más escuelas, etc.), nuestra memoria “comprime” las experiencias semejantes en grandes trozos, lo cual les resta novedad, al menos para la percepción. Esto da como resultado que el tiempo se “acelere” en la vida adulta, la cual experimentamos más y más como una repetición de hechos similares.

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Nuestra percepción del tiempo depende de la percepción de novedad de los eventos

Para probar esta hipótesis, los investigadores le pidieron a 107 voluntarios que compararan eventos del año anterior con sucesos de años pasados. La tendencia a “comprimir” eventos recientes fue mayor que la de comprimir eventos que ocurrieron hace años. Un segundo grupo de 115 voluntarios hizo una prueba similar con hechos del día anterior y eventos del año pasado. Los investigadores descubrieron que comprimir eventos resulta en la sensación de que el tiempo pasa más rápido (aunque, objetivamente, nuestra medida del tiempo no cambie).

De acuerdo con los resultados del estudio, una consecuencia de esta compresión de los sucesos es que “percibir la vida como si se deslizara rápidamente es psicológicamente dañino: incómodo, desmotivador, y posiblemente hostil a la idea de que la vida tiene sentido”.

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Esto se traduce en una sensación de nostalgia incrementada por el tiempo pasado, esa sensación de que, como dice el refrán, “todo tiempo pasado fue mejor”.

¿Qué podemos hacer para revertir esta tendencia en nuestra vida diaria? En la investigación se sugiere la práctica del mindfulness, la práctica consciente del aquí y el ahora. Otro tipo de prácticas creativas y espirituales, como el arte o la meditación, también pueden darnos un sentido de conexión con el presente y revertir la tendencia automática de la memoria a agrupar las experiencias en grandes trozos.

¿Qué vas a hacer hoy para aprovechar el instante antes de que escape?

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* Imagen 3) Enrico Ferrarini // Fotografía: Alberto Polo Iañez



Esta isla de Noruega va a eliminar el tiempo

¿Imaginas la radiante libertad de un mundo sin tiempo lineal? En esta isla de Noruega ya es una realidad durante el verano.

Entre el cuento de hadas, la rebeldía ontológica y la física avanzada, recién nos enteramos de que los habitantes de Sommarøy (cuyo nombre significa “isla de verano”), en Noruega, decretaron eliminar el tiempo. Sus poco más de 300 habitantes acordaron en una asamblea abolir el tiempo y reemplazar los relojes por hilados de flores.

Ubicada cerca del círculo polar, en Sommarøy no se pone el sol durante más de 2 meses (del 18 de mayo al 26 de julio). Proporcionalmente, pero en sentido inverso, durante el período invernal y parte del otoño, las noches son eternas. Por eso, en la temporada veraniega todos quieren aprovechar al máximo sus días, y el reloj se vuelve completamente ajeno a la vida cotidiana.

Uno de sus habitantes, Kjell Ove Hveding, compartió en un comunicado: 

Hay luz del día constantemente y actuamos en consecuencia. En medio de la noche, lo que la gente de la ciudad podría llamar ‘2 a. m.’, puedes ver a niños jugando al fútbol, gente pintando sus casas o cortando el césped y adolescentes nadando. 

El acuerdo entre los habitantes ya fue enviado al parlamento noruego para ser oficializado. Pero lo cierto es que esta abolición del tiempo ya ocurre, en la práctica, en la vida diaria de la isla:

Para muchos de nosotros, obtener esto por escrito simplemente significaría formalizar algo que hemos estado practicando durante generaciones.

En caso de confirmarse la autorización, Sommarøy se convertiría en la primera zona del mundo en ser libre de tiempo –lo cual nosotros en Ecoosfera celebramos, porque nos recuerda que el tiempo lineal es, hasta cierto punto, una arbitrariedad cultural–. 



Quienes viven rodeados de bosque usan menos medicinas (y estas son las razones)

Una buena razón para optar por habitar sitios más orgánicos.

La naturaleza es sabiduría en sí misma. Porque puede ser la mejor gurú –y ayudarnos a lidiar con nuestras periódicas crisis existenciales–, mientras que también es la curandera por excelencia, que puede prevenir y curar nuestros males. Es así que con tan sólo tenerla cerca puede potenciar nuestra salud física, mental y emocional.

Aunque gran parte de la sociedad ha olvidado esto, debido quizá a esa brecha que las ciudades han abierto entre nosotros y la naturaleza, lo cierto es que está más que comprobado que podríamos no necesitar mucho más que rodearnos de árboles para mantener la salud.

Incluso podríamos olvidarnos de usar medicinas. 

O por lo menos, reducir nuestra dependencia a ellas…

En una nueva investigación publicada en Science Direct se comprobó que, por lo menos en Estados Unidos, quienes viven cerca o rodeados de bosques usan menos medicinas, lo cual quiere decir que, adicionalmente, ahorran mucho dinero. Tal cosa se deduce de que en los condados con más naturaleza el gobierno gasta menos en seguridad social, incluso aunque en la población de los condados rodeados de bosques exista igual cantidad de personas mayores que en los condados urbanos.

Esto fue comprobado gracias al uso de información sobre gastos de salud local y al cálculo con distintas variables que incluían nivel de ingresos, tipo de población y clasificación de cada condado según su tipo de vegetación.

Aún no sabemos exactamente por qué la naturaleza tiene esta capacidad para curarnos. Pero lo que sí sabemos es que las ciudades se han vuelto entornos muy tóxicos, por lo cual parece que nuestra opción más certera, si queremos una buena salud, es proveer a nuestro organismo de medicina orgánica, tal como ya lo hacen en Japón con los baños de bosque, o en Escocia, donde los doctores pueden recetar a sus pacientes un poco de naturaleza.

Otras pistas podrían estar en la sabiduría más antigua, como el tao, según el cual los árboles tienen una contundente virtud sanadora. Quizá sea una cuestión más de espiritualidad, un ingrediente que sin duda le hace mucha falta a la salud global.

¿Tú qué opinas?

 

* Imagen principal: Shootfactor