Los patrones de la naturaleza están por doquier sin que nos percatemos de ello, la semejanza entre algunas formas se vuelve asombrosa cuando se decide prestar atención. Las hojas de los árboles y los ojos humanos, por ejemplo, tienen la misma forma de vesica piscis y en ambos casos se asocian con la recepción de la luz. Como este ejemplo encontramos muchos otros de formas que se repiten una y otra vez en los lugares donde menos prestamos atención. Y aquí entra también el caso de las nueces que, si se les observa con detenimiento, podemos llegar a la conclusión de que perecen pequeños cerebros. Entonces surge la duda de por qué surgen estas similitudes y al parecer sí hay una explicación.

El cultivo de nueces se remonta a tiempos antiguos. Según los registros históricos, desde el año 2000 a.C, ya aparecen indicios de cultivo de nueces en la antigua Babilonia, territorio que actualmente pertenece a Irak. Desde entonces los humanos hemos estado consumiendo este alimento que contrario a lo que se piensa, no es una semilla, sino un fruto pues contiene semillas. Pero entre todas las especies de nueces, existe una que tiene un patrón muy similar al de nuestros cerebros; la nuez de castilla.

nueces parecen cerebros

Una composición muy similar 

Muchos se han preguntado por qué las nueces de castilla parecen cerebros y la respuesta nos muestra la gran conexión que tenemos con la naturaleza. En primer lugar, las nueces están compuesta en su mayoría por ácidos grasos, principalmente Omega-3, lo que es probable que le dote de su forma característica. Pero hay que decir que el cerebro también tiene una presencia importante de grasa en su composición. Por esto, se cree que existe una gran similitud, pues en ambos casos las grasas conforman el 60% de su estructura.

cerebro dentro de cáscara de nuez

Pero esto no es todo, hay otro factor que influye en la formación de los tejidos tanto del cerebro como en la textura de la nuez y tiene tanto sentido que nos ha sorprendido. Primero hay que decir que para aumentar el área de una superficie plana dentro de un cascarón reducido, la solución es simple, incorporar arrugas para maximizar el área superficial. Por lo tanto otra similitud que encontramos en ambos casos, es que tanto la nuez como el cerebro se encuentran seguros dentro de una estructura ovalada y consistente que presiona contra el interior.

La cáscara y el cráneo dan forma a un tejido que ha encontrado la manera de maximizar su volumen con la incorporación de arrugas, sin tener que expandirse tanto. Además, en los dos casos se hace esto de forma bilateralmente simétrica, aunque todavía no se tiene claro el porqué. En resumen, ambas especies aunque diametralmente distintas, encontraron soluciones similares al mismo problema. Y esa es la razón del porqué las nueces de castilla parecen cerebros.