¿Por qué necesitamos, hoy más que nunca, del silencio?

Jamás una época había sido tan ruidosa como la nuestra. Debemos encontrar silencio pero, ¿a costa de qué? ¿y cómo?

Un espacio en silencio puede ser visto hoy como una utopía. O por lo menos (y aunque muchos añoremos un momento de silenciosa quietud), es tan difícil conseguir un lugar libre de ruido en estos tiempos que pareciera una suerte de lujo.

¿Pero qué tanto nuestra búsqueda de silencio podría convertirse en algo nocivo? Tomando en cuenta que hoy se rompen récords de intensidad de sonido –el más reciente es el de los gritos de la afición durante un partido– y que hasta antes de los aviones ningún sonido producido por la humanidad superaba los 130 decibeles, quizá nuestra búsqueda de silencio tenga sentido. Y más porque se ha comprobado que el silencio ayuda a nuestra creatividad e incluso a regenerar conexiones neuronales.

No obstante, vale la pena pensar qué tanto el ruido podría convertirse en una especie de fobia. Y su cura –el silencio– en una costosa medicina, vendida en forma de cabinas aislantes, audífonos, tapones, apps y todo tipo de tecnología creada por una creciente “industria del silencio”. Incluso podría ocurrir que el silencio se volviera un recurso político para ganarse electores: seguro habría quien votaría por quien ofreciera hacer del silencio un derecho humano. El punto es que todo esto raya en lo paradójico: a veces buscamos librarnos del ruido con… más ruido; por ejemplo, cuando escuchamos música. Entonces…

 

¿El problema es el ruido exterior… o el interior?

por que necesitamos silencio-cerebro beneficios-salud

Lo que es incuestionable es que las cacofonías de la actualidad parecieran no dejarnos muchas opciones más que intentar huir de ellas a toda costa. El ruido de nuestros ecosistemas urbanos y su portentosa intensidad se entromete de forma tan directa con nuestros pensamientos más íntimos que nos impide casi por completo entrar en contacto con nosotros mismos (ello reprime a nuestra “orquesta interna”, como definiera Fernando Pessoa a los pensamientos).

Visto así, no extraña que tantos hombres de genio expresaran desagrado por las consecuencias del ruido en sus cerebros. Arthur Schopenhauer escribió que:

El ruido es una tortura para los intelectuales, y la más impertinente de las perturbaciones.

por que necesitamos silencio-cerebro beneficios-salud

Esto es real. Y más aún: llega al grado de ser nocivo para nuestro organismo. Según la OMS, el ruido es la segunda amenaza ambiental para la salud. Esto se apareja, además, con una curiosa casualidad lingüística: la palabra inglesa para ruido, noise, viene del latín naussea.

Pero quizá el problema no sea sólo el incesante ruido (o nausea) del exterior. Bien decía el sabio indio, Rabindranath Tagore, lo siguiente:

El hombre se adentra en la multitud por ahogar el clamor de su propio silencio.

 

por que necesitamos silencio-cerebro beneficios-salud-daniel buttner-5

Y quizá tenía razón. ¿Qué tanto no son nuestros hábitos los que nos impiden conseguir el anhelado silencio? O más aún: nuestra búsqueda de perfección en la vida, ¿no nos hace demasiado esquizofrénicos en lo que concierne al ruido?

Esto es serio, pues hemos llegado a puntos de excesiva intolerancia al ruido. ¿Quién no ha padecido al no encontrar un hogar porque “no se admiten niños ni mascotas”? Nuestra búsqueda de silencio podría aislarnos no sólo del ruido, sino de otros, y volvernos intolerantes a ellos.

 

¿Cómo encontrar silencio en su justa medida?

por que necesitamos silencio-cerebro beneficios-salud-ruido

Ante esto, quizá deberíamos buscar soluciones intermedias y hacer un esfuerzo por encontrar el silencio de maneras originales. No tenemos que ir a Finlandia para ello; salir a la naturaleza parece la solución más adecuada para reencontrarnos con esa poesía que es el silencio. Y no importa en qué país vivamos, siempre habrá ecosistemas naturales a donde retirarnos por unos días.

Lo cierto es que incluso sin contar con un silencio exterior total podemos acceder a la quietud de nuestro propio espíritu, a través de prácticas como la meditación. Porque contrario a lo que se cree, la meditación no necesariamente se tiene que hacer en un lugar aislado; su práctica en realidad debe llevarnos a estados de concentración superiores que nos permitan desconectarnos de todo lo que acontece. 

Valdría la pena aprender a convivir con el ruido y pensar en el silencio como una meta a alcanzar, a través de nuestros propios medios y de nuestra disciplina.

 

* Fotografías: Daniel Büttner



Habitaciones para experimentar el silencio total (📽️)

Se trata de una forma de meditación radical que nos permite acceder a la mente en poco tiempo.

El silencio, en nuestras sociedades de sonidos amplificados, está cobrando una vital importancia. Tanto es así que la ausencia de sonido se está volviendo un bien mercantilizable, por cuyas dosis podríamos estar dispuestos a pagar en un futuro cercano.

Y es que el silencio es una experiencia. Si existe o no, no importa –pues no podemos dejar de escuchar, aunque sea los sonidos de nuestra mente o nuestra respiración–. Lo que importa es cómo lo que podríamos percibir como el silencio tiene la capacidad de curar el cuerpo y regenerar la mente. Alejarnos del ruido es algo que nos libera cognitivamente, que puede ayudarnos a lidiar con la tensión y la ansiedad y que promueve la creatividad.

camaras-anecoicas-silencio-cerebro-beneficios-habitaciones-silenciosas

Es por eso que en el medio del arte se ha comenzado a indagar en las potencialidades del silencio y el vacío. Es, quizá, el único recurso con el que no se ha experimentado demasiado. Y es que sólo existen algunas cámaras anecoicas en universidades como Harvard y Salford. Se trata de recintos aislados de cualquier ruido externo y capaces de absorber las reflexiones producidas por las ondas acústicas al interior.

En estas cámaras, de paredes futuristas repletas de pequeñas cuñas, es donde algunos músicos y artistas han realizado sus experimentos acústicos. Algunos de ellos, como Mark Fell, buscan crear experiencias inmersivas que rayen lo trascendental.

 

Y es que estar en silencio es entrar a la mente

Las cámaras anecoicas se han convertido en inusuales espacios de meditación. Muchos han experimentado con la radical experiencia de no ver ni escuchar nada, y quedar sólo a la deriva de sí mismos en estas cámaras. Son capaces de escuchar el sonido de sus músculos relajándose, e incluso el de la sangre moviéndose alrededor de las orejas. Algunos aseguran haber sentido la expansión del cerebro. Pero quizá todos tengan en común una conclusión: es una experiencia intensa.

Bien podría ser que en un futuro estas cámaras sean de uso común, para que en el trajín diario de la vida cotidiana podamos entrar a la mente aunque sea por 2 minutos –que es el tiempo en el cual el silencio se vuelve benéfico a nivel neuronal–. Eso sí: habría que cuidar no obsesionarnos con el silencio, pues se trata de un ambiente hasta cierto punto artificial que, en dosis demasiado altas, podría ocasionar nuestro aislamiento o una intolerancia al ruido que tampoco es saludable.

Hay que recordar que los monjes budistas, quienes viven en silencio gran parte de sus vidas, saben que el silencio no es necesariamente la ausencia de ruido exterior. Así que podríamos complementar cualquier experiencia psicodélica con las cámaras anecoicas; pero lo importante es saber estar en silencio nosotros.

 

* Imagen principal: Doug Wheeler



Aprende a escuchar tu silencio (aquí hay algunos consejos)

Según la sabiduría budista, lograr el silencio no implica que deje de haber ruido a tu alrededor.

La vida en un monasterio budista es diametralmente opuesta a la nuestra: repleta de rituales cotidianos que se comparten en silencio y que permiten contemplar al yo. Las meditaciones empiezan muy temprano, aunque en algunos templos lo primero que se hace es el soji: una tarea de limpieza para ordenar al mismo tiempo los espacios vitales y la mente, que se hace en silencio y con sumo respeto.

Así, muchas de las horas durante la vida de un monje transcurren en silencio, y no sólo durante la meditación. Porque la quietud sonora permite contemplarse a sí mismo, mirar hacia adentro con calma y sin distracciones, aun –o más todavía– cuando se está realizando una tarea cotidiana. Esto tiene beneficios espirituales, pero también neuronales, pues el silencio promueve el desarrollo de nuevas células en el cerebro, entre muchas otras bondades para el organismo.

escuchar-el-silencio-budismo-beneficios-como-meditar

Paradójicamente, estar en silencio se vuelve una manera de escuchar.

Saber escuchar el silencio: en eso consisten las enseñanzas del Surangama Sutra, uno de los métodos budistas para alcanzar la iluminación. Una de sus prácticas es la llamada penetración perfecta mediante la escucha. Según el maestro dharma Hsin Tao, esta práctica consiste en no escuchar palabras ni conceptos, sino el silencio.

Escucha el sonido del no sonido. Todo está quieto. Escucha la quietud interna y externa.

Esto se puede lograr en un paisaje sonoro tan ruidoso como el de las olas chocando contra las piedras de la costa. O incluso, en un espacio urbano. La cuestión es poder convertir el sonido de estos entornos en silencio: eliminar el sonido de lo que se escucha.

Sólo tienes que escuchar sin generar ataduras. Ni al sonido, ni al silencio, ni tampoco a lo que hay entre los dos. Se trata de no sujetarnos a nada. Así, lo que escuchemos no se volverá un objeto en nuestra mente, ni tampoco el silencio, que por buscarlo con desesperación se puede tornar un monólogo incesante en nuestra mente.

Dice el maestro Hsin Tao que de esta forma, logramos vaciar la conciencia.
Así escuchamos el silencio que nos ilumina.

Lograrlo, por supuesto, no es sencillo. Pero podemos intentar practicar el silencio, como los monjes budistas, en tareas cotidianas. Evitar hablar o escuchar música, y sólo seguir los sonidos que produzca nuestra actividad, o lo que nos esté rodeando. Dejarnos llevar por ellos, sin ataduras, y ver a dónde nos conducen.

Adicionalmente, Hsin Tao tiene su propio método de cuatro pasos basados en enseñanzas del budismo zen y el vipassana, método que publicó en su libro The Way of the Heart, y que consiste en detener la dispersión de la mente y poder mirar la quietud de nuestro corazón y nuestra mente.

escuchar-el-silencio-budismo-beneficios-como-meditar

4 pasos para escuchar el silencio

1. Toma siete respiraciones profundas

Siéntate derecho con la barbilla ligeramente metida, los ojos parcialmente abiertos (para evitar soñar despierto) y la boca cerrada. Respira profundamente desde el dantian, el centro de energía ubicado justo debajo del ombligo. Con cada inhalación, ten en cuenta el aire que pasa a través de tu garganta y cómo pasa a través de la nariz con cada exhalación. Este proceso nos ayuda a respirar energía fresca, conocida como chi, y expulsar la energía obsoleta.

2. Mueve la atención de los ojos a la nariz, la boca y el corazón

Este paso está especialmente dirigido a detener o controlar la mente inquieta, que es como un mono que nos resulta muy difícil de controlar. Comienza moviendo suavemente tu atención de los ojos a la zona debajo de la nariz donde estás inhalando y exhalando. Déjala reposar ahí por un tiempo.

A partir de ahí, traslada la atención a la boca. Finalmente, cambia tu atención de tu boca a tu corazón. Trata de no contener pensamientos o imágenes. Nuestro corazón espiritual está vacío; no tiene forma o tamaño. Una vez hecho esto, comienza de nuevo desde los ojos. Repite siete veces.

3. Observa la respiración

Inhala y exhala naturalmente mientras fijas la atención y la trasladas, de la mente inquieta que es como un mono, a la respiración. Cuando alcanzas el estado donde “el mono” ya no se siente atado por la respiración, sino que disfruta de permanecer allí, entonces has llegado a la etapa en la cual puedes parar. Tu conciencia es suave y clara ahora, se vuelve una con la respiración.

4. Escucha el silencio

Mientras que los tres pasos anteriores están destinados a detener la mente errante, dejándola descansar sobre la respiración, el cuarto paso de la escucha consiste en mirar.

Prepárate: comienza a relajar las orejas, cabeza, cuello, hombros y cada célula del cuerpo. Deja que todo el cuerpo se calme por completo. Cuando escuches sonidos desde el exterior, como una voz humana o el sonido de un automóvil que pasa, escúchalos como el sonido del silencio. Cuando te dices a ti mismo que los sonidos de distracción son silenciosos, se vuelven así. Sin embargo, si te dices que son ruidosos e inquietantes, eso es lo que serán.

Sigue escuchando el sonido del silencio en todo, manteniéndote completamente relajado. Escucha el silencio en las montañas y ríos, la gran tierra ancha, el cielo. Eventualmente, todo el universo caerá en un profundo silencio. Percibe ese mismo profundo silencio en ti mismo.

En este estado, no hay sonido alguno, y cuando escuchas, escuchas el sonido de ningún sonido. Cada pensamiento vuelve al silencio y se aquieta. Al practicar esta técnica es importante no forzar nada cuando se escucha, sino permanecer relajado y escuchar de forma natural. En última instancia, es nuestra conciencia unificada con el vacío lo que realmente está escuchando el silencio. “Ser consciente del silencio” y “ver el silencio” son lo mismo. ¿Quién es consciente del silencio? ¿Quién ve el silencio? Es nuestra naturaleza iluminada la que está consciente y ve.

El siguiente paso en la práctica es permanecer en la claridad del silencio, y una vez que sepas cómo hacerlo, el último paso es iluminar tu propia mente al ver su verdadera naturaleza. Puede llevar bastante tiempo llegar a estas etapas, pero si mantienes tu conciencia del silencio, finalmente lo alcanzarás. Practicar lenta y constantemente es muy importante. Cuando sientas que tu mente comienza a vagar nuevamente mientras escuchas el silencio, regresa al paso 2 y concéntrate en el movimiento de los ojos a la nariz y la boca al corazón, sin pensamientos ni imágenes en tu corazón.