¿Por qué beber más té orgánico?

No cabe duda de que el té orgánico es mejor para la salud que el té convencional. Mira por qué.

Hay bebidas imposibles de separar de la cultura y la historia. El té es definitivamente una de ellas. Desde sus viajes legendarios a través de la ruta del té hasta la taza que más de uno prepara en una tarde tranquila, esta bebida es una forma de vida. 

Los métodos de cultivo del té no siempre son los más sustentables. A raíz de esto existen opciones como el té orgánico, que deberíamos procurar elegir en la medida de lo posible. ¿Por qué?

No sólo es más amable con el planeta: tiene más beneficios que el té convencional, según demuestra un estudio realizado por la Universidad de Montana.

Los investigadores analizaron muestras de diferentes cultivos en China y encontraron que las hojas de este contienen una mayor concentración de polifenol, un poderoso antioxidante. 

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El polifenol presente en el té protege las arterias, combate efectos del envejecimiento y reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares

Otra sustancia más abundante en estas hierbas orgánicas es el galato de epigalocatequina, conocido como EGCG o más sencillamente, extracto de té verde. Esta sustancia convierte a la bebida en mucho más que un líquido, pues es una fuente de múltiples beneficios comprobados por la ciencia:

Aunque estos beneficios están presentes en todas las clases de té, el té orgánico tiene otro plus: se cultiva utilizando métodos que previenen la erosión del suelo. Además, carece de pesticidas y químicos artificiales nocivos para la salud y el planeta.

La próxima vez que disfrutes el exaltante sabor del té orgánico, recuerda que no sólo deleitas tus papilas, también sanas tu cuerpo y reduces tu huella ecológica.



Cómo hacer tus propios tés caseros, empezando por el cultivo

El té es de por sí saludable, pero tomarlo es apenas el principio de una práctica orgánica.

El té es una de las bebidas más antiguas y a las que más se recurre en todo el mundo. Esto se debe a todas las propiedades medicinales que tiene, pues la gama de beneficios que un par de tazas al día nos pueden aportar es enorme.

La infinidad de ventajas curativas y de sabores que hay proviene de los cinco elementos naturales con los que puedes hacer una gran infusión. En breve te mostraremos cuáles son, cómo usarlos y hasta cómo cultivarlos, para lo cual basta un jardín, tu cocina o algún lugar de la casa donde puedas tener un muro verde.

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Plantas

La Camelia sinensis es el arbusto perenne de cuyas hojas se obtienen los tés más comunes: el blanco, el verde, el negro y el rojo, según el grado de oxidación de sus hojas (es decir, de si se someten a la acción del oxígeno, lo cual las fermenta, dando como resultado el té negro). Esta planta es originaria del sur de Asia, y se caracteriza por su excelente aroma. También hay otras plantas, como la menta y la hierbabuena, que se usan en infusiones y mezclas.

Cómo cultivar: Puedes conseguir las semillas de la Camelia en tiendas de jardín o en línea y cultivarlas en una maceta grande, pues se trata de un arbusto grande. Debes mantenerla nutrida con fertilizantes naturales, con la tierra bien hidratada y en un lugar semisombreado.

Cómo hacer té: Tardará en crecer, pero una vez que esté suficientemente frondoso, podrás cortar sus hojas jóvenes. Para hacer el té debes calentarlas durante 1 o 2 minutos con agua caliente, e inmediatamente después, dejarlas reposar en agua fría. Luego haz rollos con cada una de las hojas y colócalas en el horno a 400 durante 10 minutos. Una vez que estén secas y crujientes puedes guardarlas en un contenedor de vidrio, listas para hacer infusiones de té verde excelentes para la salud.

Tip: Las flores blancas que retoñan de la Camelia en otoño pueden ser molidas sobre la infusión de las hojas para realzar el sabor.

 

Flores

Hay flores que se pueden infusionar directamente. Entre éstas se encuentran la rosa, el azahar, la lavanda, la caléndula y la manzanilla, esta última una de las flores más recurrentes para preparar té, que se caracteriza por sus pequeñas flores blancas parecidas a la margarita y por sus efectos buenos para el estómago.

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Cómo cultivar: Se recomienda cultivar la manzanilla a finales de invierno para que brote en primavera. Sus semillas, que son muy pequeñas, debes esparcirlas en la tierra de la maceta de tu elección, que puede ser pequeña o, también, una bandeja de celdas. Espolvorea después un poco de tierra de hoja (muy poquita) sobre las semillas, para que broten con facilidad. Cubre la maceta o bandeja con una bolsa de plástico procurando no mover la tierra, y mantenla bajo luz moderada y con la tierra bien húmeda. Una vez germinada, quita la bolsa y asegúrate de que reciban mucha luz de sol directa durante todo el día.

Cómo hacer té: Una vez que broten flores de tu planta, sólo debes cortar algunas flores y dejarlas secar al aire para ir utilizándolas molidas en infusiones (una cucharada de molienda por cada taza).

 

Raíces

Se ha popularizado hacer tés a partir de raíces como la cúrcuma y el jengibre, que tienen grandes beneficios para la salud. Ambos son antioxidantes y ayudan a curar enfermedades degenerativas. El jengibre es, además, un antidepresivo natural, y es muy fácil de cultivar.

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Cómo cultivar: Te recomendamos germinarlo, pues el jengibre germina sin ayuda (y si lo dejas en agua toda la noche, el proceso será más rápido), aunque también puedes comprar las semillas. Si optas por el germinado sólo tienes que plantar una pieza con los brotes más grandes hacia arriba y mantenerlo bien hidratado y alejado de bajas temperaturas, sobre todo los primeros días. Puedes tenerlo en macetas grandes y plantar varias piezas. Su mata es fina y muy bonita, así que es una planta ideal para estar en tu cocina. Mantenlo con la tierra húmeda y siempre en un lugar con luz y sombra.

Cómo hacer té: Debes ir retirando algunas de las plantas y trasplantar en otra maceta las que queden, para no perder tu cultivo. Quítale la raíz a la planta que hayas removido, lávala bien y córtala en rodajas. Colócalas en agua hirviendo durante 5 o 10 minutos y tendrás un sano, delicioso (y algo picante) té de jengibre, excelente para el metabolismo.

 

Semillas

Las semillas esconden propiedades desconocidas, que sueltan al hervirlas en agua caliente. Entre las que puedes convertir en infusión están las semillas de hinojo, de cilantro e incluso de girasol (esta última se recomienda para bajar de peso). También de semillas de frutas puedes hacer té, como de la sandía, aunque esta es una infusión que se toma al tiempo.

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Cómo hacer té: Para hacer 1 litro sólo necesitas 40gr de semillas y 150gr de sandía. Muele la semilla con un mortero, añádela al litro de agua y deja que hierva durante media hora. Cuela y deja enfriar, para combinar con la sandía colada. Esta mezcla la puedes guardar en la nevera y tomarla en ayunas y después de las comidas, para limpiar tus riñones.

 

Frutas

Muchas marcas de té comercial venden bolsitas de té de frutas, ya sea combinadas o por separado, como el de moras, frambuesa, naranja, y algunos más exóticos como piña con coco. Aunque también es posible prepararlos en casa, con fruta fresca picada (como piña, durazno, toronja o manzana) y agua caliente.

Si quieres cultivar tus propias frutas, aquí puedes ver cómo cultivar fresa y manzana, dos deliciosas opciones para hacer té.



La solución para una piel suave y brillante reside en este antioxidante

En palabras del investigador Zheng-Mei Xiong de la Universidad de Maryland, “Me motivé y emocioné cuando vi la piel fibroplasta, de personas de más de 80 años, crecía mucho mejor en una dosis media de azul de metileno con marcadores reducidas de senescencia celular.”

El azul de metileno, usado principalmente como un colorante en laboratorios, es realmente un antioxidante común que disminuye los signos de la edad, pues ayuda a las células fibroblastas a sobrevivir por más tiempo, a dividirse más rápido y presentar un menor número de indicadores de envejecimiento que otros antioxidantes. 

En palabras del investigador Zheng-Mei Xiong de la Universidad de Maryland, “Me motivé y emocioné cuando vi la piel fibroplasta, de personas de más de 80 años, crecía mucho mejor en una dosis media de azul de metileno con marcadores reducidas de senescencia celular –es decir, cuando las células dejan de dividirse.”

La fibroplasta, agrega Xiong, es parte de la familia de los tejidos conectores que son responsables de producir materiales como el cartílago o los huesos; y en nuestra piel, estos elementos son capaces de producir largas fibras de colágeno y de elastina, materiales que promueven la flexibilidad de la piel. Conforme avanza el tiempo, las fibroblastas producen menores cantidades de colágeno y mayor cantidades de una enzima que descompone al colágeno. De modo que conforme las fibras de colágeno están rotas, reducen su capacidad de generar una piel con estructuras sólidas. 

 

 

Existen numerosas causas que pueden incrementar el daño del fibroblasta; como por ejemplo, la radiación ultravioleta, un cigarrillo, estrés, contaminación, entre otros. Para combatir ello, Xiaong recomienda ayudar al cuerpo desde el interior con el antioxidante azul de metilenomediante productos de cuidado en la piel; pues además, “los efectos no son sólo temporales, los cambios en las células cutáneas son fundamentales y a largo plazo.” Esto sucede gracias a que este antioxidantes ayudan a retener más agua y a incrementar la solidez en la piel. 

Es importante considerar que este es un químico que no puede aplicarse directamente a la piel, por lo que se requiere una serie pruebas y estudios que aún se encuentran en procesos de realizar.