10 plantas de baño para crear un paraíso botánico en tu regadera

¿Creías que era imposible tener plantas en el baño? Ya verás que no.

No todas las plantas pueden sobrevivir al ambiente húmedo y vaporoso del baño, donde la temperatura cambia intempestivamente y suele haber poca luz. Sin embargo, algunas especies han sido llamadas “plantas de baño”, debido a que sus necesidades las hacen perfectas para habitar dicha habitación y convertirla en un insospechado paraíso botánico.

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Las condiciones del baño son idóneas para estas plantas y, de hecho, pueden hacer que sea más fácil cuidarlas y mantenerlas en buen estado. Sólo tienes que cuidarte de evaluar las condiciones del lugar específico donde pondrás tus plantas de baño.

¿Qué tan cerca estarán tus plantas de una ventana? ¿Cuánta humedad hay en el baño?

Y por supuesto, el tamaño de la habitación también puede influir, pues hay plantas menos aparatosas que otras, o que pueden estar en pequeños frascos con agua y no en grandes macetas. Un plus es que varias de estas plantas también sirven para purificar el aire en tu hogar.

Así que toma tus precauciones antes de ir al vivero, pero no olvides llevarte esta lista de 10 plantas de baño para saber cuáles son tus opciones.

 

1. Sansevieria

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Esta planta es resistente y no necesita mucha luz. Sólo es necesario que la riegues una vez por semana. Si apenas estás empezando en el arte de cuidar plantas en el hogar, esta puede ser una gran opción. 

 

2. Zamioculca 

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Procedente de África, la zamioculca es de aspecto hermoso y amplio. Es sumamente resistente: casi no necesita agua y con que le llegue un poco de luz tendrá suficiente.

 

3. Aloe vera

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Parece perfecto tener aloe vera como planta de baño, pues además de geométricamente hermosa, es un remedio natural excelente. Sólo cuida de tener una fuente de luz natural en tu baño, pues puede resentir estar en un cuarto demasiado oscuro. 

 

4. Cinta

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La cinta, también conocida como “araña”, sobrevive sin problemas sin mucha luz y hace uso de la humedad –lo que puede adivinarse por su aspecto como de planta de la jungla–.

 

5. Bambú 

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Si tu baño es muy pequeño, el bambú es la planta ideal. Sólo requiere de un vaso con agua para sobrevivir y seguir creciendo. Además, le dará un ambiente de paz y relajación a tu baño.

 

6. Suculenta

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No hay espacio que estas cactáceas multicolor no puedan conquistar. La mayoría estarán de maravilla en tu baño, pero es recomendable que esté muy ventilado y que no se encierre demasiado la humedad.

 

7. Helecho

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A estas plantas les encanta la humedad. Tener una en el baño te evita tener que rociarla con un atomizador, que es lo que normalmente se recomienda. Y además se verá hermosa; sólo debes cuidar que tenga el espacio suficiente.

 

8. Orquídea

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Probablemente no esperabas poder tener flores en tu baño. Pero se puede, y de las más hermosas. Las orquídeas son muy resistentes a la humedad, y cualquiera de sus variedades estarán cómodas con la luz que se alcance a filtrar a tu baño.

 

9. Philodendron

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Esta planta de curioso nombre requiere de muy pocos cuidados, y crece naturalmente en ambientes húmedos.

 

10. Potus

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Es una planta perfecta para interiores y de una estética que le irá muy bien a tu baño. Además, es de cultivo hidropónico: puedes ponerla en cualquier recipiente de cristal con agua.



Puedes aplicar para viajar gratis a Finlandia en verano y aprender a ser feliz

Al grito de “Encuentra tu calma, conecta con la naturaleza” los finlandeses recibirán a visitantes de todo el mundo para compartirles sus secretos a la felicidad.

Otra vez Finlandia ha ocupado el primer lugar en el ranking del World Happiness Report. Así, se corona en 2019 por vez consecutiva con la distinción “el país más feliz del mundo”, por arriba de otros 156 países. En este índice, que toma en cuenta variables como ingreso, expectativa de vida y “libertad”, el segundo y tercer puestos también fueron para países escandinavos, Dinamarca y Noruega. 

Para celebrar la noticia, Finlandia lanzó un curioso programa que se llama Rent a Finn (renta un finlandés). Consiste en ofrecer viajes gratis a visitantes de otros países para hospedarse con habitantes locales que se han ofrecido a compartir sus respectivas llaves a la felicidad.

Los ocho habitantes voluntarios, que radican en diversos pueblos o ciudades de Finlandia, mostrarán por ejemplo “la simplicidad de la vida en el Arquipiélago”, llevando a su huésped a acampar y navegar en un pequeño velero, o también podrás visitar un pueblo de Laponia donde acompañarás a Esko a recoger moras en el bosque o jugar juegos tradicionales finlandeses.

Por cierto, llama la atención de que las llaves que aparentemente llevan a la felicidad a los habitantes de Finlandia, todas tienen algo en común: la simplicidad y la naturaleza (y esta podría ser una buena pista). 

¿Quieres aplicar para visitar Finlandia?  

Si tras leer esto has sentido el llamado a buscar la felicidad en las latitudes del norte, regocijándote en la generosidad finlandesa, esto es lo que debes hacer:

1. Llena una forma en línea aquí

2. Grábate en video y explica por qué te gustaría ir y cómo te conectas tu con la naturaleza (agrega el video a tu forma).

3. Espera la lista de los elegidos.

 



Nuestro futuro, ¿sensibilizar la máquina o tecnificar el cuerpo?

El auge de los dispositivos tecnológicos en nuestra vida plantea preguntas de urgente relevancia.

Al menos hasta el siglo pasado, la categoría de lo humano era lo suficientemente amplia como para albergar toda la variedad de intereses, procedencias e ideas que pudieran surgir del homo sapiens, este homínido que seguimos siendo; sin embargo, con el avance mismo de la tecnología, la especie se dividió en dos grandes grupos: aquellos que tienen acceso a los gadgets de la economía de consumo y aquellos que no.

 
 
 
 
 
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Esta diferencia es importante no sólo desde un punto de vista económico sino desde un punto de vista ético: ¿es más humano aquel que puede comunicarse en tiempo real de un lado a otro del mundo, y por lo tanto decidir los destinos de las personas que no pueden hacerlo, o bien se trata simplemente de una sociedad de fetiches, donde los objetos (y el poseerlos) se vuelven más importantes que las relaciones sociales que tenemos con otras personas?

Por ejemplo: una persona de clase media o media-alta se encuentra asediado en nuestros días por gran cantidad de información que apela y exige su atención: notificaciones del smartphone, actualizaciones de la tablet, toneladas de correo electrónico (basura o de trabajo, lo mismo da), con lo cual el tiempo destinados a interrelacionarse con otras personas en el universo 1.0 (offline, o en “el mundo real”) se reduce considerablemente. Probablemente esa persona no quiera pasar demasiado tiempo en el universo 1.0 debido a que cree que tiene mayor control sobre su tiempo y su atención mientras está conectado. Pero la realidad es que el universo 2.0, con todas las ventajas y fascinantes vías de desarrollo y aprendizaje que ofrece, no es sino una interfaz de comunicación, una vía o un medio, si se quiere, para conseguir un fin: comunicarse, informar o estar informado; pero esto no es un fin en sí mismo.

 
 
 
 
 
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Hoy en día tenemos más herramientas que nunca para estar comunicados, pero hemos dejado de tener algo que comunicar. Las computadoras son nodos que integran información, pero que hasta hace poco eran incapaces de producirla; ellas eran la heramienta y nosotros la fuente. ¿Seguirá siendo así durante el presente siglo?

Puede ser que los seres humanos en las sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo nos vayamos pareciendo cada vez más a nuestras preciadas máquinas: siempre despiertas, siempre conectadas, siempre listas para responder con más información de salida a la información de entrada que recibimos sin parar. Estamos programándonos inconscientemente para reaccionar a la información en lugar de para pensar: para discernir qué tanto de la información que recibimos es valiosa y cuánta es sólo basura. 

Al decir esto no nos consideramos dentro de la tendencia “apocalíptica” que Umberto Eco señaló en su famoso libro, Apocalípticos e integrados, sino que nos proponemos pensar hasta qué punto ya no somos capaces de ubicarnos espontáneamente en ninguno de los dos parámetros señalados por el escritor italiano. El humano de hoy en día se parece más a una interfaz autónoma que recibe y procesa información, en lugar de una mente capaz de crearla y darle forma: somos cada vez más una máquina sensible respondiendo a impulsos del entorno, una computadora humana que aprende a resolver problemas, a contestar correos, a tuitear a velocidades vertiginosas sin detenerse un momento a pensar sobre dónde está parado, o hacia dónde desemboca este tren del progreso.

La impronta de nuestro tiempo parece ser, como bien apunta Douglas Rushkoff, “programa o prepárate para ser programado”: ¿en qué lugar de la balanza nos colocaremos? ¿Dónde te situarás tú?

 

*Fotografías: Nirav Patel