Un paseo por el exterior sea donde sea que usted se encuentre, será suficiente para descubrir un universo completo sobre el mundo vegetal. Senderos que hemos recorrido una y otra vez, que parecen estar cubiertos de los mismos y rutinarios escenarios, en realidad guardan detalles que hemos pasado de largo. Hay un término acuñado para ello, el plant blindness o la ceguera ante las plantas que es muy común. Eduardo Barba, investigador botánico y amante del arte se dio cuenta de ello luego de pasar largas horas en el Museo del Prado y ha escrito una historia muy interesante sobre ello en su libro El Jardín del Prado.

El concepto de plant blindness ya se había acuñado con anterioridad por los botánicos James H. Wandersee y Elisabeth Schussler a finales de la década de los noventa. En su artículo nombrado “Previniendo la ceguera ante las plantas”, hacen hincapié en el creciente desconocimiento y falta de apreciación por el mundo vegetal. Un mundo que al igual que el animal está repleto de especímenes interesantes. Y aunque se les ha juzgado de inanimados y estáticos, las plantas están tan vivas que son capaces de tomar decisiones, se mueven durante el día y hasta susurran ante las abejas.

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Una ceguera vegetal colectiva

Eduardo Barba comprueba diariamente la ceguera colectiva que invisibiliza a las plantas. Y no lo hace precisamente en el campo de la botánica, sino del arte. Durante sus largas visitas al Museo del Prado se percató de las largas filas para admirar la composición artística de los rostros y las dimensiones de pinturas como Las Meninas de Velázquez o Las Tres Gracias de Rubens. No obstante, los detalles vegetales pasan desapercibidos para casi todos los amantes del arte.

Y en un intento de realizar una taxonomía de las plantas que aparecen en las obras de arte, se volvió un detective con monóculo en mano para descubrir los secretos que los pintores escondieron entre sus pinceladas. Hasta ahora ha conseguido rastrear por lo menos mil cien obras en las que ha identificado casi 600 especies distintas de plantas. Ha seleccionado 43 pinturas más destacables y a través de las páginas de su libro El Jardín del Prado cuenta sus historias botánicas.

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‘El Descendimiento’, de Rogier van der Weyden. Museo Nacional del Prado

Así, desvela a sus lectores cómo lo que parecen ser plantas o flores trazadas aparentemente al azar, le agregan un significado todavía mayor a las obras de arte. Cada artista representa a su manera el valor de cada planta dibujada, ya sea con meros fines estéticos o con un valor simbólico mucho más profundo. El Descendimiento de Rogier van der Weyden, por ejemplo, parece no tener alguna conexión con el mundo botánico. Sin embargo, si se le observa detalladamente aparece casi como por arte de magia en la esquina inferior derecha una pequeña flor. Esta es un ejemplar de cariofilada (Geum urbanum), que su raíz se colgaba dentro de las casas en el siglo XV, ya que se creía que hacía huir al demonio.

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En la esquina inferior derecha de ‘El Descendimiento’, de Rogier van der Weyden, podemos encontrar la Cariofilada (Geum urbanum). Museo Nacional del Prado

La hiedra y las rosas, las más comunes 

Quizá la planta que aparece en un mayor número de obras sea la hiedra, que aparece en 160 cuadros. Por su parte la flor predilecta de los artistas para incluir en sus cuadros, es la rosa. En cuanto a los seres arbóreos, los más comunes son el pino piñonero, el roble, el ciprés y el laurel. No se trata de representaciones vagas, sino de impresiones con un alto nivel de detalle gracias al cual Barba está seguro de que sus autores conocían bien. Sin embargo, no hay registros botánicos en las explicaciones artísticas en los museos y tampoco existen tratados de apreciación del arte que exploren ese sentido.

Este vacío puede encontrar su explicación justamente en el término plant blindness, la ceguera colectiva ante las plantas que nos hace pasar de largo y no prestar atención a la sabiduría contenida en el universo vegetal. Ya sea en pintura o en la vida real, la conexión ante los seres arbóreos nos ayuda a comprender y conocer el mundo. Comencemos a ampliar nuestras visiones hacia los lugares más hermosos.