La música es el lenguaje estridente de los músicos. Quienes han podido comunicarse a través de ella son, sin duda, lo más extravagante de la humanidad: seres camaleónicos y subversivos, como David Bowie, cuyas emociones no pueden transcurrir por un solo cauce.

Personas como Bowie necesitan del arte para expresarse “en términos enrarecidos”, aunque parezca “algo totalmente loco”, como dijera en alguna entrevista el mayor ícono del glam rock. Así, el arte como lenguaje no arroja necesariamente resultados bellos, o por lo menos no en el más banal sentido del término.

Quizá sea el caso –porque no nos atreveríamos a asegurarlo– de la llamada Trilogía de Berlín, que David Bowie realizó en momentos oscuros de su vida, al borde de algunos abismos. El primer álbum lo grabó en Francia y el último en Montreaux, en 1979. Pero casi todos los temas estaban escritos en Berlín, y su aura es precisamente “enrarecida”, porque en aquel entonces Bowie se había ido a vivir a Alemania Oeste, buscando un poco de paz y anonimato después de una década de ajetreo.

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Bowie quería escapar de la cultura de drogas de Los Ángeles, ya que había desarrollado una fuerte adicción a la cocaína. Según diría años después, en aquel entonces estaba fuera de sí, totalmente alocado. Esa estampa emocional está presente en su Trilogía de Berlín, que compuso junto con Brian Eno y Tony Visconti.

Pero el compositor y amigo de Bowie, Philip Glass, veía el último álbum de esta trilogía, Lodger, con escepticismo. Para él, como contó a Los Angeles Times, no contenía “ninguna idea original”. No obstante, tenía que inspirarse en él para terminar un homenaje sinfónico a Bowie que comenzó desde la década de los años 90.

Glass lanzó el primero de estos homenajes sinfónicos en 1993 y el segundo, basado en el álbum Heroes, en 1996. Finalmente, en enero de este año, Glass estrenó Lodger, durante lo que habría sido el cumpleaños de Bowie. Un homenaje, no a su música, sino a su lenguaje en estado puro, y quizá a los momentos más oscuros que vivió el Thin White Duke. 

We’re learning to live with somebody’s depression // Estamos aprendiendo con la depresión ajena
And I don’t want to live with somebody’s depression // Y no quiero vivir con la depresión ajena
We’ll get by, I suppose // Nos acostumbraremos, supongo

(“Fantastic Voyage”)

Aquí te dejamos algunas de las piezas sinfónicas de Philip Glass inspiradas en Low y Heroes. La tercera entrega, más de 20 años después, será lanzada en mayo de este año.