Cómo transformar tus pesadillas en un valioso aliado terapéutico

Las pesadillas pueden ayudarnos a afrontar situaciones traumáticas, al obligarnos a reconocerlas dentro de nuestra memoria a largo plazo.

Si la literatura de los sueños es amplia y variada, la de las pesadillas es apenas un pie de página de ésta. Además de alguna mención en De la interpretación de los sueños, el clásico moderno de Sigmund Freud sobre el tema, Borges las explicó así en una conferencia inolvidable: “Los sueños son el género; la pesadilla, la especie”.

Desde la antigüedad, y para diversas culturas, las pesadillas constituyen también una especie paralela a esos designios o visiones que envían los dioses durante los sueños: griegos (efialtes), latinos (incubus) y sajones (niht maere, que produce el inglés nightmare), todos coinciden en culpar a un espíritu o demonio externo.

Discutir el contenido de los sueños con una persona autorizada (probablemente un intérprete o chamán) solía ser parte del proceso terapéutico hasta hace muy pocos siglos. En su vertiente terapéutica, el sueño tuvo en el psicoanálisis freudiano una revaloración fundamental; pero no ocurrió lo mismo con la pesadilla, cuyas funciones (e incluso aplicaciones terapéuticas) quedaron relegadas a un segundo plano.

 

¿Qué es una pesadilla?

En su libro El secreto del sueño, el neurólogo y especialista en investigaciones sobre el sueño Alexander Borbély define al menos dos modalidades distintas de ese fenómeno complejo al que sintetizamos como pesadilla:

Es una experiencia onírica preñada de angustia, que por lo general se presenta en la segunda mitad de la noche, con el sueño REM, y que concluye con un sobresalto repentino. El sueño [angustiante] es recordado, pero se sabe que sólo se trata de un sueño. Otra cosa es el llamado pavor nocturnus, que se da en la fase profunda del sueño sin REM. El soñador despierta aterrado, con un grito estremecedor, y se sienta en la cama, jadeando, bañado en sudor y aterrado. Aun ya despierto, no es del todo dueño de sí ni consigue comunicar su experiencia. En los niños pueden requerirse de 5 a 10 minutos para que pase el susto.

La vertiente junguiana de los sueños está más relacionada con el arquetipo y la noción de inconsciente colectivo –una continuidad simbólica entre las expresiones culturales de diversas civilizaciones a través del tiempo–. Carl Gustav Jung, discípulo irredento de Freud, creía que los sueños hablaban en un lenguaje que solamente era asequible o legible para el propio soñador. Un código personal que, sin embargo, apuntaba a referentes comunes. A lo largo de sus sesiones terapéuticas, Jung fue almacenando una importante base de datos sobre sueños; una más de entre sus muchas investigaciones abiertas.

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Johann Heinrich Füssli, The Nightmare (la pesadilla, pero también “la yegua nocturna” de Borges y Shakespeare)

Otro tanto hizo, en la década de los 50 del siglo XX, un profesor de psicología de la Universidad Case Western Reserve. En su libro Dreamland: Adventures in the strange science of sleep, David Randall nos presenta casos como estos y el del doctor Calvin Hall, quien se dio a la tarea nada menos que de documentar y catalogar más de 50,000 sueños como si fuesen ficheros de libros en una biblioteca: constaba la información de la persona, su edad y nacionalidad, así como diálogos, número de personajes, género y el contenido mismo de la anécdota onírica.

Siguiendo una intuición que ya había tenido Jung, Hall no trataba de interpretar los sueños, sino de entender cómo funcionan a nivel estadístico. Sorprendentemente, llevar la estadística a la almohada lo llevó a una conclusión diametralmente opuesta a la de Freud. Para el padre del psicoanálisis, los sueños cumplían una función básica de satisfacción de deseos no reconocidos, una suerte de placebo nocturno para el hambre de la vigilia. Pero según Hall, los sueños no tenían ningún significado. De hecho, su intrigante familiaridad resulta del hecho de que son tan monótonos y fascinantes como la vida de las horas diurnas.

Los adultos tienden a soñar con gente que conocen, los niños sueñan generalmente con animales. Tres de cada cuatro personajes en el sueño de un hombre tienden a ser otros hombres, mientras que en los sueños de las mujeres aparecen hombres y mujeres en igual número. La mayoría de los sueños ocurren en las casas y oficinas de los soñadores, y si necesitan desplazarse a otro sitio, conducen autos o caminan por ahí. Y, para sorpresa de nadie, los estudiantes universitarios sueñan con sexo más a menudo que los adultos de mediana edad.

 

Curar mediante el miedo

Otro médico, el profesor Ernest Hartmann de la Escuela de Medicina de la Universidad Tufts, ha propuesto que los sueños pueden incluso tener una función terapéutica incluida en la configuración original de nuestra mente. Los beneficios de dormir están más que comprobados a nivel fisiológico, pero los de soñar son más difíciles de evaluar. Y la razón es que el mundo donde los sueños cumplían una función sumamente precisa ha cambiado.

Hartmann piensa en el hombre de las cavernas, el Homo sapiens original. Su vida debía ser un infierno de traumas constantes: sus amigos y familia devorados por bestias, enfermedades inexplicables, escasez de alimento… Probablemente, la supervivencia favorecía a aquellos que eran capaces de mantener la estabilidad emocional, y para eso tenían los sueños.

Para Hartmann, la evidencia es que nuestras pesadillas repiten una y otra vez los mismos eventos aterradores que hemos vivido en la vigilia. Su nitidez y detalle nos obligan a repasar los momentos traumáticos, pero también a instalarlos en la memoria a largo plazo (una de las funciones más reconocidas del dormir y el soñar). Para los investigadores, dicha integración es un signo de que el sistema emocional del sujeto pudo recuperarse y seguir adelante.

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Aprender a recuperarse de las pesadillas pudo representar una ventaja evolutiva para los primeros Homo sapiens

Para aprender de dicha experiencia, el cerebro tiene que repasarla una y otra vez. Pero en algunas personas, esto simplemente parece no ocurrir. Las pesadillas recurrentes pueden presentarse luego de eventos traumáticos, personales o sociales, como una medida evolutiva para ayudarnos a aceptarlos. Los pacientes con estrés postraumático suelen tener alteraciones del sueño similares a estas, y existen personas que en la vejez tienen pesadillas sobre cosas que les ocurrieron de niños.

 

Futuras investigaciones terapéuticas del sueño y la pesadilla

Una prometedora investigación sobre los sueños de pacientes con depresión y ansiedad ha notado que los depresivos no recuerdan sus sueños, a pesar de que sus cerebros muestren una extraordinaria actividad en los centros emocionales durante sus ciclos REM (la fase del sueño en la que ocurren las imágenes más vívidas). En The twenty-four hour mind: the role of sleep and dreaming in our emotional lives, la doctora Rosalind D. Cartwright comenta:

Un supuesto propósito de lo que logran los sueños (conocido como la función de regulación emocional en la teoría de sueños) es que soñar modula las perturbaciones emocionales, regulando aquellas que se vuelven problemáticas. Mi investigación, así como la de otros investigadores en este y otros países, apoya esta teoría. Los estudios muestran que los sentimientos negativos se regulan durante la noche. Pero la pregunta de por qué ocurre esto ha gozado de menor atención.

También en Ecoosfera: Tus sueños pueden ayudar a sanar heridas psicológicas (estudios)

Para Cartwright, los sueños son una amalgama de las emociones diurnas que, a su vez, se unen en una red de asociaciones emocionales almacenadas en nuestra memoria. Esta unión de recuerdos y emociones tiene tanta incidencia en nuestra vida emocional como la que ocurre cuando organizamos los fragmentos de nuestra vida en una sesión de psicoterapia. En sus propias palabras:

De este modo, el sueño distribuye la carga emocional del evento y también prepara al soñador para despertar listo para ver las cosas en una luz más positiva, para comenzar de nuevo.

Además de posteriores investigaciones científicas, Cartwright sugiere que la mejor manera de investigar esta función es observar los cambios en nuestros propios sueños o pesadillas: su recurrencia y las pequeñas variaciones anecdóticas pueden indicar importantes reorganizaciones afectivas.

Tal vez el sueño pueda curarnos literalmente de la noche a la mañana, si le prestamos atención durante el día para conocer su fascinante funcionamiento nocturno.



Luna de trueno y eclipse parcial hoy: transmisión en vivo y todo lo que debes saber

Se trata del último eclipse lunar del año y los espíritus del “rayo” se apoderan de esta enigmática luna llena…

Mucho de las tradiciones nativas americanas circula en torno a la conexión entre los astros y la tierra. De ahí que según algunos de sus mitos, ciertas lunas llenas se encuentran relacionadas con la tierra, especialmente con las cosechas, aunque también con el clima y las estaciones del año. Según la tradición nativa americana, se le llama luna del rayo o luna de trueno a la luna llena que aparece durante el mes de julio. Su nombre, como puede ser obvio, se relaciona con la temporada donde ocurren las tormentas más fuertes. También se le conoce como la luna del ciervo, pues es en esta temporada cuando los cuernos de este animal brotan de su aterciopelada piel. 

En esta ocasión, la luna del rayo o luna de trueno viene acompañada de un suceso especial: el último eclipse lunar de 2019. Si bien este eclipse será parcial, podrá alcanzarse a notar si miras en el horario indicado. 

Aproximadamente 7 minutos antes del pico de la luna llena, nuestro astro favorito comenzará a sumergirse en la sombra de la Tierra, iniciando el último eclipse lunar del año. Mientras tanto, Saturno estará acercándose a la luna en el cielo nocturno.

La luna no se pondrá roja durante el eclipse, pero sí podrá verse una parte de ella que comenzará a lucir gradualmente más oscura a partir de las 22 horas (tiempo de la Ciudad de México) y volverá a su estado inicial a la 01 hora del 17 de julio.

Este eclipse tendrá una magnitud máxima de 0.65, lo que significa que el 65% del diámetro de la luna estará cubierto por la sombra de la Tierra, por lo que diversos medios de divulgación científica le han llamado “eclipse de media sangre”.

La luna de trueno y el eclipse parcial serán visible en casi todo el mundo. Si en tu ciudad no puedes verlo, no te preocupes, aquí te proporcionamos el video de la transmisión en vivo



Emociones en tus sueños que son señal de ansiedad

La ansiedad en el mundo real afecta tu mundo onírico. ¿Qué puedes hacer?

Los sueños son una suerte de metáfora de la vida. En ellos, la realidad se vuelve una narrativa onírica que refleja lo que en la vigilia sentimos, pensamos y experimentamos. Para quien esté despistado, incluso sueño y realidad se pueden confundir, generando una experiencia que serpentea entre la fantasía y lo cotidiano.

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Gundula Blumi

Y es que nuestros sueños siempre manifiestan diversas emociones. De hecho, mientras más fuerte sintamos una emoción, más probable es que la soñemos. Curiosamente –o no tanto, pensando en que habitamos un mundo repleto de estrés–, muchas de las emociones presentes en los sueños suelen ser “negativas”. Éstas son:

  • Enojo
  • Tristeza
  • Miedo

De esto se desprenden estados anímicos recurrentes y a sentimientos como la incertidumbre, la aprehensión, la culpa, el rencor o la irritabilidad, todos disparados por la ansiedad.

80% de los sueños de hombres y 77% de los sueños de mujeres compilados en The Content Analysis of Dreams contienen emociones “negativas”.

 

La ansiedad: el gatillo que dispara todo

Antes de intentar comprender por qué se expresan estas emociones en nuestros sueños, debemos saber diferenciarlas de la ansiedad: saber que la ansiedad es un instinto, antes que una emoción. Es la respuesta involuntaria frente a peligros que sucedieron o sucederán, pero fundamentalmente, frente a los que podrían suceder: a las amenazas. Es un mecanismo de defensa premonitorio.

Pero a veces se desencadena una ansiedad extrema que no nos protege, sino que nos boicotea.

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Gundula Blumi

Para millones de personas esto no es poca cosa, pues la ansiedad es un problema tan real que en México es el trastorno mental más común. Y es tan real que termina por invadir nuestro mundo onírico. ¿Qué consecuencias tiene esto?

Soñar la ansiedad dispara mayor ansiedad en la realidad, volviéndose una espiral sin fin.

Se ha comprobado que los sueños de ansiedad son más comunes en quien se encuentra recurrentemente en situaciones estresantes. Este tipo de situaciones son cada vez más usuales en los ambientes urbanos, y a ellas abona el ruido, los constantes distractores, las largas jornadas laborales e incluso las noticias en periódicos y otros medios.

A su vez, la ansiedad que esto provoca en el mundo onírico afecta nuestro descanso. Además, los sueños tienen la función de estabilizar nuestras emociones, por lo que si sólo soñamos cosas negativas, no sólo se interrumpirá el ciclo de reparación nocturno, lo cual darñará a todo el metabolismo, sino que afectaremos también nuestras reacciones emocionales en la vigilia.

Esto es lo que hace tan difícil salir de la espiral de la constante ansiedad y de sus consecuencias.

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Gundula Blumi

 

¿Cómo resguardar nuestro mundo onírico de la ansiedad?

La ciencia de los sueños es realmente complicada. Tanto así, que los psicólogos de todo el mundo no terminan por ponerse de acuerdo sobre la función de soñar. Para algunos los sueños no tienen ninguna función, y son sólo una suerte de residuo. Para otros, sirven como una simulación que nos prepara para afrontar el mundo real.

Lo cierto es que encontrar un por qué de los sueños quizá ya no depende de la selección natural, sino de nosotros mismos. Aprender más allá del instinto es algo que sólo el ser humano puede hacer, y quizá sea momento de que lo hagamos con nuestros sueños. Los sueños producidos por la ansiedad deben servirnos para hacernos conscientes de que vivimos en un mundo estresante. Porque si algún propósito tuvieran, éste sería el de mostrarnos que necesitamos hacer cambios en nuestra vida.

Por eso, y antes que nada, es importante tener buenos hábitos antes de dormir. No comer por lo menos 2 horas antes de acostarse para que la digestión no perturbe el sueño, no tomar estimulantes como la cafeína o las bebidas alcohólicas y no hacer actividades que involucren exponerse a la nociva luz de las pantallas.

Pero si queremos dejar de tener estos sueños, quizá lo más importante sea hacernos de hábitos para repeler la ansiedad y rodearnos de mejores ambientes: salir más seguido a la naturaleza –darnos un baño de bosque–, realizar prácticas relajantes como el yoga, el mindfulness y las meditaciones en movimiento, caminar, aprender a respirar y alejarnos de las personas tóxicas.

De esta manera, los sueños de ansiedad sí tendrán un propósito evolutivo: hacernos cambiar nuestra realidad cotidiana, para que nuestro mundo onírico refleje también nuestro bienestar. Así que intenta aprender el lenguaje de los sueños, y descifra lo que tus emociones expresan a través de ellos. En el caso de los sueños promovidos por la ansiedad, puede que incluso descubras algo que te perturba y de lo cual no te habías percatado. No lo dejes pasar.