La gente muy inteligente es más feliz en soledad, ¿por qué?

Esto podría tener una explicación ancestral y, sin embargo, ser señal de evolución.

Hoye en día, hablar de soledad resulta más complejo que nunca. Aunque estamos cada vez más expuestos al contacto masivo y cotidiano que implican las grandes urbes, lo cierto es que cientos de personas experimentamos la soledad,y más aún: la vivimos como algo nocivo.

Esto se debe quizá a que la soledad viste hoy peculiares disfraces –por ejemplo, el de las redes sociales, que se han convertido en espacio de múltiples y paradójicos aislamientos–. Pero también a que hemos hecho de la soledad un tabú, señalándola como algo nocivo e indeseado.

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Foto: Sanja Marusic

No obstante, la ciencia se ha interesado en desmitificar la soledad, para poder comprenderla en toda su dimensión y como parte inherente de la condición humana. Así tenemos que hace poco se comprobó cómo estar solos modifica la química de nuestro cerebro, y puede hacerlo para bien.

Esto es algo que, al parecer, las personas más inteligentes saben instintivamente, según se concluyó en un reciente estudio de psicología evolutiva. Para realizar esta investigación, publicada en el British Journal of Psychology, se partió de lo que se conoce como “la teoría de la felicidad de la sabana. Esta teoría plantea la hipótesis de que aquello que hacían nuestros ancestros en la sabana africana podría servir para saber qué tanto seguimos teniendo una programática biológica heredada por ellos, y por qué algunas cosas muy concretas nos hacen felices.

En el caso de la soledad, podría ser que siga siendo necesaria para nosotros, como lo era para nuestros ancestros

 

Pero, ¿por qué?

En dicho estudio se analizaron datos de 15 mil adultos, que incluían estatus socioeconómico, así como cociente intelectual y el estado actual de sus relaciones personales. La información arrojó elementos en común como, por ejemplo, que los participantes que vivían en entornos de alta densidad poblacional estaban menos satisfechos con su vida, en comparación a quienes vivían en zonas menos pobladas o rurales.

Pero otro elemento salió a relucir: las interacciones sociales parecían hacer más felices a quienes tenían un menor cociente intelectual, mientras que los que tenían un cociente intelectual superior a la media eran más felices si pasaban menos tiempo con amigos o en lugares con mucha gente.

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Foto: Sanja Marusic

Esto podría explicarse desde un enfoque evolutivo con la teoría de la sabana, pues nuestros ancestros vivían en entornos con una población no mayor a los 150 habitantes y en grandes extensiones territoriales muy alejadas de otras tribus. Según los investigadores, el cerebro humano evolucionó para programar una convivencia de ese tipo y no como la actual, que implica que compartamos el mundo con 8 mil millones de personas.

Así que quienes tienen una inteligencia mayor a la media podrían estar dejando evolucionar a su cerebro, no en un sentido de adaptación –es decir, de tener que acostumbrarse a ambientes densamente poblados–, sino de mantener algunos elementos que se hallaban en nuestros ancestros y que actualmente pueden potenciar la inteligencia –y nuestra felicidad–, como lo es el saber estar solos.

Aunque claro, citando a Honoré de Balzac:

La soledad está bien, pero necesitas a alguien para contarle que esa soledad está bien.

Es verdad que a fin de cuentas somos seres sociales, y nos necesitamos mutuamente. Pero aprender a estar solos es restablecer un vinculo con lo ancestral sin dejar de evolucionar. Es una manera, incluso, de aprender otros caminos a la felicidad, que no necesariamente tienen que estar cimentados sobre la vieja idea de que “a más amigos, mayor felicidad”. Más bien se trata de qué tanto sabemos ser nuestros propios amigos –estando en soledad– y cómo eso puede hacer que reinventemos nuestra convivencia.



Estar demasiado tiempo solo modifica la química en tu cerebro: ¿eso es bueno o malo?

Ya sabíamos que la soledad modifica el comportamiento, pero resulta que realmente puede remodelar tu cerebro por completo.

La soledad es una suerte de quimera: no sabemos qué es ni qué esperar de ella. Para muchos, estar solos es terrible; para otros, es simplemente necesario. Pero en exceso, la soledad ocasiona cambios químicos a nivel cerebral, mismos que pueden remodelar el cerebro por completo.

Para empezar, debemos saber que la soledad dispara neuronas específicas en el cerebro y las pone en funcionamiento. Éstas se encuentran precisamente en el área trasera del cerebro, en una zona llamada “núcleo dorsal del rafe”. De acuerdo con diversas investigaciones neurocientíficas, dicha zona está vinculada a las emociones depresivas. Y de hecho, según los investigadores del MIT, la convivencia no es igual tras un largo aislamiento, por lo menos en los ratones que estudiaron. Claro que esta perspectiva parte de la investigación en comportamiento.

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Recientemente, un nuevo estudio indagó en la química del cerebro de ratones en soledad. Se descubrió que tras 2 semanas de aislamiento se elevaron los niveles de una molécula llamada Tac2, que a su vez incrementa los niveles de un neuropéptido que al parecer promovía el estrés en los roedores, animales que suelen buscar la compañía de otros de su especie, y para quienes la soledad es tan disruptora como para los humanos.

Esto provocó altos niveles de ansiedad en los ratones aislados, e incrementó de manera exagerada su respuesta a las amenazas. Para comprobar si esto era debido a la molécula Tac2 y al neuropéptido, se le dio a los ratones una droga que inhibe ambos, y con ello los roedores no mostraron los mismos niveles de estrés, aun habiendo sido sometidos a la soledad extrema.

Hoy en día es difícil tener un aislamiento tan prolongado como para generar estos químicos en el cerebro. No obstante (y paradójicamente), el uso de redes sociales provoca efectos parecidos a los del aislamiento. Y del hecho de que estos espacios virtuales son visitados tan frecuentemente por los jóvenes se desprende la conclusión de que vivimos una crisis de aislamiento: realmente, la soledad debida al aislamiento se está volviendo un problema de salud pública. Por eso, saber más sobre cómo funciona la soledad extrema en el cerebro, y más aún, cómo combatirla, podría ser de mucha utilidad.

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Sin embargo, además de encontrar nuevas salidas farmacológicas a los trastornos emocionales que estos cambios químicos disparan en nuestro cerebro, es necesario pensar también en cómo podemos comprender nuestras emociones y saber sobrellevarlas. La soledad puede no ser algo nocivo, sino al contrario: una oportunidad para conocernos e incluso,para potenciar nuestra creatividad ermitaña.

Entonces, más que evadir la soledad o tratarla con drogas, hay que aprender a estar solos, generando un equilibrio entre nuestra soledad y aquellos momentos en los que convivimos con otros.

* Imágenes: Sanja Marusic



Por qué la soledad es buena para ti (y cómo diferenciarla del aislamiento)

Buscar recovecos de soledad es actualmente un imperativo para potenciar la creatividad y vivir mejor. Aquí algunos hacks para ser un buen ermitaño

Cuando pensamos en la soledad, inmediatamente aparecen cientos de prejuicios, miedos y hasta tabúes. Y por supuesto, también emerge una asociación en automático con el aislamiento: tendemos a pensar que estar solos es aislarnos del mundo, y que corremos el riesgo de volvernos antisociales o antipáticos.

Pero la soledad no tiene nada que ver con ello, y es tiempo de que lo comprendamos para sacarle provecho a esos momentos que pasamos con nosotros mismos (e incluso, para buscar aún más momentos de soledad si es necesario).

 

Por qué la soledad y el aislamiento son dos dimensiones alternas

Grosso modo, el aislamiento es una forma de soledad involuntaria, a veces coercitiva (como en las prisiones), o producto de formas de trabajo que exigen estar en lugares aislados. Al ser involuntario y prolongarse (en ocasiones de manera indefinida), el aislamiento extremo puede provocar alucinaciones e inestabilidad mental.

Por otra parte, varios estudios han demostrado que la soledad voluntaria puede potenciar la creatividad y estimular las habilidades de liderazgo. De hecho, la etimología de la palabra soledad indica que quien sabe estar solo posee una cualidad; la cual, por cierto, no todos sabemos ejercer pero, como sabiamente aconseja el cineasta Tarkovsky, debemos aprender a hacerlo. He aquí el por qué.

 

Creatividad ermitaña

Es difícil pensar en grandes artistas que no hayan pasado horas y horas encerrados en sus cuartos, solos con sus libros, lienzos o instrumentos de todo tipo. Y es que la creatividad necesita ese pequeño territorio personal, en dónde poder desplegar los pensamientos que normalmente están distraídos en la interacción con otros.

 

En muchas investigaciones se ha comprobado que la creatividad se potencia mediante la soledad. Y más aún: que, paralelamente, esto nos vuelve más felices. Mientras más selectivos somos con las amistades a las que les dedicamos tiempo, mayor es el tiempo que podemos dedicar a nuestros proyectos. Y si los hacemos en espacios introspectivos, podemos desencadenar torrentes insospechados de creatividad ocultos en las distracciones cotidianas. Además, esto ofrece momentos de relajación necesarios para todo proceso creativo.

 

Liderazgo introspectivo

Un estudio del 2011 mostró que existen empleos para los cuales los jefes introspectivos son mejores que los más extrovertidos. Esto porque, a la par de potenciar su creatividad, un jefe introspectivo tenderá más a la reflexión y será más atento a las opiniones de aquellos a quienes dirige. Esto le ayudará a concentrarse y a ser más eficiente.

Se trata de un peculiar hallazgo, pues normalmente un jefe se concibe como alguien que debe ser extrovertido. Esto ha conducido incluso a pequeños movimientos, como el denominado Quiet Revolution de la escritora Susan Cai, que propone espacios de trabajo más tranquilos y amistosos para sacar provecho de las cualidades de los líderes introvertidos.

 

Hacks breves para ser un buen ermitaño

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Ya sea que queramos potenciar nuestra creatividad o probar nuevas formas de liderazgo, podemos probar con encontrar tiempos de soledad (si no los tenemos), o hacer mejores los que ya tenemos. Acondiciona tu espacio y ten a la mano todo aquello que necesites, si lo que quieres es ponerte creativo. O también, si lo que buscas es tener pequeñas sesiones de autoconocimiento, mediante contemplación y meditación.

Quizá te funcione, antes que nada, reflexionar en torno a cómo administras tu tiempo y cuántas cosas sueles hacer con otras personas. Piensa por qué ves a los demás: ¿Qué te gusta hacer con ellos? ¿Qué necesitas hacer con ellos? Y, especialmente, ¿qué puedes hacer sin ellos?

Pero sobre todo, no olvides respetar tus tiempos de soledad una vez que los tengas. Aléjate de redes sociales y enciérrate: sin distracciones, sin presencias ajenas: solo tú y tu soledad. Ya habrá otros momentos donde compartir con los demás.

 

*Fotografía principal: Laura Makabresku