Los parásitos tienen un ciclo de vida complejo. De acuerdo con los científicos, este ciclo involucra diferentes huéspedes. Todo tiene que ver con la forma en que estos microscópicos seres alcanzan su desarrollo vital, y estamos seguros de que cuando sepas cómo lo hacen, no vas a poder creerlo.

Vamos a contarte una historia bastante simple. En el mar vive el parásito “tenia”. Este ser va navegando tranquilamente por el océano, en busca de algunas víctimas que lo lleven directo a su destino final: el flamingo.

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Este parásito va por el mar buscando, por ejemplo, camarones de salmuera. Estos pequeños animalitos son libres hasta que la tenia entra en su organismo para, prácticamente, controlar sus acciones.

Normalmente, los camarones salmuera son transparentes y no andan en grupos. Sin embargo, cuando el parásito entra en su organismo los pinta de un color rojizo y organiza a todo un cardumen de camarones para hacerlos visibles ante la mirada de los flamingos.

Sin otra salida que tomar, estas grandes aves rosas ingieren los camarones, y entonces dentro de ellas comienza a reproducirse el parásito tenia. Así de fácilmente, los animales marinos fueron controlados por un pequeño ser que a simple vista es irreconocible.  

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La manipulación de los parásitos y sus alcances

Aunque parezca un momento de control zombi, la manipulación parasitaria es un acto natural. Existe en muchos animales y seres: en los virus, gusanos, insectos, hongos y mucho más. Todos ellos, con el único objetivo de reemplazar las voluntades de sus huéspedes o anfitriones.

El libro Parasite Rex de Carl Zimmer explica muy bien el fenómeno de la manipulación, e incluso nos hace preguntarnos si hay posibilidades de que los parásitos tomen el control de nuestro propio cerebro.

Los parásitos son realmente convincentes y deliciosamente macabros. Estos seres nos invitan a alejarnos de las historias obvias y nos muestran que su vida en realidad está llena de giros y explicaciones inesperadas.

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Siendo demasiado pequeños como para observarlos a simple vista, creemos que de alguna manera somos inmunes a ellos. Pero, si habitan los cuerpos de miles de seres en el planeta, es lógico pensar que también están en nosotros. Por ejemplo, el Toxoplasma gondii o toxo infecta a una gran variedad de mamíferos, pero sólo se puede reproducir en los gatos. Si el parásito entra en otro animal, hará todo lo posible por seguir el delicioso olor de la orina de gato para garantizar su vida.

Hasta ahora, sólo se sabe que el toxo libera una enzima que produce dopamina en el cerebro y activa la sensación de recompensa y motivación. Asimismo, sabemos que es una sola célula, no tiene cuerpo, conexiones u otro elemento. Lo que se desconoce es cómo actúa en el ser humano y si está dentro de cada uno de nosotros. Sabemos que infecta a los mamíferos y, por ello, sería ilógico creer que no puede invadir nuestro organismo.

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Siguiendo la pista…

A falta de pruebas sobre la manipulación parasitaria en el ser humano, la posibilidad de que el toxo controle nuestro cerebro se descarta. Sin embargo, esta manipulación es una parte crítica y común del mundo que nos rodea. Lo mas importante es que los científicos cada vez encuentran más parásitos y van logrando analizar cómo controlan a sus huéspedes.

Una de las características más impresionantes de la manipulación por parásitos es que éstos dejan indefensos a sus huéspedes. Transforman por completo su sentido de identidad animal y los controlan absolutamente.

Todavía queda mucho por explorar sobre la manipulación de los parásitos. Pero esta es una muestra más de las misteriosas y alocadas formas en las que la naturaleza hace funcionar la vida en el planeta. Después de todo, apenas conocemos una pequeña parte de él.

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