Seguramente, en algún momento de la vida has estado frente a una paradoja. O bueno, no literalmente, pero sí al menos en tu mente. Es común que las paradojas nos hagan detenernos a pensar un poco más de lo habitual, y suelen surgir en todo momento para después desaparecer.

O bueno, al menos la mayoría lo hace. No obstante, hay tres paradojas de la ciencia que han acompañado a la humanidad durante muchos años. Si te sientes inspirado, vamos a echarles un ojo y ver qué tanto podemos pensar fuera de la norma para encontrar su verdadero valor.

 

La paradoja de Teseo

El mítico Teseo, fundador de Atenas y protagonista de la paradoja número 1, llega a nosotros gracias al filósofo moralista Plutarco. Esta historia habla sobre el cambio y la identidad, pero te dejaremos reflexionar sobre ella para que descubras su significado:

El barco en el que Teseo y la juventud de Atenas regresaron de Creta tenía 30 remos, y fue conservado por los atenienses incluso hasta la época de Demetrio de Falero, ya que retiraron los viejos tablones a medida que se descomponían e introdujeron madera nueva y más resistente en su lugar.

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La paradoja aquí es que en la primera parte del relato se asegura que el barco quedó intacto. Si la madera fue reemplazada a medida que se descomponía, ¿qué sucedió con el barco en realidad?

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La paradoja de no pertenecerse a sí mismo

Esta idea es tan compleja como su autor, Bertrand Russell. Por suerte, Carmen Márquez García lanzó una explicación sencilla y clara sobre esta paradoja, para que todos tengamos claro de qué estamos hablando.

Comencemos por esta idea: “Un conjunto que se contenga a sí mismo realmente no es un conjunto”. Por ejemplo, si un artista pinta un cuadro y pide que alguien más pinte un cuadro de su cuadro, ¿esa última obra se pertenecería a sí misma?

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Russell asegura que no, porque que algo integre a otra cosa en el mismo conjunto no significa que la idea original le pertenezca. Es como la representación de otra representación. En este sentido, todo se vuelve un círculo, porque posiblemente la primera pintura provenga de otra pintura, y entonces esa materialidad jamás se pertenecería a sí misma.

 

La paradoja de que el movimiento no existe

Físicamente sentimos que nos movemos, pero si lo miramos en un panorama más general, ¿será que siempre estamos en el mismo lugar? La paradoja número 3 nos invita a pensar sobre si realmente el movimiento existe:

Para ir a cualquier lugar, tienes que recorrer primero la mitad de la distancia, luego, la mitad de la distancia que te falta por recorrer, después, la mitad de la distancia que te falta, y así hasta el infinito, así que nunca llegarás.

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Con el objetivo de demostrar que el universo es singular y que el cambio, incluido el movimiento, es imposible, el filósofo Zenón lanzó esta paradoja que fue rechazada durante años. Aunque las matemáticas dieron una respuesta lógica a esta paradoja, poco después la verdadera pregunta fue: ¿cómo se puede llegar a un destino si no hay movimiento?

 

En definitiva, estas paradojas sacuden nuestra mente más de lo acostumbrado. No es necesario darles una respuesta inmediata, pero al menos sabemos que no todo tiene tanto lógica como a veces quisiéramos pensar.

 

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