Oumuamua, el primer visitante interestelar, es un copo de nieve cósmico

Se cree que este extraño objeto espacial podría ser un fractal nacido de las estrellas. Poesía pura.

Oumuamua, “mensajero de lejos que llega primero” en hawaiano, es quizá uno de los objetos espaciales que más desconcierto han causado entre la comunidad astrónoma. Lo avistaron en Hawái en 2017, gracias al telescopio Pan-STARRS, y debido a su extraña forma y a la inusual órbita que parece tener, ha generado toda una mística a su alrededor.

Desde su descubrimiento, muchos astrónomos aficionados insisten –como no podía faltar– en que se trata de un resto de tecnología alienígena. Uno de los factores que más sospechas provoca hasta el momento es que su órbita es hiperbólica, es decir: Oumuamua se mueve demasiado rápido como para ser atraído por el sol. Esto es un indicador de que este extraño visitante es realmente interestelar, es decir, viene de muy, muy lejos.

Oumuamua es el primer objeto interestelar que visita nuestra galaxia.

Pero, ¿puede ser realmente un gadget alienígena?

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Según otras observaciones, Oumuamua no podría ser un asteroide, o por lo menos no un asteroide convencional. Y es que, al parecer, no es sólido. Se ha especulado que es menos denso que el aire lo que, aunado a su extensión y a su forma aparentemente plana, haría imposible que se tratase de un objeto macizo.

Tampoco podría tratarse de un cometa, ya que un nuevo estudio de la Universidad de Cambridge sostiene que las mismas fuerzas que parecían haber acelerado Oumuamua –y que deberían haber producido una cola, como la que tienen todos los cometas– también deberían haber afectado su giro. Dichas fuerzas de aceleración deberían haber torcido a Oumuamua a tal grado que éste se hubiera roto en pedazos en algún punto. 

Esto ha llevado a los astrónomos a pensar que Oumuamua podría ser algo así como un fractal: un objeto de intrincada geometría, cuya estructura ramificada le da esa apariencia de ser más pesado, cuando en realidad es ligero como un copo de nieve. Un copo de nieve cósmico.

 

¿Cómo se forman los fractales en el espacio?

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Las estructuras de un fractal pueden lucir sólidas, pero estar llenas de espacios vacíos. Esto es llamado una curva de Koch, y muestra cómo puede lucir un copo de nieve. (Eric Baird/Wikimedia)

La investigación que lanzó la hipótesis de que Oumuamua es un fractal, y que fue publicada recientemente en New Scientist, plantea que un cristal masivo como Oumuamua podría haber nacido de alguna estrella joven. Al parecer, los copos de nieve cósmicos se forman alrededor de sus discos, los cuales contienen gran cantidad de material cósmico. Estos discos son los que rodean las estrellas y forman eventualmente los planetas.

Como en dicho disco de material cósmico las temperaturas son heladas, la hipótesis es que los granos de polvo y agua helada se unen, formando fractales. Quizá Oumuamua es un fractal inusual, que cobró un gran tamaño por alguna extraña razón aún por conocer. Aunque si el universo fuese infinito, tendría sentido que sus copos de nieve fueran masivos.



La realidad no existe a nivel cuántico (¿alguna duda de que todo es una creación colectiva?)

Una investigación reciente comprobó que no hay tal cosa como “hechos objetivos”, ni en la ciencia ni en la vida.

Hace no mucho tiempo, una adolescente llamada Hillary Diane Andales ganó un premio por la manera en la que explicó, en una cátedra virtual de sólo 3 minutos, la teoría de la relatividad. La cuestión no sólo sorprende porque una jóven sea capaz de entender y dar a entender a otros algo tan complejo, sino porque su explicación parte de algo muy sencillo: la empatía.

Para entender la teoría de la relatividad, así como la mecánica cuántica, quizá no haya nada más eficaz que ser empático y saber ver a través de la mirada ajena. Eso es lo que hace la joven Andales cuando muestra cómo un 6 puede ser un 9 visto desde otra perspectiva. Pero si siguiéramos estrictamente esta línea, entonces la conclusión inevitable sería que la ciencia no descansa tanto sobre hechos irrefutables como sobre diversas alternativas.

Así, podríamos pensar que un científico jamás puede comprobar un hecho objetivo en la soledad de su laboratorio. Más bien, la ciencia es una creación colectiva –en el más amplio sentido en que podamos concebir tal aseveración–, porque la realidad es un complejo sistema del que todo observador es parte.

…Y cada observador tendrá una visión diferente de aquello que percibe.

Entonces, ¿todos somos científicos? No exactamente. La cuestión está en que nadie –ni siquiera un científico– puede ostentar la verdad absoluta sobre ningún “hecho objetivo”, porque esa realidad que los científicos estudian es una creación colectiva que todos percibimos y modificamos constantemente. Esto ocurre también a nivel cuántico, lo que ha hecho a los físicos cuestionar la realidad en todos sus niveles.

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Los hechos alternativos de la física cuántica

Físicos de la Universidad Heriot-Watt realizaron un estudio a nivel cuántico para demostrar que en la cuántica no hay hechos objetivos. Utilizando cuatro máquinas con sofisticadas habilidades de interpretación, así como partículas cuánticas de luz –fotones–, demostraron que la realidad no existe como tal, y que la forma que ésta adopta depende de cómo son percibidos los hechos por cada observador.

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La prueba consistió en que dos de las máquinas, llamadas Alice y Bob, recibían un fotón desde una central externa. Después debían interpretar el mensaje y enviar un fotón idéntico a las otras dos máquinas, Amy y Brian. Lo sorprendente fue que éstos últimos interpretaron el fotón de manera distinta que Alice y Bob, incluso pese a ser máquinas con un alto grado de precisión. A este estudio se suman otros, que han demostrado cómo los átomos sólo cumplen su conducta al ser observados. Así que esto va más allá de nosotros y de las máquinas: es una cuestión nanométrica que no puede sino llevarnos a cuestionar la realidad.

Pero entonces, ¿vivimos un mundo irreal y de posverdades?

Algunos neurocientíficos coinciden en que la realidad es una construcción de nuestro cerebro, es decir, de nuestra percepción y capacidades cognitivas que modelan el mundo. Pero filósofos contemporáneos han cuestionado tales aseveraciones, ya que esto nos llevaría a basar nuestra existencia en una vieja –y ya superada– premisa cartesiana: la de “pienso luego existo”. El filósofo Alva Noë, por ejemplo, cree más bien que la percepción es una dialéctica entre nuestro cerebro y nuestro entorno: una relación que transforma aquello que concebimos como real.

Quizá la cuántica se vea también regida por esta dialéctica, en cuyo caso no estaríamos atrapados en las “posverdades” contemporáneas, sino que estaríamos pensando el mundo –y la ciencia– desde un principio de empatía: de intersecciones, intercalaciones e imbricaciones invisibles, presentes en cada nanométrico movimiento vital tanto como en nuestra realidad aparente. Un mundo construido por cada visión y cada acción, pero en el cual si rigen algunas leyes –aunque jamás absolutas–. 

Que la realidad no existiese podría convertirse en una verdad universal, aunque tan frágil como cualquier hecho objetivo puede llegar a serlo en un mundo de múltiples verdades, donde los hechos no pueden disociarse de los procesos individuales y colectivos (o visibles y cuánticos).

 

*Imágenes: James R. Eads