Todo nuestro cuerpo es una cartografía que puede recorrerse en búsqueda de un solo tesoro: el placer. En este territorio, la piel es el órgano sexual más grande, compartido por hombres y mujeres por igual. Pero la anatomía femenina ostenta el órgano más sensible, y el único dedicado por completo al goce: el clítoris.

El clítoris cuenta con 8,000 terminaciones nerviosas.

…Y también tiene erecciones.

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No obstante, a esta zona erógena la rodean muchos mitos. Develarlos es un ejercicio de empoderamiento femenino, que no sólo nos puede ayudar a experimentar mayor placer durante el sexo, sino que puede ayudar a que las mujeres del mundo dejen atrás la cultura de la represión y liberen su libido, así como a tener una visión más allá del sexo androcéntrico que hace de la mujer un objeto pasivo.

Por eso desmontaremos –o por lo menos cuestionaremos– algunos mitos que pesan sobre la sexualidad femenina, y que sin duda las mujeres deben conocer y discutir para poder disputar el control de su cuerpo y su placer, tanto en el imaginario colectivo como en las relaciones afectivas a nivel individual.

 

Mito #1 Existen muchos tipos de orgasmo

No exactamente: porque el orgasmo vaginal no es lo que Freud pensaba…

Como casi todos los ámbitos de la vida, la ciencia ha sido una de las disciplinas que durante siglos han sido dominadas por hombres. Esto la ha sesgado, imposibilitando que entre sus conocimientos fluya también la perspectiva de esa mitad del mundo que son las mujeres. Afortunadamente el paradigma está cambiando, y nuevos hallazgos están desmontando mitos que se sustentaban en visiones científicas androcéntricas.

Una de las preguntas que más ha intrigado a los investigadores –pero en últimos tiempos, sobre todo a las investigadoras– es si realmente el clítoris es sólo un pequeño órgano en la vulva, o si se extiende hacia adentro de la vagina. Esta duda pone al descubierto la polémica androcéntrica sobre la dualidad orgásmica en las mujeres, cuya hipótesis es que las mujeres pueden experimentar orgasmos ya sea por vía vaginal o por vía del clítoris.

Esta dualidad fue teorizada por primera vez por Sigmund Freud, un psicoanalista que, aunque puede ayudar a pensar las diferencias entre géneros desde la génesis de la psique, lo cierto es que nunca pudo escapar a los prejuicios de matriz machista. Su dicotomía orgásmica nunca fue sino una hipótesis, que quizá surgía de la resistencia a pensar que las mujeres no necesitan del hombre para sentir placer.

Sin embargo, investigadoras como la australiana Helen O’Conell han demostrado que, efectivamente, existen estos dos tipos de orgasmo. No obstante, según O’Conell, esto es debido a que el clítoris tiene una estructura interna. Contrario a lo que creía Freud, el orgasmo clitoriano no desaparece “tras la adolesencia, sino que incluso es el fundamento del orgasmo vaginal.

Así que, como dijo Anee Koedt en su ensayo The myths of the vaginal orgasm:

Sólo hay un área para el clímax sexual, aunque existan muchas áreas proclives a la excitación; esa área es el clítoris. Todos los orgasmos son extensiones de sensaciones provenientes de esta área.

 

Mito #2 El punto G

Su versión popularizada ni siquiera concuerda con la original…

Popularizado en 1982 por el libro The G spot and other discoveries about human sexuality, el famoso “punto G” pretendió revolucionar los hallazgos sobre sexualidad. Pero, ¿de cuál sexualidad? Sólo la sexualidad de las mujeres había permanecido en el misterio, porque no se le había estudiado. La industria de autoayuda y el periodismo rapaz quisieron aprovecharse de ello.

El “punto G” hace referencia a quien primero formuló la hipótesis de una zona erógena en la vagina: Ernst Gräfenberg. Él planteó que la uretra de la mujer juega un papel importante en el orgasmo.

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No obstante, las indagaciones de O’Conell y otras investigadoras demuestran que este órgano no existe, aunque la teoría original de Gräfenberg no distaba tanto de la verdad. El placer que puede inducirse estimulando la vagina es gracias al clítoris y sus ramificaciones, pero parece que la esponja uretral y otros músculos, nervios y vasos sanguíneos presentes en la vagina también juegan un papel. Por eso, y según un estudio de 2014 publicado en Nature Reviews, en lugar de “punto G” debemos hablar de un área más compleja, que los investigadores llamaron provisionalmente “complejo clitouretrovaginal.

Así, el punto G no fue sino un mito que mistificó la sexualidad femenina para mal, heredero de los planteamientos que demuestran cuánto la ciencia androcéntrica ha buscado hacer el placer de las mujeres dependiente del de los hombres. Y que, a la postre, no causó sino problemas psicológicos en las mujeres que creían ser “disfuncionales” por no tener dicho órgano.

 

#Mito 3 El orgasmo femenino no tiene razón de ser

Bueno, ¿y el de los hombres sí…?

Algunas investigaciones, como la de Elisabeth Lloyd en su libro The Case of the Female Orgasm: Bias in the Science of Evolution, apuntan a que el orgasmo femenino es un subproducto de la evolución, y que no tiene razón de ser. No obstante, esta visión omite la importancia del orgasmo para la salud, y que esta sensación no necesariamente tiene que servir sólo a la reproducción humana. Además, relega a la mujer, una vez más, a ser el objeto pasivo de las relaciones entre géneros.

O’Conell menciona en Anatomy of the Clitoris que dicha idea:

Se reduce a la rivalidad entre los sexos: la idea de que un sexo es sexual y el otro reproductivo. La verdad es que ambos son sexuales y ambos reproductivos.

Si bien aún hace falta mucha investigación sobre el orgasmo y su papel en la evolución –social–, el argumento de que el orgasmo femenino es nada más que un subproducto no parece un buen punto de partida. Además, ¿no sería el placer una razón suficiente para hacerlo algo más que un agregado de la anatomía sexual femenina?

Como puedes ver, el cuerpo femenino también es un territorio de lucha. Pero sobre todo lo es de placer, y eso hay que celebrarlo y potenciarlo.