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ORBE CULTURAL

Fang-od, la artista del tatuaje tribal más longeva del mundo

En medio del corazón selvático vive la artista tatuadora más longeva. Con sus manos llenas de tradición es la representante emblemática del tatuaje tribal del pueblo butbut en Kalinga, Filipinas. Y también es el ejemplo a seguir de mujeres que la observan crear sus diseños de forma artesanal, para no dejar morir esta milenaria tradición y a la par, convertirse en mujeres independientes.

Fang-od Oggay tiene actualmente 105 años, una vida llena de tradición pues durante la mayor parte de su vida se ha dedicado al arte del tatuaje manual. Desde hace nueve décadas vive y respira este arte que la ha posicionado como una leyenda viviente en todo el mundo. Ella es la última tatuadora en ostentar el título de mambabatok, nombre que reciben los tatuadores tradicionales en el pueblo Kalinga.

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El pueblo Kalinga

Durante 400 años de ocupación por parte de los Estados Unidos y España, los Kalinga fueron de los pocos pueblos en mantenerse firmes ante la colonización. Gracias a la valentía de sus guerreros lograron mantenerse fuera del dominio de los extranjeros.

Sus guerreros eran primordiales para la subsistencia del pueblo y por ello, se veían constantemente envueltos en sangrientas batallas para defender sus tierras tanto de foráneos como de pueblos vecinos. Cuando alcanzaban la victoria, por las noches celebraban con licor de arroz, bebido de los cráneos de sus enemigos y bailando al ritmo de gongs construidos con huesos humanos.

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Pero además, los triunfantes cazadores de cabezas, asistían al mambabatok del pueblo para hacerse el batok (nombre que recibe el tatuaje tradicional). El artista plasmaba en sus cuerpos símbolos tribales como un recordatorio de su valentía para defender a su pueblo. En ese sentido, la cantidad de tatuajes estaba relacionada con el número de victorias vividas por parte de los guerreros.

La herencia de Fang-od Oggay

Actualmente el tatuaje tradicional de los Kalinga, ha ido cambiando poco a poco conforme cambia su historia. Pasó de ser un símbolo de la guerra a posicionarse como un emblema meramente cultural. Hoy en día los batuk representan la unidad, pues los miembros del pueblo indígena, los exhiben como un orgullo de pertenencia. Un concepto completamente contrario al que se vive en ciudades modernas donde el tatuaje es el estandarte máximo de la individualidad.

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Fand-od Oggay, quien fue la primera mujer en obtener el título de mambabatok, es también la última de su pueblo en ostentar este nombramiento. Con sus 105 años de edad, se encarga de mantener viva las tradiciones de su gente a través de la enseñanza. Permite que jóvenes mujeres kalinga se acerquen a ella mientras utiliza aquello que le brinda la naturaleza para plasmar diseños en el cuerpo de miembros de su pueblo y ahora de turistas también.

Con espinas de cítricos atadas a una caña de bambú, Oggay dibuja diseños intrincados en sus lienzos humanos, usando una tinta hecha a base de carbón y agua. Poco a poco golpea la piel ayudándose de un martillo de bambú, para introducir la tinta y darle forma a su arte. Las mujeres a su alrededor observan con detenimiento para mantener vivo el legado de su gente, a la par que se transforma en un símbolo de empoderamiento para ellas en nombre de su pueblo.

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El tatuaje se ha convertido en un fuerte atractivo turístico y tanto Oggay como sus aprendices, se han convertido en las principales entradas de dinero para su pueblo. Su arte las ha ayudado a generar el capital tan necesario para su gente que ahora dependen enteramente del turismo.

Oggay cree que sería muy triste que el tatuaje tradicional muriera con ella, por eso intenta transmitir sus conocimientos a través de la observación para que en un futuro, se elija a la próxima mambabatok. Sólo así el tatuaje tribal continuará alzándose como el legado más grande del pueblo de los kalinga.

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