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ORBE CULTURAL

Selenofilia, cuando la Luna embelesa hasta la fascinación

Pese a que la Luna se asoma por el este todos los días y a que podemos verla elevarse durante el transcurso de las horas, no deja de generar los más profundos sentimientos en aquellos que levantan su vista para observarla. Pero existen algunas personas que se sienten más fuertemente atraídas hacia a ella y en las que la cotidianidad ningún efecto de aburrimiento ha ocasionado. La selenofilia es un estado mental en el que la conexión con la Luna se vuelve todavía más significativo y la contemplación del orbe se transforma en una experiencia inexplicable.

Le selenofilia encuentra su etimología en los vocablos griegos Selene, que en la cultura griega era el nombre de la titán hija de Hiperión y Tea, que personificaba a la Luna; y philia, que hace alusión al amor fraternal. En conjunto conforman el término selenofilia que se utiliza para describir una fascinación por la Luna. Pese a que podría confundirse con un concepto derivado de los comportamientos parafílicos, en realidad se trata más de una experiencia mental que se sitúa entre lo poético y lo sublime, que de un trastorno mental de otro orden.

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La atracción que sienten las personas que se autodenominan bajo este concepto, se basa en la estética artística e intelectual, incluso en la curiosidad misma que genera observar hacia la bóveda celeste y encontrarse con un orbe iluminado por los rayos solares, que desvela una historia cósmica a través de sus valles, océanos y mares.

Un ejercicio de autorreflexión

Pero el amor hacia la Luna no sólo se sitúa en las curiosidades científicas que pueden revelarse a través de su contemplación, sino también de las cuestiones místicas que representa. Desde tiempos antiguos se ha asociado a las fases lunares con los ritmos de la Tierra, la germinación de las semillas y la cosecha están altamente ligadas al comportamiento de la Luna. Y no sólo eso, las mareas altas y los ciclos circadianos de los seres vivos se rigen por ella, no resultaría extraño que también tuviera incidencias en los ciclos emocionales de los humanos.

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Ya sea que usted quiera encontrar las explicaciones a estos fenómenos en las interacciones de los campos gravitatorios entre la Luna y la Tierra, o en las razones místicas, lo cierto es que están conectadas sempiternamente. Quizá sea por esto que la Luna embelesa hasta la fascinación a quienes experimentan la selenofilia, ya que rompe la estructura mental al colocarse ante la existencia de un objeto que ha estado ahí desde tiempos inmemoriales y que seguirá ahí una vez que partamos de este plano.

En parte vivir la selenofilia es un ejercicio de autoreflexión que nos hace conscientes sobre lo efímero de la vida, pero a la par, de lo eterno que puede resultar la existencia al formar parte de este Universo. La Luna es nuestra ventana más cercana hacia lo desconocido que yace allá afuera y por lo tanto, llega a fascinarnos hasta el grado del amor entendido como philos, que ha inspirado a miles de artistas a lo largo de los tiempos.

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