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ORBE CULTURAL

Las peores restauraciones de arte (un completo fracaso)

Distintas han sido las obras que se han posicionado como las más importantes del mundo ya sea por su composición estética o por su profunda manifestación del sentido del ser. Es decir, muchas de ellas han llegado a ser tan famosas por su valor cultural, pero además de eso, el arte tiene la nobleza de ayudarnos a construir una identidad histórica colectiva. Qué sería de la humanidad sin Las Meninas de Diego Velázquez, que han inspirado grandes pensamientos filosóficos como el que Michel Foucault escribiera sobre la relación del sujeto y el objeto. O sin el Hombre de Vitruvio del gran Leonardo da Vinci que nos enseñó sobre las proporciones del cuerpo. Es por esto que cuando alguna obra de arte llega a dañarse, restaurarla es de gran importancia para mantenerla vigente en el imaginario colectivo, sin embargo, no siempre sale como se espera. Hay casos en donde la restauración termina terriblemente mal y estas son algunas de las obras que se ganaron mayor fama por haber sido arruinadas por sus restauradores.

Ecce Homo

Esta es quizá la restauración que más miradas atrajo por haberse realizado en una época donde la viralidad ya era posible en redes sociales. Hasta antes de su supuesta restauración, la obra que al parecer fue pintada por Elías García Martínez, era casi desconocida. Se sabe que fue pintada en el siglo XIX por García, un artista español que era profesor de la Escuela de Arte de Zaragoza.

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En 2012, una vecina cercana a la localidad de Borja en Zaragoza, donde la pintura se exhibía en la iglesia local, se ofreció a restaurarla. No obstante, el resultado no fue el esperado y en cambio, ahora se puede apreciar un rostro de Jesús completamente desfigurado.

La máscara de Tutankamón

Pareciera que las restauraciones fallidas únicamente se dan en situaciones donde el restaurador no tiene la capacidad para realizar dicha tarea. Pero hasta en los museos más famosos se dan casos con resultados fallidos, como el de la máscara de Tutankamón que se exhibe en el Museo del Cairo, en Egipto. Durante 2015 en una restauración de dicha obra de gran valor histórico, la tan conocida barbilla dorada y azul del faraón se rompió.

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En vez de trasladar la estatuilla hasta el laboratorio para analizar la situación y arreglarla de la mejor forma, el personal decidió pegar la barbilla con adhesivo industrial que dejó una marca entre la barba y el rostro del faraón. Lamentablemente el material utilizado impidió que los daños fueran reversibles y ahora Tutankamón tiene una gran cicatriz en su cuello.

El castillo de Matrera

A finales del siglo IX, el guerrillero andalusí de origen hispano-godo Omar Ben Hafsun y de gran importancia para la región española, mandó construir el famoso castillo de Matrera. Este sirvió de fortaleza en el Cerro Pajarete para defender a Iptuci durante la rebelión contra el Emirato de Córdoba.

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Por esta razón es de gran relevancia y de hecho se le considera como Monumento Nacional en España desde 1949. Desde luego que el paso de los años han tenido un gran impacto en la construcción que ha sobrevivido a lo largo de más de diez siglos, pero en 2013 las fuertes lluvias causaron el derrumbe de las torres y por ello en 2016 se decidió restaurarlo. Pero el resultado no ha sido el más óptimo y parece que lo que antes fuera una gran fortaleza ahora sólo es una entremezcla de estructuras antiquísimas con modernas.

El Caballito

Frente al Museo Nacional de Arte en la Ciudad de México, se alza una estatua de Carlos IV a la que se le conoce popularmente como El Caballito. En 2013 la obra sufrió daños irreversibles cuando se le aplicó ácido nítrico que terminó por eliminar la superficie de pátina que protegía a la obra.

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El resultado es una decoloración del rostro del penúltimo rey español en México, que le da un aspecto extraño pues únicamente en esta región se puede apreciar el cobre al desnudo.

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