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ORBE CULTURAL

La gran conexión entre las jacarandas de México y los cerezos de Japón

Al llegar la primavera, miles de jacarandas abren sus botones de colores lilas e inundan el paisaje citadino de la Ciudad de México con una magia que en pocos lugares puede observarse de tal forma. Quizá su homónimo más conocido sean los cerezos o sakuras de Japón que al llegar la estación primaveral, esparcen sus flores rosas y blanquecinas, tapizando las calles del país nipón. Extrañamente existe una conexión entre ambas flores, gracias a la historia de cómo las jacarandas llegaron hasta México y se convirtieron en un emblema de amistad.

Se intentó poblar de sakuras a la CDMX

A principios de la década de 1900, el alcalde de la ciudad de Tokio, Yukio Ozaki, decidió sentar las bases de una amistad entre Japón y Estados Unidos. La forma de hacerlo fue regalándole cerca de 3 mil árboles de cerezo a la ciudad de Washington, donde a día de hoy todavía se les puede ver florecer cuando el invierno retrocede sus crudos fríos.

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Más tarde en la Ciudad de México existió un intento similar para poblar las calles de la capital del país con sakuras. Fue el presidente Pascual Ortíz Rubio, quien en 1930 solicitó a Japón la donación de árboles de cerezo, para plantarlos en las principales avenidas de la capital mexicana, como un emblema de las relaciones amistosas entre México y Japón.

Ante tal petición, el Ministerio Exterior de Japón pidió la ayuda de un emigrante de su país que ahora residía en la Ciudad de México, el jardinero Tatsugoro Matsumoto. El gobierno japonés pidió ayuda al experto en jardinería para evaluar la posibilidad de subsistencia de las sakuras en climas como el de México. La respuesta de Matsumoto fue contundente; los cerezos no se adaptarían a los climas tan cálidos de la capital mexicana, pues este tipo de árboles requieren de los fríos intensos que caracterizan a Japón para luego florecer en primavera.

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Un emblema de amistad entre ambos países

La posibilidad de inundar las calles de México con la magia de la naturaleza se vio en suspenso, pero Matsumoto no se dio por vencido y logró dar con un árbol similar a los cerezos. Una especie desconocida para entonces en México, de grandes tallos y flores de colores lilas, fue postulado por Matsumoto para la intención del gobierno de poblar México con las sakuras. El árbol en cuestión eran las jacarandas, una especie endémica de Brasil que según Matsumoto, se adaptaría perfectamente a las condiciones climáticas del país.

De esta forma, el jardinero japonés coordinó la reproducción de jacarandas, así como su introducción en las principales avenidas de la Ciudad de México. Con el pasar de los años las jacarandas se convirtieron en un símbolo de amistad entre México y Japón, además, para Matsumoto resultó una de las acciones más significativas en su vida, pues luego de emigrar desde el país nipón, nunca más volvería a su natal tierra y moriría en la Ciudad de México, cuidando de las jacarandas que con tanto cuidado y amor introdujo en la nación latinoamericana.

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*Tatsugoro Matsumoto cultivando las jacarandas en la colonia Roma de México

Hoy en día su legado sigue vigente y las jacarandas se posicionan como un emblema representativo de la magia de la naturaleza, en medio del paisaje urbano que se entremezcla con los colores lilas hermosos del árbol. Además, es un recuerdo de que puede existir una gran amistad entre personas aparentemente distintas, pues después de todo no somos tan diferentes unos de otros.

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