Es posible que al salir de tu hogar no identifiques el olor del planeta, pero la Tierra huele a algo y los compuestos orgánicos volátiles nos ayudan a hacer un diagnóstico de la salud del ecosistema y, por ende, de su olor.

Australia, Amazonia, California y otros sitios del mundo viven en llamas. Desde hace unos años la temperatura global se ha ido elevando y esto provoca fenómenos naturales como incendios, inundaciones, huracanes, etc. Sin embargo, se ha identificado que, tras un incendio, el olor de la tierra es distinto; ¿sucederá lo mismo con la crisis climática en general?

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De acuerdo con un estudio publicado en Global Change Biology, el impacto de la crisis climática también ha afectado el olor del planeta. Comúnmente, las plantas, los hongos, las bacterias y todos los animales (incluidos los seres humanos) desprenden compuestos orgánicos volátiles que permiten crear un circuito de comunicación en función de sus necesidades.

Ahora, la crisis climática ha alterado este mecanismo afectando las capacidades de lenguaje de la naturaleza. El aroma es la herramienta que permite medir la salud del ecosistema, su estado de vulnerabilidad y sus transformaciones.

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Cómo descubrir el olor del planeta

La vegetación produce una cascada de perfumes. Con el fin de atraer a animales como polinizadores u otras especies, los árboles y en general el medioambiente crean todo tipo de emisiones volátiles. Con la crisis climática los compuestos se destruyen más rápido, permanecen poco tiempo en el aire. La cadena se rompe. Los ecosistemas pierden un importante canal de comunicación con cada incendio e inundación.

Pero entonces, ¿cómo podemos cambiar el olor del planeta? El primer paso es identificar los compuestos que pueden alterar el olor de la Tierra. Lamentablemente, una investigación de Ana María Yañez, investigadora del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), indica que la actividad humana tiene mucho que ver con todos los elementos que determinan el aroma del planeta.

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Hoy, la humanidad elimina y sustituye ecosistemas complejos con monocultivos; por lo tanto, se pierde diversidad, lo cual lleva a una disminución aromática inquietante. El resultado es que el entorno ya no se adapta a las alteraciones, queda frágil y sin capacidad de afrontar los cambios.

La solución no implica una producción directa de los compuestos para equilibrar el daño. Lo que toca hacer es escuchar y oler el daño que le estamos haciendo a la Tierra. Las zonas naturales piden a gritos un cambio y lo han hecho de muchas formas. El olor del planeta es una forma de manifestar la crisis, de denunciar la sobreexplotación y llamar a todos a actuar para cambiar las fragancias de la naturaleza.

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