Esta científica busca la ecuación unificada para entender la realidad (¿la clave? números de 8 dimensiones)

Un álgebra de 8 dimensiones podría describir el comportamiento de ciertas partículas del modelo estándar y fundamentar las leyes de la naturaleza.

Durante décadas, los físicos y los matemáticos han sospechado que las fuerzas y partículas elementales que constituyen el tejido de la realidad tienen su origen en las propiedades de los octoniones, números de ocho dimensiones.

Murat Günaydin estudiaba en Yale en 1973 cuando encontró una relación entre los octoniones y la interacción nuclear fuerte, una de las cuatro fuerzas fundamentales del modelo estándar de la física de partículas. Sin embargo, la investigación de Günaydin siempre ocupó un espacio marginal en los círculos científicos y su novedad se agotó rápidamente.

La estudiante de posgrado Cohl Furey, de la Universidad de Waterloo, en Canadá, desarrolló el trabajo empezado 40 años antes por Günaydin. En 2014 rentó un automóvil y manejó 6 horas hasta la Universidad Estatal de Pensilvania para hablar con Günaydin sobre su propia investigación.

El veterano le aconsejó a Furey dedicarse a investigar algún otro campo de la física de partículas, pues en su experiencia, seguir investigando la relación de los octoniones con la física de partículas podría cerrarle puertas en la academia, como le sucedió a él. Pero Furey no se dio por vencida y siguió adelante; su intuición le decía que las leyes de la naturaleza se basan en los octoniones y otros campos del álgebra moderna.

Cohl Furey Cambridge Quanta Magazine
Un veterano investigador le dijo a Cohl Furey que los octoniones iban a marginarla académicamente (Imagen: Quanta Magazine)

 

¿Pero qué son los octoniones y qué tienen que ver con la física de partículas?

Los números que utilizamos a diario se llaman reales. Pueden colocarse uno al lado de otro, desde -∞ hasta ∞,  en una línea unidimensional infinita. Los octoniones, por su parte, no se comportan igual que los números reales, y tienen unas propiedades muy particulares. 

Para crear su modelo matemático de la física de partículas, Furey trabaja con el producto de cuatro álgebras de división distintas: los números reales (racionales e irracionales, como -2, -1, 0, 1, 2), los números complejos (suma de un número real y un número imaginario, como 5-7i, -4+8i, ½+¾i), los cuaterniones (números de cuatro dimensiones, ) y los octoniones, números de ocho dimensiones:

· 1 e1 e2 e3 e4 e5 e6 e7
1 1 e1 e2 e3 e4 e5 e6 e7
e1 e1 -1 e4 e7 -e2 e6 -e5 -e3
e2 e2 -e4 -1 e5 e1 -e3 e7 -e6
e3 e3 -e7 -e5 -1 e6 e2 -e4 e1
e4 e4 e2 -e1 -e6 -1 e7 e3 -e5
e5 e5 -e6 e3 -e2 -e7 -1 e1 e4
e6 e6 e5 -e7 e4 -e3 -e1 -1 e2
e7 e7 e3 e6 -e1 e5 -e4 -e2 -1

Los octoniones son muy distintos de los números a los que estamos acostumbrados en la vida cotidiana: aquí A x B no es lo mismo que B x A; de la misma forma, (A x B) x C no es lo mismo que A x (B x C), es decir, estos números no tienen propiedad conmutativa ni asociativa. Por esto se dice que los octoniones son la extensión no asociativa de los cuaterniones, porque el orden de los factores sí altera el resultado.

Furey explica que los octoniones “son capaces de describir el comportamiento de ciertas partículas y las interacciones nucleares débiles y fuertes”. 

Muchas teorías han intentado dar una explicación coherente e integral de cómo está construida la realidad natural, tomando en cuenta todos sus elementos, especialmente la gravedad, como la teoría M, la teoría de supercuerdas y la supergravedad.

Los resultados actuales han encontrado ecos en la comunidad científica. Las conexiones que Furey ha hallado entre los octoniones y el modelo estándar han sido descritas como “curiosas, elegantes y nuevas”; el reto para ella será construir un modelo octoniónico simple de todas las partículas del modelo estándar que, además, pueda dar cuenta de la fuerza de gravedad. No pressure.

Puedes dar clic para ver subtítulos en inglés, o bien, utilizar el traductor automático de YouTube

Furey ya está empezando a encontrar dificultades para asegurarse un trabajo universitario. Está dispuesta a tocar su acordeón en la calle si eso es lo que necesita para continuar trabajando en su investigación sobre los octoniones. “El acordeón es el octonión de los instrumentos musicales”, dice Furey: “trágicamente incomprendido”.



Niños cambiando la forma de pensar de sus padres: hablemos de crisis climática

Aquí una inesperada respuesta científica a este inesperado hecho.

La lucha medioambiental es nuestro mayor predicamento. Simplemente porque está poniendo en riesgo el futuro, y arruinando el presente. Los niños, con esa perspicacia e intuición que los suele caracterizar, lo saben. No por nada alguien tan joven como Greta Thunberg, de apenas 16 años de edad, se ha hecho la vocera de todo un movimiento global que se volvió masivo, y en el que todos podemos participar, estemos donde estemos.

Más allá de evocar la infancia de manera ingenua, pensándola sólo como aquello inocente y puro, lo cierto es que los niños de hoy nos están demostrando cómo se hacen las cosas. Esto es: con más empatía y menos categorizaciones sombrías. Una fórmula ciertamente más elocuente para los tiempos que corren. Porque si no, ¿cómo explicar que los niños nos estén convenciendo a todos de hacer algo ya contra el cambio climático? ¿Acaso no miles de científicos y organizaciones nos estuvieron llamando a ello desde hace, por lo menos, una década?

Sí: pero lo que necesitamos ahora no es sólo insistir, desde el mero discurso, en que todo “está mal”. Necesitamos también de acciones orientadas a cambiar el curso de la catástrofe, que hablen también desde la esperanza y el compromiso. Porque las cosas están muy mal, pero podrían estar peor.

Hasta ahora queda claro por qué los niños de todo el mundo han logrado remover conciencias. Pero un estudio publicado en Nature Climate Change lo viene a corroborar.

Un equipo de científicos sociales y ecologistas de la North Carolina State University descubrieron que los niños son capaces de convencer hasta a sus padres sobre la urgencia de hacer algo ante el caos climático. Muchos han logrado hacer que el nivel de preocupación de sus padres respecto al predicamento ambiental se eleve, lo que los investigadores consideraron un resultado de que los niños no aproximan el problema desde ningún tipo de ideología política.

Los más de 200 padres que participaron en el estudio
hablaban constantemente con sus hijos sobre el cambio climático.

Los pequeños les hacían preguntas como: “¿Qué cambios has visto en el clima?” y “¿Has visto el nivel del mar elevarse?”, que los invitaban a relacionarse directamente con el problema. Además, los padres asistían a actividades con ellos. Antes y después de estas sesiones, los padres fueron encuestados para saber qué opinaban del cambio climático y cuál era su ideología política. El nivel de interés sobre el tema subió en todos ellos, sólo que a distintas escalas.

cambio-climatico-ninos-convencen-movimiento-greta-thunberg

Así, parece que los niños, de manera innata, son mejores para atajar los problemas ahí donde deben ser atajados, sin dar vueltas sobre asuntos que, hasta ahora, sólo han logrado distraer nuestra atención y desilusionarnos de cualquier intento por incursionar en un cambio social. Porque los espectros políticos ya no son el área decisiva desde donde debemos discutir los problemas más apremiantes. Éstos fungen, si acaso, un papel organizativo dentro de las concepciones que nos hacemos; porque reconocer nuestra posición en dicho espectro es útil para identificarnos con otros y poder formar parte de colectividades con los mismos principios. No obstante, hay cosas que van más allá de ideologías, espectros políticos o principios. El predicamento ambiental es uno de ellos, pues estemos del lado del que estemos, todos nos extinguiremos si no hacemos algo.

¿Será que ganará la filosofía del “me extingo, luego pienso”?  Quien sabe. Pero por lo menos los niños del mundo no están dispuestos a dejar que eso pase.

*Imágenes: 1) Ben Piven; 2) Atlas of The Future



La vida de los dos últimos rinocerontes blancos y sus cuidadores (Fotos)

Una historia de empatía entre animales y humanos que es contada en imágenes.

Entre nosotros y los animales no hay tanta diferencia. El abanico de emociones que los animales son capaces de sentir y expresar lo demuestra, así como la empatía que esto nos genera hacia ellos. Es así que el mundo está repleto de historias de amor entre animales y humanos, que han tejido vínculos más fuertes de los que a veces pueden tejerse de ser humano a ser humano.

Lamentablemente hemos fallado como especie.
Por lo menos hasta ahora.

Así lo demuestra el hecho de que millones de especies están hoy en riesgo inminente de extinción, entre las que se cuentan decenas de animales. Muchas otras ya se han extinto, real o técnicamente, como es el caso del rinoceronte blanco del norte, del cual quedan únicamente dos hembras en Kenia, África, llamadas Fatu y Nain. El último macho, pese a haber sido el soltero más codiciado del mundo e inspirar toda clase de estrategias para salvar a su especie ­―incluso “usar” Tinder― murió en marzo de 2018, según reportó la organización Ol Peteja Conservacy.

El fotoperiodista Justin Mott ha querido mostrar, a través de su proyecto a largo plazo Kindred Guardians, cómo es la vida de estos últimos ejemplares de rinoceronte blanco. Comenzó a trabajar en él tras la muerte de Sudan, el último rinoceronte blanco macho, motivado por trabajos previos relacionados a la conservación animal.

Retratar la existencia de los rinocerontes lo llevó a retratar, inevitablemente, la de los cuidadores que los protegen día con día de los cazadores furtivos, y que lo arriesgan todo por mantener con vida a estos majestuosos animales. Y uno pensará, ¿tiene sentido si ya están técnicamente extintos? Sí, porque quien salva una vida salva el mundo entero. Lamentablemente no pudimos evitar la extinción de esta especie y muchas otras, pero podemos hacer de la vida de quienes aún están aquí algo digno de ser vivido. Y eso es lo que estos guardianes intentan hacer cada día, cuidando de estos dos bellos ejemplares con valentía y mucha ternura.

Pero las fotografías te lo contarán mejor que nosotros.

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