Deja de vivir en guerra con la comida y ama tu alimentación. Te lo decimos porque mientras continúa el aislamiento, esta es tu mejor forma de cuidarte. Sabemos lo delicioso que es comer, pero es mucho mejor tener clara la línea divisoria entre una alimentación sana y normal y la tendencia a la obesidad.

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Estados Unidos exporta obesidad a través de agresivas campañas de mercadotecnia de comida chatarra, especialmente en los países menos desarrollados

Algunos hablan de que la fácil disponibilidad de alimentos ricos en calorías (como galletas, harinas, dulces, etc.) crea un sencillo atajo para llegar rápido al aumento de peso o la obesidad. Sin embargo, hay una forma en la que podemos disfrutar de la comida sin poner la salud en riesgo, y todo está en la mente.

La accesibilidad a la comida chatarra es impactante. No es sencillo guiarnos por una alimentación saludable cuando somos constantemente bombardeados por comida procesada. La obesidad ha venido de la mano de una cultura de la alimentación que se basa en comida procesada y poco alimento natural.

 

¿Cultura de obesidad o placer cerebral?

Ahora los refrigeradores y alacenas guardan distintos productos que duran años. Hay alimentos disponibles “para siempre”. Pero, biológicamente, no fuimos diseñados para alimentarnos con comida inmortal.

Pero eso no lo decimos nosotros. De acuerdo con un estudio del Instituto Nacional de Ciencias Médicas Generales y el Instituto del Cerebro de la Universidad de Virginia, “la disponibilidad generalizada de alimentos ricos en energía y gratificantes se correlaciona con la mayor incidencia de obesidad en todo el mundo”.

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Es decir, se ha descubierto que hay un vinculo entre el centro de placer en el cerebro y el reloj biológico, que posiblemente lleva a la obesidad. Algo así como una tormenta cerebral donde el resultado es la obesidad. Pero vayamos más al fondo con esto.

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La evolución de la alimentación cerebral

Viajando hacia tiempos antiguos, los primeros seres humanos del planeta estaban diseñados para comer cuando había comida disponible. La razón era que no se sabía con exactitud cuándo sería la próxima comida.

Hoy, la situación es distinta. No podemos comer cada que tengamos algo disponible, pues jamás terminaríamos. Además, la mayoría de los alimentos a los que tenemos acceso en la actualidad incluyen demasiadas calorías, azúcares y harinas.

La simple razón por la que ahora no podemos comer a cada instante es que este tipo de alimentos activan el centro de placer del cerebro. Por ende, nuestro cerebro recibe una señal biológica de saciedad. Nos sentimos bien, satisfechos, hasta que nos volvemos adictos y dependientes a ese sentimiento (no a la comida).

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Antes, el ser humano funcionaba a través de la disponibilidad escasa de comida. Había un horario o espacio determinado para hacerlo. En el mundo moderno es distinto, los alimentos están 100% disponibles a todas horas e incluso durante años. No estamos limitados ni física ni cerebralmente, y esto contribuye a que la epidemia de obesidad crezca en todo el mundo. A la par, la comida moderna contempla grandes cantidades de calorías y carbohidratos.

 

¿Qué hacer para limitar el placer cerebral (y, por ende, la obesidad)?

El secreto está en la ventana de alimentación. Crea espacios para comer y para no comer. Algunos optan por el ayuno intermitente para impulsar al cerebro a que se desacostumbre al placer mental. Puedes intentarlo al comenzar con cenas más ligeras. No cambies de un día para otro tu dieta, porque tu cuerpo puede resentir esa transformación y desequilibrarse. Intenta eliminar alimentos que sepas que no necesitas, y toma mucha agua.

Crea ventanas en lapsos de tu día; por ejemplo, después de desayunar evita comer alguna chatarra y prueba con semillas. Este tipo de ventanas con alimentos alternativos puede ir disminuyendo tu sensación cerebral de placer, llevándote nuevamente al equilibrio.

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