Las autoridades del condado de Oakland, en California, votaron a favor de una nueva ley que instruye a las fuerzas de policía a tomar como su “menor prioridad” los arrestos por posesión de sustancias alucinógenas, como los “hongos mágicos”, el peyote o la ayahuasca.

Aunque la ley no apoya abiertamente el uso de estas sustancias, la idea es que su disponibilidad ocurra de la mano de una campaña de prevención de daños. Uno de los mayores impulsores de la reforma es el grupo Decriminalize Nature Oakland, que reunió el apoyo suficiente a través de información sobre el uso potencial de los alucinógenos como tratamiento de padecimientos psiquiátricos.

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Lo que establece la ley es que el uso de “plantas enteógenas” no es motivo de persecución criminal en Oakland (aunque sí lo es a nivel federal). La votación favoreció la enmienda gracias al testimonio de más de 30 personas, quienes hablaron del potencial de estas sustancias como tratamiento para la depresión, el estrés postraumático y el control de adicciones, además de los usos espirituales de algunas culturas nativas americanas.

Otras voces durante la votación también solicitaron añadir a la ley la obligación de ofrecer una guía de uso a los usuarios, además de recomendaciones como la de consultar a su médico antes de autoprescribirse un tratamiento con plantas enteógenas, así como empezar con dosis suaves para conocer las reacciones que pueden diferir enormemente entre pacientes con los mismos diagnósticos.

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En países como Holanda y Portugal, la descriminalización ha dejado históricas lecciones (AP Photo/Peter Dejong)

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El médico Michael Clarendon señaló que, a pesar de que muchos pueblos han usado consistentemente este tipo de plantas durante miles de años, esto se hacía dentro de un contexto ritual. Para los occidentales modernos, asegura, las “plantas de poder” no son más que placebos recreativos que se añaden a la ya de por sí preocupante población adicta a opioides, drogas legales y medicamentos de prescripción.

La venta y comercio sigue siendo ilegal, y el uso de enteógenos sintéticos como el LSD y el MDMA permanece sin cambios. En otras palabras, todo tipo de sustancias enteógenas permanecen en la clasificación 1 según las leyes federales, donde están las que supuestamente provocan mayores abusos y peligro de adicción.

Sin embargo, lo que ocurre cuando una ciudad descriminaliza las sustancias enteógenas es que se abre paso no sólo a nuevas posibilidades para la salud mental que no atraviesen el dispositivo psiquiátrico-hospitalario: se trata también de generar contextos donde la búsqueda de la salud, así como los casos de abuso de sustancias, sean tratados con el mismo cuidado y atención que un grave problema de salud por parte de las autoridades. Descriminalizar la posesión de pequeñas cantidades no incentiva el consumo sino que evita aumentar los casos de brutalidad policíaca, presupone un incremento del presupuesto de defensa contra los consumidores (muchas veces de bajos recursos y racializados) y evita el encarcelamiento de jóvenes por crímenes menores. A nivel social, representa una segunda oportunidad para muchos.

La investigación científica también se ve beneficiada con este tipo de medidas, porque no existe otra forma de conocer los efectos de estas sustancias –que la gente de cualquier manera sigue utilizando– para construir tratamientos efectivos, así como esquemas de información y prevención de daños.

 

* Imagen principal: Dancing-Astronaut

 

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