Las señales de un cambio están surgiendo y queremos tomarnos un momento para celebrarlo. Es verdad que el camino hacia una sociedad sostenible apenas comienza. Pero Nueva Zelanda se ha detenido a analizar lo que sería una de las mejores propuestas mundiales hasta ahora: garantizar el bienestar social por sobre la economía.

Anteriormente hemos podido comprender que el crecimiento de la economía no asegura en ningún sentido el bienestar de las personas y mucho menos el del medioambiente. Por suerte, no hemos sido los únicos que han llegado a esta conclusión.

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La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, aseguró durante un encuentro con empresarios en Auckland que “si bien el crecimiento económico es importante, y es algo que seguiremos buscando, por sí mismo no garantiza las mejoras de los estándares de vida de los neozelandeses”.

“Nadie quiere vivir en un país donde a pesar de un fuerte crecimiento económico hay familias sin hogar, donde el medioambiente se degrada con rapidez o donde las personas con problemas de salud mental no reciben el trato que necesitan”, añadió Arden (EFE).

 

¿Cómo lograr el bienestar social?

En buena hora, la dirigente de un país se ha detenido a evaluar los efectos de un crecimiento basado en la descomposición social y ambiental. Y no categoricemos este hecho como algo que “sólo pasa en esos países”, porque eso sería considerar la batalla como perdida antes de intentarlo.

Nueva Zelanda decidió atender la situación al presentar un presupuesto de bienestar social que se enfoca en la indigencia, la pobreza infantil, la salud mental y la violencia doméstica, entre otros temas fundamentales. El bienestar social se ha puesto delante de un enfoque tradicional de coste-beneficio. Ahora el presupuesto está centrado en áreas en las que se pueden tener grandes oportunidades de mejorar la vida.

El Ministerio de Finanzas utiliza el “marco de los estándares de vida” una herramienta que mide los parámetros de vivienda, ingresos, consumo, medioambiente y conexiones sociales con el objetivo de financiarlos y mejorarlos. Asimismo, evaluaron sectores en los que se podían hacer recortes.  

 

Rescatar el bienestar para crear una economía sana

Seamos honestos, ninguna economía mundial se puede dar el lujo (bajo el pensamiento conservador) de gastar de más. No obstante, con cambios o sin cambios todas las economías están dentro de la incertidumbre global.

El ministro de Finanzas Grant Robertson señaló que ninguna economía puede ser lo suficientemente exitosa si detrás de ella existe pobreza, indigencia o un alza en la desigualdad. Por esta razón, es hora de que los gobiernos dejen de engañarse y atiendan las problemáticas fundamentales de los ciudadanos. No habrá economías exitosas mientras se arrastren problemas de bienestar social, ni siquiera en Nueva Zelanda.

Integrar índices de bienestar social es un paso hacia la economía sana. Por ejemplo, el Reino de Bután ha integrado dentro de sus políticas públicas la felicidad y el medioambiente, un sistema que se basa en cuatro pilares básicos: promoción del desarrollo sostenible e igualitario en términos socioeconómicos, preservación y promoción de valores culturales, conservación del medioambiente y establecimiento de un buen gobierno.

Algunos han criticado este sistema como una careta para promover el turismo. Sin embargo, el primer ministro de Bután, Lotay Tshering, hace énfasis en que la democracia es realmente única, es decir, se pone el interés personal por encima del interés nacional.

Estos dos casos son hechos significativos que demuestran que entender la situación de crisis actual y actuar para erradicarla es posible. Lo único que necesitamos es presionar a los líderes, hacerles saber que hay formas de lograrlo si hay un compromiso real.

 

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