Las nubes son una masa visible compuesta de cristales de hielo o gotas de agua microscópicas suspendidas en la atmósfera, pero son mucho más que eso. Son formas mutantes que hidratan la imaginación y la tierra. Recostados en el pasto, buscamos mensajes ocultos o imágenes familiares; una noble manera de procrastinar y conectar íntimamente con el entorno.

Cambian los colores y las formas de las nubes, dejando a su paso las huellas invisibles del tiempo. Encuadran y descuadran el cielo constantemente; así, cada día es distinto. Y en esa novedad, el ejercicio de observar sus majestuosas formas es inagotable.  

Para la vida citadina, hacer una pequeña pausa para mirar las nubes puede ser muy significativo. Es un momento para sentir el cuerpo fuera de la dictadura de la inmediatez. Por eso, hoy te queremos compartir algunos textos para ayudarte a cultivar esta actividad pero, sobre todo, para prestarte los ojos de otras personas. Con ellos tal vez encuentres en el cielo cosas que nunca habías visto, y en esa sorpresa existe la posibilidad de cambiar la percepción que tienes de las nubes y la relación que tienes con la naturaleza.  

F. C. Lewis

 

Jorge Luis Borges, “Nubes”

No habrá una sola cosa que no sea
una nube. Lo son las catedrales
de vasta piedra y bíblicos cristales
que el tiempo allanará. Lo es la Odisea,
que cambia como el mar. Algo hay distinto
cada vez que la abrimos. El reflejo
de tu cara ya es otro en el espejo
y el día es un dudoso laberinto.
Somos los que se van. La numerosa
nube que se deshace en el poniente
es nuestra imagen. Incesantemente
la rosa se convierte en otra rosa.
Eres nube, eres mar, eres olvido.
Eres también aquello que has perdido.

Shaun Tan

 

Virginia Woolf, fragmentos de Las olas

Allí estaban las nubes grises y flotantes y el árbol clavado, el árbol implacable con su corteza de plata cincelada. El borbollón de mi vida era infructuoso. Yo no podía pasar al otro lado. 

Él disipa las nubes de polvo que se agitan en mi espíritu trémulo, ignominiosamente agitado, y el recuerdo de las danzas alrededor del Árbol de Pascua de los regalos envueltos en papel.

Se diría que el mundo entero estuviese hecho de flotantes líneas curvas: los árboles en la tierra y en el cielo las nubes. A través de las ramas de los árboles contemplo el cielo. Parece que la partida se estuviera jugando allá arriba. Débilmente, entre las suaves nubes blancas, escucho el grito de: «¡Correr!» o «¡Arbitraje!». Las nubes parecen perder guedejas de blancura a medida que la brisa las va despeinando. Si aquel azul pudiera durar eternamente, si aquel hueco entre las nubes pudiera durar eternamente, si este instante pudiera durar eternamente…

Tomo a los árboles y a las nubes como testigos de mi completa integración. …

 

Bruce Levine, “Clouds”

Clouds
drifting across the sky
in imaginary forms

Clouds
making imaginary images
that only the mind
can put together

Clouds
of varying shades
and shapes

Clouds
metamorphosing

Clouds
morphing
into the unknown

Clouds
metamorphosed

Clouds
floating
like the Goodyear blimp
off on the horizon

Clouds
lost
shapeless
meeting
and reforming

Clouds
like foam on the ocean
endless and everlasting
but empty in their
subtlety

Clouds
like cotton candy
pink then white
shifting shades
of gray

Clouds
filled with rain
or as
ephemeral
as infinity
ethereal
everlasting

 

 

Goethe, fragmento de El juego de los cielos

Todo siguió igual hasta el amanecer. El cielo entero estaba cubierto de nubes aisladas, que se rozaban unas a otras, y de las cuales una parte se disolvía en la capa superior de la atmósfera, mientras la otra bajaba tan hirsuta y cenicienta que a cada momento esperábamos verla bajar en forma de lluvia. 

 

 

Gabriela Mistral, “El pavo real”

Que sopló el viento y se llevó las nubes
y que en las nubes iba un pavo real,
que el pavo real era para mi mano
y que la mano se me va a secar,
y que la mano le di esta mañana
al rey que vino para desposar.
¡Ay que el cielo, ay que el viento, y la nube
que se van con el pavo real!