Trepar a un árbol es más seguro para los niños que practicar deportes (e igual de estimulante)

Trepar árboles, incluso a pesar de los aparentes riesgos, es una de las actividades básicas a las que todo niño y niña deben tener derecho.

Subir por los troncos y ramas de los árboles es un impulso inmediato de los seres humanos, desde sus primeros años de vida. ¿Tendrá algo que ver con nuestra evolución, con la sensación de la madera viva contra la piel infantil?

No lo sabemos, pero basta sumergirnos un momento en la memoria para que cada uno pueda recordar la sensación de triunfo y satisfacción (tal vez también de agotamiento y dolor) que se tiene al observar la tierra desde las altas ramas de un árbol.

Sin embargo, los parques urbanos y los jardines privados en las ciudades han conferido a los árboles un aura de peligro, de algo que sí, sin duda debe protegerse a toda costa, pero que es potencialmente dañino.

Un niño intenta trepar a un árbol y rápidamente uno de sus padres tratará de disuadirlo. ¿Por qué? Tal vez porque creemos que puede caerse y hacerse daño.

 

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Trepar árboles, incluso a pesar de los aparentes riesgos, es una de las actividades básicas a las que todo niño y niña deben tener derecho

 

¿Qué tal peligroso es que los niños y las niñas trepen a los árboles?

Sin embargo, estadísticamente es más probable que el niño sufra una lesión que amerite atención hospitalaria si practica un deporte organizado. Al menos esta fue la conclusión de un metaestudio de 2016 de la Universidad de Phoenix:

Los investigadores entrevistaron a 1,600 padres que dejaban a sus hijos trepar árboles y encontraron que la lesión más frecuente era, por mucho, los raspones en la piel. Sólo un 2% de los padres respondió que su hijo se había roto un brazo, e incluso menos que hubieran sufrido una contusión. Mientras tanto, más de 3.5 millones de niños estadounidenses menores de 14 [años] reciben tratamiento médico cada año por lesiones de deportes organizados.

Es interesante cómo los padres creen que un niño vestido con la armadura de un jugador de futbol americano está más protegido en el campo de juego que un niño que sube a un árbol. Al menos la estadística está en contra.

Es posible que el niño se raspe, que se caiga y sufra alguna herida. Pero aunque no se trate de un deporte oficial de competencia, trepar árboles y jugar en ellos es una forma de enseñar a los niños y niñas sobre el cuidado del medioambiente, además de darles recuerdos (y el ocasional rasguño) que conservarán toda su vida.

Además, trepar árboles puede ser un acto político, como lo atestigua Julia “Butterfly” Hill, que vivió 2 años sobre una secuoya para evitar que la talaran.

 

* Imagen principal: Bower & Branch



Una pareja reforestó todo un bosque como proyecto de vida (este fue el resultado) 🌲

Y ahora es refugio para cientos de animales en peligro de extinción.

La vida en pareja es indisociable de los proyectos a mediano y largo plazo. Toda relación requiere de que se forme un proyecto de vida en común que dé sentido a la existencia compartida.

Pero existen muy pocos casos donde un compromiso de amor muto se vea nutrido por una labor tan noble como la realizada por Léila y Sebastião Salgado, una pareja que en 20 años reforestó un bosque tropical en Minas Gerais, al sureste de Brasil.

Ahí había vivido Sebastião durante su infancia y juventud. En la preparatoria conoció a Léila, y ambos llegaron a vivir en París y en Londres, ya que su país pasaba por tiempos convulsos. Durante ese tiempo Sebastião estudió economía y estuvo a punto de trabajar para el Banco Mundial. Pero intempestivamente decidió que lo suyo era la fotografía, y su trabajo como fotoperiodista lo llevó a África, donde documentó el terrible genocidio de Ruanda.

Cuando por fin la pareja pudo volver a Brasil tras el fin de la dictadura, y desgastado de tanto documentar el sufrimiento humano, Sebastião se encontró con que en su antiguo hogar también había ocurrido un genocidio. Sólo que éste fue perpetrado contra la naturaleza: ya no había bosque en Valle del Río Doce. Quedaba un yermo territorio sin vida animal a la vista.

Pero cuando todo parecía perdido, Léila le propuso a su compañero hacer de la reforestación de Valle del Río Doce su proyecto de vida. Y así fue como dieron inicio, en 1998, a un proyecto que implicó la creación de una organización ambiental, llamada Instituto Terra, la cual ha fomentado, desde entonces, el desarrollo sustentable de esta zona.

Antes y después del bosque en Valle del Río Doce:

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Casi 3 millones de árboles fueron plantados.

Ahora, este santuario es hogar de cientos de especies en peligro de extinción, entre ellas aves, mamíferos, anfibios y reptiles, además de casi 300 árboles distintos. Pero nadie los llevó ahí: ellos simplemente regresaron al bosque que les había sido arrebatado debido a la deforestación masiva y otras intromisiones humanas.

La labor de esta pareja se ha extendido más allá de los confines de Valle del Río Doce y Minas Gerais, y ha permeado hasta otros estados de Brasil que comparten este gran territorio natural que es el bosque atlántico, y que se extiende hasta Paraguay y Argentina. Además, desde el año 2002 cuentan con una escuela medioambiental, y hasta diciembre de 2012 se desarrollaron más de 700 proyectos de desarrollo sustentable, conservación y restauración.

En el siguiente corto documental puedes ver más de este proyecto, que sin duda es un hermoso ejemplo de cómo dar sentido a la existencia compartida. Si quieres saber más de la labor fotográfica de Sebastião Salgado –y en caso de que no lo hayas visto–, puedes ver el maravilloso documental La Sal de la Tierra, hecho por su hijo, Juliano Ribeiro Salgado.

 

*Imágenes: 1) Luiz Maximiano; 2) Instituto Terra



“One Strange Rock”, o un punto azul pálido en la inmensidad oscura (Documental 🎬)

A través de 10 capítulos, la miniserie documental busca redescubrir el asombro por esta roca espacial a la que llamamos “hogar”.

Cuando los astronautas miran la Tierra desde el espacio más lejano posible, experimentan un cambio de perspectiva azorador. El territorio que pisas, las millones de personas a tu alrededor; ni siquiera la perspectiva bidimencional con la que tus ojos ubican lo que tiene en frente existe. El Overview Effect (o efecto perspectiva), un fenómeno cognitivo que transforma la perspectiva de los astronautas dándoles la impresión de que la Tierra es una unidad, un todo

Y en efecto, puede que nunca nadie lo haya entendido mejor: somos parte de un solo ser. Desde una visión “galáctica”, como le gustaba proponer al siempre recordado Carl Sagan, la Tierra es apenas un punto azul pálido en medio de la inmensidad oscura.

Daily Overview

Bajo esta perspectiva única, la serie documental “One Strange Rock” (Una extraña roca), explora la naturaleza de nuestro planeta: el más íntimo detalle o su entera magnitud desde la mirada cósmica. 

“One Strange Rock” es sin duda una de las series que hay que ver en Netflix. En tiempos de crisis ambiental, Will Smith nos lleva por un viaje singular a través de nuestro apabullante planeta: ese pálido punto azul. 

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Pero esa extraña roca que orbita un joven sistema solar es, contra toda probabilidad, un oasis rebosante de vida.

De hecho, las probabilidades para el surgimiento de la vida son tan escasas en lo que podemos ver en la vecindad del cosmos, que resulta un imperativo ético preguntarnos por nuestro papel en la trama de la existencia.

“One Strange Rock” fue producida por National Geographic, cuenta con la dirección del cineasta Darren Aronofsky, y es narrada por el carismático Will Smith. Además de su carrera en la música y el cine, Smith se involucró desde hace muchos años en organizaciones no lucrativas a través de su trabajo filantrópico en la Will & Jada Smith Family Foundation (WJSFF).

¿Pero por qué un director como Aronofsky, que cuenta con producciones como Black Swan o Réquiem por un sueño se involucraría en un proyecto documental sobre la vida en el planeta? Según el propio director, la idea es “llevar a los espectadores a través de la historia de las maravillas alucinantes que hacen posible la vida en la Tierra.”

Y es que, a diferencia de otras series similares, “One Strange Rock” busca contar la historia de la Tierra como si fuese una biografía planetaria: desde sus duros inicios geológicos hasta la creación de vida capaz de trascender sus fronteras y contemplarla desde las alturas interestelares.

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Es también por eso que “One Strange Rock” cuenta con entrevistas y participaciones de científicos y astronautas de élite como Chris Hadfield, Mae Jemison (la primera mujer afroamericana en una misión espacial), Nicole Scott y Jerry Lineneger, capaces de aportar perspectivas inusitadas, de lo microscópico a lo aeroespacial.

 

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