La niñez es quizá la etapa de la vida más libre que experimentamos durante la vida y no precisamente porque seamos aptos para vivir toda clase experiencias, sino por la libertad mental. Los niños están limpios de prejuicios y estereotipos sociales, quizá su conocimiento sobre el mundo no sea el más amplio. Pero justamente esta es su mayor fortaleza; son capaces de ver la vida de una forma más transparente y sin tantas complicaciones. Así que quizá debemos quitarnos un poco el ego adulto y aprender más sobre su sencillez, regresar a nuestra esencia a través de las valiosas enseñanzas que podemos aprender de los niños.

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Tres grandes enseñanzas de los niños a los adultos

Sin estereotipos ni fronteras

La capacidad de los niños de reconocer lo Otro es sumamente impresionante. Sus pequeñas pero inmensas mentes no poseen estereotipos, ni tampoco responden al deber ser que la sociedad impone. De ahí que sean capaces de practicar con naturalidad lo que como adultos llamamos inclusión. El concepto de inclusión ni siquiera tiene cabida en sus mentes, pero lo practican con bastante naturalidad. Su autenticidad no hace diferencias, para los niños todos somos únicos en sus diferencias, no necesitamos ser iguales porque cada uno tiene sus propias peculiaridades y a su corta edad ellos lo comprenden bastante bien.

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Curiosidad e imaginación infinitas

Parece sumamente impresionante que dentro de un pequeño cuerpecito quepan tantas ideas. Si alguna vez has observado a niños jugar, seguramente has notado que son capaces de ver mundos completos que como adultos hemos perdido la capacidad de construir. Esto es porque su curiosidad, imaginación y capacidad de sorpresa siguen intactos. 

Así sea un detalle sumamente simple para un adulto, los niños son capaces de encontrar chispas de felicidad y emoción en cualquier rincón de la vida. Y es sorprendente que regresar a esa esencia cueste un poco de trabajo. ¿Alguna vez has intentado jugar como los niños? Al principio resulta aburrido, porque nuestra imaginación se ha apagado con el pasar de los años, pero conforme lo intentamos cada vez más, brotan destellos de creatividad que estimulan la imaginación.

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Amor sin barreras

Los condicionamientos para el amor se aprenden con los años y a medida que las heridas nos hacen pensar que es mejor no mostrar nuestros sentimientos. No obstante, la represión siempre resulta contraproducente y a muchos les cuesta años de terapia. En la infancia el autocontrol no es precisamente una característica presente en el buen y el mal sentido. Con los años y gracias a la educación, comprendemos que llorar desbordadamente no está bien, pero también aprendemos que amar sin condiciones no es una práctica recurrente de la sociedad. Grande error.

No hay nada más puro y genuino que el amor de un niño, no es un amor mercantil como el que practicamos los adultos, es decir, no esperan nada a cambio. Por el contrario, es incondicional y no está limitado a lo que puedas ofrecerle, te ama simplemente por el hecho de existir en su vida.

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La vida tiene misteriosas formas de enseñarnos. De niño cuando comprendemos que existe un mundo allá afuera destinado para los adultos, queremos acelerar la expansión mental y volvernos un adulto. Sin embargo, los años nos enseñan que lo más puro y sano, es recordar la esencia de la niñez, aunque claro, no podemos pretender regresar a ser un niño en el cuerpo de un adulto. Se trata más bien de aceptar la sabiduría que nos han brindado las experiencias con los años, pero reaprender a vivir la vida bajo las sabias enseñanzas de los niños.

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