El goce es uno de los motores más grandes del mundo. Cuántas cosas y acciones no giran en torno a él, que persiguen el fin de satisfacer las necesidades e instintos más bajos del ser humano. Las redes sociales, las compras por internet, incluso la relación misma que tenemos con la comida y una infinidad más de acciones, están pensadas para satisfacer la búsqueda del placer. Pero ¿acaso podemos evitar el goce excesivo y descubrir el autocontrol? Según Nietzsche, sí podemos. 

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Jake Foreman

“Una vez más”, es el pensamiento recurrente que le sigue a una chispa de dopamina generada por alguno de estos detonantes. Parece un espiral sin salida y realmente puede llegar a serlo, somos bastante malos con la moderación.

Es común escuchar de alguien a quien vemos cautivado por un placer: “puedo dejarlo cuando yo quiera”. Si realmente fuéramos buenos para la abstención, la sociedad no estaría construida sobre el hedonismo de generar y satisfacer los placeres más ocultos. Y no nos referimos a las acciones más condenadas y prohibidas, sino a simples actos de la vida cotidiana.  

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Jake Foreman

Comúnmente nos encontramos ante un escenario dicotómico. Por un lado, está hacer caso a nuestros instintos dionisiacos. Por el otro, el de la negación total, aunque somos conscientes de que esta idea nos meterá en una tensión que tarde o temprano terminará por romperse y volveremos a caer en los placeres de la tentación. Entonces, ¿qué camino elegir?

Ascetismo negacionista

Por si no estás muy familiarizado con el término ascetismo, este basa su filosofía en la abstención y la práctica de negarse a sí mismo los placeres mundanos, con fines espirituales. Sin embargo, como Nietzsche lo señala en Sobre la genealogía de la moralidad, el “ideal ascético” niega por completo el mundo material. Quien fuese capaz de negarse a todos los placeres de la vida rayaría en la inhumanidad, una persona sin voluntad, sin preferencias, vacío total. De hecho, Nietzsche incluso llega a llamar al ascetismo tradicional como una “voluntad de nada”.

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Jake Foreman

La preservación de la vida no es justamente lo que el pensador alemán creía como un camino ad hoc hacia el dominio del ser. Por el contrario, sostiene que la elección de un sendero hacia el ascetismo debería ser más bien una filosofía que no se basa en la negación, sino en el fortalecimiento de la voluntad. La creación de un espacio en el que uno pueda ejercer su propio poder verdadero.

“Quiero hacer que el ascetismo sea natural una vez más: en lugar del objetivo de negación, el objetivo de fortalecer; una gimnasia de la voluntad; abstinencia y períodos de ayuno de todo tipo, también en el ámbito más espiritual”.

Gimnasia de la voluntad de Nietzsche

En lugar de negar la vida y privarse de ella, el ascetismo propuesto por Nietzsche nos habla de un medio para alejarse de todo, con el fin de hacer lo más poderoso que un hombre puede hacer: pensar. En otras palabras, el ascetismo es en realidad un puente hacia un espacio de cuidado de sí mismo. Un lugar de encuentro con uno mismo, donde la búsqueda del placer hedónico se transforma en un sitio de calma y autodominio.

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Vía HighExistence

Contrario a la “voluntad de la nada”, la gimnasia de la voluntad de Nietzsche es una oportunidad para fortalecernos. Una especie de autoforja donde se transforma la voluntad en un puente hacia la fortaleza mental, que a su vez puede traducirse como disciplina y el dominio del ser.

De esta forma seremos capaces de perseguir metas más significativas que nos conecten con el yo interior. A su vez, la vida cobrará sentido, más allá de la búsqueda de breves chispas de dopamina que no dependen de nosotros mismos, sino de algo exterior. Es verdad que vivimos en constante búsqueda, de ahí la vida hedonista de la actualidad, pero también es cierto que las respuestas que calman el vacío están dentro de nosotros mismos. Sólo tienes que aprender a estar dentro de ti y fortalecer la voluntad.

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