Neil deGrasse Tyson recomienda estos 8 libros a las personas que se consideran inteligentes

No son libros con datos que necesitan ser procesados o absorbidos. Son libros que fomentan la inteligencia humana a partir del libre pensamiento, la reflexión y el discernimiento.

Una persona inteligente no es una máquina que procesa datos. La inteligencia humana se ejerce a partir del discernimiento y para desarrollar esa capacidad es necesario conocer, dudar, sentir curiosidad por lo desconocido y no dar todo por aprendido.

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Como el buen científico o filósofo que permanece abierto a cualquier posibilidad, esta lista de libros recomendados por el astrofísico Neil deGrasse Tyson invitan a explorar la influencia de diversos temas en la especie humana. No se trata de entender o dominar perfectamente de qué tratan estos libros, sino de reflexionar sobre el impacto que han tenido en la psique humana. Cómo la han moldeado, sobre todo en la sociedad occidental.

Y como aclaró deGrasse Tyson en su respuesta a un usuario en el foro Reddit:

Si leen todas las obras, obtendrán una visión profunda de  lo que ha impulsado la historia del mundo occidental.

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La Biblia

Para aprender que es más fácil que otros te digan qué creer y pensar, que pensar por ti mismo.

 

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El sistema del mundo – Isaac Newton

Para aprender que el universo es un lugar cognoscible.

 

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El origen de las especies – Charles Darwin

Para aprender de nuestro parentesco con toda otra vida en la Tierra.

 

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Los viajes de Gulliver – Jonathan Swift

Para aprender que, la mayoría de las veces, los humanos somos criaturas salvajes.

 

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La edad de la razón – Thomas Paine

Para aprender cómo el poder del pensamiento racional es la principal fuente de libertad en el mundo.

 

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La riqueza de las naciones – Adam Smith

Para aprender que el capitalismo es una economía de avaricia, una fuerza de la naturaleza en sí misma.

 

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El arte de la guerra – Sun Tzu

Para aprender que el acto de matar a otros seres humanos puede elevarse a un arte.

 

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El príncipe – Maquiavelo

Las personas que no están en el poder harán todo lo posible para adquirirlo, y las personas en el poder harán todo lo posible para mantenerlo.



La atención es nuestro puente con el mundo

La economía de la atención gana millones robando nuestra atención, pero, ¿cómo podemos recuperarla para alcanzar nuestros objetivos?

Nuestras capacidades cognitivas son nuestro puente con el mundo. Son aquella habilidad que nos permite conocerlo, pero también inteligirlo, memorizarlo y nombrarlo. Más aún: son un aspecto esencial de la conciencia humana.

¿Qué tan importantes no serán estas capacidades, que en la actualidad son explotadas por otros?

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La información se ha vuelto una mercancía. Y para poder competir, las grandes industrias de todo tipo –pero sobre todo las industrias techtienen que lograr captar nuestra atención, vendiéndonos cierto tipo de información. Lo único que quieren es que demos click y que nos quedemos viendo un video por más de tres segundos. O en el caso de la publicidad, nos siguen bombardeando con mensajes irrisorios y cacofonías estridentes.

Cada dos días es generada más información de lo que se generó en toda la historia de la humanidad antes de 2003

Lo malo –para las industrias y para nosotros– es que hemos entrado en un circulo vicioso. Mientras más atención nos exigen, menos atención somos capaces de prestar. La demanda por atención nos aletarga, y por eso hoy son usadas insólitas formas para explotar nuestras capacidades cognitivas. Para ello se utilizan todo tipo de recursos: psicológicos, neurológicos, de programación y de diseño.

¿A que grado se está viendo comprometida nuestra atención?

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Tenemos distintas formas de prestar atención. Estas se producen en los dos hemisferios del cerebro: en el hemisferio izquierdo está la atención más analítica, mientras que en el derecho está una atención más enfocada a la exploración sensorial. Estas capacidades se complementan: el hemisferio izquierdo es el que le da una representación a la totalidad captada por el hemisferio derecho.

De alguna manera, la atención del hemisferio derecho, que es la más libre, la que no se “engancha”, sino que se mantiene al tanto de todo, es aquella que se está viendo más comprometida debido a la economía de la atención. Porque la atención que reclama el Internet, las redes sociales y los servicios de entretenimiento, es una atención inmediatista, de gratificaciones al instante. Apaga nuestra modalidad de exploración y nos engancha a una sola cosa: a las pantallas.

¿A qué quieres prestar atención?

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Pero la atención en realidad es una experiencia, no sólo un recurso. Y es una capacidad que nos permite encontrar nuestros intereses y llevar a cabo nuestros propios objetivos. Por eso es urgente que dejemos las pantallas y volvamos a explorar al mundo y a nosotros mismos con él. Quizá la pregunta más pertinente sea: a qué queremos prestarle atención… ¿Lo habías pensado?

Si quieres dejar de ser explotado por la economía de la atención, ya existen algunas propuestas, como el minimalismo digital, que sirven como modelos para tener una vida menos tecnológica y más orgánica. A esto se suman prácticas que podemos adoptar, como la meditación mindfulness, el hacer de la comida un ritual de principio a fin –y dejar de comer frente a las pantallas comida rápida–, o incluso prácticas sin una finalidad aparente, como salir a dar una caminata.

Así podremos conquistar nuevamente nuestra atención consciente y enfocarla en lo que verdaderamente importa.

Imágenes: Piero Fornasetti



Elon Musk cree que el universo podría ser una simulación (y Neil deGrasse Tyson podría estar de acuerdo)

El universo se comporta de maneras impredecibles que siguen intrigando a empresarios y científicos por igual.

El empresario y famoso inventor Elon Musk estuvo hace unos días en el podcast del comediante Joe Rogan. Durante más de 2 horas, el dueño de Tesla (y futurista de tiempo completo) habló de muchos temas relacionados con el lugar de la especie humana en el universo, y de cómo éste podría ser el equivalente a un juego de video que lleva corriendo 13.8 mil millones de años.

Elon Musk en el programa de Joe Rogan

Pienso que lo más probable —y esto es sólo una probabilidad— es que existan muchas, muchas simulaciones. Bien las podemos llamar realidad, o bien podemos llamarlas multiverso.

El argumento de Musk es que cualquier creación (incluidas nuestras creaciones computarizadas) evoluciona con el tiempo. Esta evolución implica mejoras, que ayudan al equilibrio del sistema. Si esta hipótesis es correcta, afirma Musk, “entonces los juegos serán indistinguibles de la realidad, o la civilización va a llegar a su fin”.

Pero la idea de la realidad como un enorme videojuego parece un poco reduccionista. Musk parece creer que el objetivo del universo no es más que ser el entretenimiento de algún hiperprogramador. Parece que a Musk le interesa si la simulación resultante es divertida o interesante, más que tratar de comprender qué es lo que hace posible la simulación misma. Esto incluso le parece aburrido.

Sin embargo, a juzgar por el comportamiento del universo, la hipótesis de que se trate de una extraña simulación tampoco puede desecharse tan rápidamente.

 

El universo es un ajedrez sin instrucciones

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En el 2016, Neil deGrasse Tyson reunió a un grupo de científicos para conversar acerca de la “pregunta por la simulación”: si vivimos en un universo simulado, ¿seríamos capaces de distinguir que estamos dentro de una simulación? ¿Somos la única civilización, o solamente la única a la que tenemos acceso? ¿Es posible afirmar científicamente que la realidad existe? 

La doctora Zohreh Davoudi, profesora asistente del Departamento de Física Nuclear de la Universidad de Maryland, propone analizar los rayos cósmicos, partículas de energía de larga duración y una de las fuerzas más potentes del universo. Si imaginamos que el espacio-tiempo del universo estuviera hecho de pequeños pedazos (como los pixeles de una imagen de computadora), tal vez esa forma de energía nos permitiría ver que el universo no es un continuo, sino que está formado de un armazón más complicado.

Esta teoría se complementa con la de Max Tegmark, cosmólogo del Instituto de Tecnología de Massachusetts. Según él, la física es matemática, y cuando te acercas lo suficiente a las ecuaciones que explican la naturaleza, sus leyes son matemáticas, lo que implica que la naturaleza está “programada”. Desde el ADN de los seres vivos hasta los patrones de movimientos de quarks y electrones, el universo sigue reglas que no siempre podemos entender, pero reglas al fin.

Lo anterior nos recuerda la famosa explicación del físico Richard Feynman acerca del trabajo científico, al que compara con tratar de entender las reglas del ajedrez por la simple observación de sus piezas. DeGrasse Tyson utiliza este caso para ejemplificar el asombro de los científicos cuando “esa pequeña pieza que solía moverse solamente dos casillas se mueve hasta la otra parte del tablero, ¡y se convierte en otra pieza! Eso es extraño. Es poco común, pero pasa, y es una regla importante del juego que, la mayoría de las veces, no vemos. Así que me pregunto, ¿qué tanto se parece el universo en que vivimos a un tablero de ajedrez del que no tenemos manual de instrucciones?”.

Por su parte, Lisa Randall, física de la Universidad de Harvard —quien no cree que el universo sea una simulación—, opina que finalmente “no sabemos la respuesta, y seguimos haciendo ciencia hasta que falle. Esto es importante porque nos da un incentivo para hacer preguntas interesantes… que ciertamente vale la pena hacer, para ver hasta dónde son válidas las leyes de la física tal como las entendemos”. Y añade: “Tratamos de comprenderlas en la medida de lo posible.”

Nuestro conocimiento y tecnología actual tal vez no permitan llegar a una respuesta concluyente sobre si vivimos en una gran simulación, al estilo Matrix, que explique de manera uniforme fenómenos como los agujeros negros, los sueños o la conciencia. Sin embargo, seguir preguntándonos sin cesar, aunque parezca disparatado, es la única forma que tenemos de aprender.