* por: Francisco José Flores Ramos

 

¿Se puede valuar económicamente la naturaleza? La respuesta es sí/no, dependiendo desde qué línea base contestemos, y según la definición que demos a la palabra valor.

Existen definiciones académicas sobre qué es el costo, precio y valor. Tenemos las dadas por la sociedad hipotecaria federal, las normas internacionales de valuación. Otras definiciones que han trascendido generaciones como las de Karl Marx. En este caso usaremos una definición que ha trascendido milenios, me refiero a los conceptos planteados por Aristóteles (Aznar, 2012):

  • Valor de producción = coste de producción. Costo.
  • Valor de cambio = precio, relación cuantitativa. Precio.
  • Valor de uso = satisfacción que le brinda al consumidor. Valor.

Resumiendo, el costo es la cantidad necesaria para producirlo, el precio la cantidad que se intercambia de dinero por el bien y/o servicio, el valor es la cantidad de bienestar que le brinda al usuario final; esa es la parte más subjetiva.

Habiendo revisado estos conceptos, podemos decir que la naturaleza no tiene precio, pero sí valor. Es decir, no hay una cantidad de dinero por la cual podemos ir y comprar medioambiente, únicamente usamos el dinero como indicador de bienestar que representa para la sociedad la existencia de la naturaleza.

Diego Azqueta (1994) lo resume de la siguiente manera: “La valoración económica del medioambiente, significa poder contar con un indicador del bienestar de la sociedad que permita compararlo con otros componentes del mismo” y “sin embargo, el hecho de que exista un valor no necesariamente significa que exista un precio”.

Replanteamos la pregunta: ¿Se puede valuar económicamente la naturaleza? Sí, siempre y cuando entendamos que el dinero que se expresa es únicamente un indicador de bienestar.

Pero, antes de cerrar este artículo, pongamos sobre la mesa la idea opuesta, aplicando la dialéctica. Si hay una corriente económica que defiende la monetización del medioambiente, debe haber alguien que diga lo opuesto. ¿Quién dice lo opuesto? La respuesta la tenemos en el catedrático mexicano Enrique Leff (1980):

No existe un instrumento económico, ecológico o tecnológico de evaluación con el cual pueda calcularse el “valor real” de la naturaleza en la economía. Contra la pretensión de reducir los valores diversos del ambiente a una unidad homogénea de medida, William Kapp (1983) advirtió ya desde 1970 que en la evaluación comparativa de la racionalidad económica, energética y ambiental intervienen procesos heterogéneos, para los cuales no puede haber un denominador común. Más allá de la imposibilidad de unificar esos procesos materiales heterogéneos, la economía misma se ha quedado sin una teoría objetiva del valor.

Conclusión: se puede valorar económicamente la naturaleza si entendemos que no hay ninguna aproximación a la totalidad del valor, son sólo modelos parciales. Por otro lado, resulta absurdo pensar que se puede valorar la naturaleza o la vida. La frase publicada en un semanario inglés de más de 100 años de antigüedad lo refleja a la perfección: “Asignar valor monetario a los servicios ambientales sigue siendo una especia de magia negra” (The Economist, 18 de abril de 1998).

             

Fuentes:

Aznar J. (2012). Valoración de Activos Ambientales. Universitat Politécnica de Valencia.

Azqueta, D. (1994). Valoración Económica del Medioambiente. Mc Graw Hill, 2da edición.

Loza M. (2017). Valuación del impacto ambiental por cambio de uso del suelo: Cerro de Patamban, Tangancícuaro, Michoacán. Universidad Autónoma de Querétaro.