No hay cuestión que haya causado mayores dudas, ni que haya justificado tantas acciones individuales y colectivas, como la concepción de la “naturaleza humana. Algunas corrientes filosóficas o religiosas han afirmado que la maldad es nuestra característica intrínseca, mientras que otras aseguran que nuestro rasgo primigenio es la bondad.

Pero nuestras características naturales se diluyen con aquellas que surgen de la culturización y de nuestras capacidades racionales, hasta que se vuelve imposible distinguir qué nos hace lo que somos.

Para sortear estos laberintos, valdría la pena reflexionar sobre la naturaleza humana a partir de un principio: nosotros también somos producto de la naturaleza. Quizá somos la más excéntrica de sus creaciones, pero lo somos a fin de cuentas. Por eso también tenemos tantos rasgos positivos, como por ejemplo, ser juguetones

Sin embargo, escuchar lo que la psicología tiene que decir sobre lo más desagradable de la naturaleza humana contemporánea es esclarecedor. El neurocientífico y escritor de ciencia Christian Jarrett reunió algunas de estas características, las cuales han sido confirmadas por la psicología.

Estos son 5 hallazgos que revelan
lo más oscuro de la naturaleza humana:

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Por naturaleza… vemos a las minorías como menos que humanos

Esta deshumanización rampante fue comprobada en un estudio en el que se usó tecnología para escanear el cerebro. Dos psicólogas observaron la actividad cerebral de alumnos de la Universidad de Princeton mientras veían fotos de gente de diversos estratos sociales y grupos. Ver a los de mayor “estatus” activaba la corteza prefrontal media –asociada a las conexiones emocionales con otros–, mientas que las fotos de gente sin hogar o drogadictos no la activaba.

Otros estudios han demostrado que la gente considera a personas ­como los migrantes o habitantes de países menos desarrollados como “menos evolucionados”, lo que incluso le sucede a niños que ven niños de otro género.

 

Por naturaleza… somos dogmáticos

Si tuviésemos otra naturaleza, quizá sabríamos demostrar nuestro desacuerdo con buenos argumentos. Lo cierto es que en diversos estudios clásicos se ha comprobado que la gente que cree firmemente en algo tiende a ignorar por completo los elementos que determinan su posición. Al parecer, esto tiene que ver con un resguardo instintivo de nuestro sentido de permanencia.

 

Por naturaleza… preferimos hacernos daño que pasar tiempo con nuestros pensamientos

Un peculiar estudio del 2014 comprobó que las personas ya no podemos sólo pensar o desconectarnos. En la prueba, 67% de los hombres y 25% de las mujeres prefirieron darse toques eléctricos antes que pasar 15 minutos en contemplación pacífica.

 

Por naturaleza… somos hipócritas morales

Cuando no somos nosotros quienes hacemos algo egoísta –como optar por la tarea más fácil y relegar la más difícil a otro– y somos, en cambio, a quienes les hacen la jugarreta, nos indignamos como si nosotros “no hubiésemos sido capaces de hacerlo”. Esto se probó en un estudio reciente. También tendemos a justificar lo que hacemos por las condiciones en que vivimos, pero somos incapaces de medir con el mismo barómetro lo que hacen otras personas.

 

Por naturaleza… nos atraen las personas con rasgos de personalidad sombríos

La evidencia sugiere que tanto los hombres como las mujeres se sienten atraídos por los narcisistas, psicópatas e individuos maquiavélicos –e incluso por aquellos que tienen esos tres rasgos de manera simultánea–. Es probable que esto tenga que ver con la supervivencia, pues dichos rasgos muestran confianza y fortaleza en el otro.

 

* Imágenes: 1) Creative Commons; 2) Marcus Selmer