Cuesta trabajo pensar que lo que ahora conocemos como ciudades y extensiones urbanas, alguna vez fueron inmensas cantidades de bosque, selva o desierto. El arte evoluciona y de alguna manera lo hace de la mano de la naturaleza, porque al igual que ella, ésta conmemora la existencia y la evolución.

En pocas palabras, la naturaleza es la esencia del arte. Al menos para el artista Daniel Popper estas dos corrientes se unen en un mismo elemento: el ser humano.

Con diversas esculturas de figuras humanas poseídas por arbustos verdes, Popper intenta reconstruir la conexión perdida entre el ambiente y la humanidad. Recordando que dentro de nosotros radica una buena esencia de vida, la naturaleza se convierte en su objeto de trabajo y con ella logra esculturas maravillosas que se adornan y nutren de la naturaleza.

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Daniel Popper

El arte de la naturaleza

La última pieza de este gran artista, Thrive, se presenta en medio de un complejo residencial en Fort Lauderdale. Con una altura descomunal y con el rostro de una mujer, la obra se parte el pecho en dos para dejar fluir la nativa naturaleza dentro del cuerpo.

Es aquí, en una pieza externa a nosotros, donde reconocemos lo extraviado. La tradición y la conexión profunda con lo primigenio, con aquello que nos hace únicos y llenos de vida. El arte se convierte en poesía de la vida y siembre dudas, experiencias y conciencia.

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Daniel Popper

Las obras de Popper se funden en la belleza y el pensamiento, algo que la naturaleza siembra en cada uno de nosotros. De alguna manera el arte se convierte en algo que mirar en medio de un paisaje gris. Esta es sin duda la esperanza que vuelve a alimentar nuestra más profunda conexión, la cual nos pide con urgencia revivir.

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Daniel Popper

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