Música especial para crecer plantas (que a los humanos también les encantará)

Por si aún lo dudabas, las plantas sí gozan de la música… pero definitivamente, no de todos los géneros.

El reino Plantae es mucho más refinado de lo que la mayoría creemos. Las plantas tienen su propia y sofisticada forma de comunicación –un lenguaje arbóreo basado en códigos químicos–. Pero además se ha comprobado su alta sensibilidad para, por ejemplo, percibir las ondas sonoras y, en muchos casos, lo que éstas expresan. 

Ahora se sabe, por ejemplo, que las vibraciones que producen las mordidas de los gusanos sobre sus hojas son las que activan sus químicos de defensa. Es decir que, para las plantas, las ondas sonoras de las mordidas expresan peligro.

Y aunque la incredulidad nos suele alejar de estos hallazgos, que rayan precisamente en lo increíble, es cierto que las plantas no sólo son estimuladas por el sonido sino que, de hecho, disfrutan formas de sonido más complejas y expresivas, como las de la música.

Una planta entiende mejor a Mozart que muchos de nosotros. Sabe descifrar sus frecuencias y es sensible a lo que éstas expresan.

Como se ha comprobado en varios estudios, la música promueve un crecimiento más veloz y saludable en las plantas. El botanólogo indio Jagadish Chandra Bose fue precursor de estos estudios, y encontró que la sensibilidad de las plantas es tan amplia como la nuestra. Elementos como la luz, el frío, el calor y el ruido les afecta de maneras que no se habían imaginado antes de las indagaciones de este apasionado botanólogo.

Ahora se sabe que las plantas reaccionan incluso al tono emocional que se expresa en nuestro lenguaje.

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Dorothy Retallack, una organista y mezzosoprano y autora del libro The sound of music and plants, también estudió el efecto de la música en las plantas. Retallack se interesó por el tema a partir de su pasión por la música y por un artículo sobre el granjero George Smith, quien reproducía música para sus maizales y les hablaba, con lo cual conseguía que desarrollaran una mayor frondosidad, e incluso logró aumentar la cantidad de cultivos que generaban.

Tocar música para las plantas podría ser parte de la agricultura sustentable del futuro.

Por eso, en 1973 Retallack probó el efecto de distintas notas musicales sobre las plantas, exponiéndolas a ellas durante 8 horas de manera total, intermitente o nula, así como a distintos géneros musicales.

Las notas sin pausa deterioraron a las plantas al punto de que murieron, mientras que las notas tocadas de manera intermitente las mantuvieron saludables.

En otros experimentos utilizó grabaciones de música rock y otros géneros más densos o pesados –sobre todo en las percusiones–, los cuales ocasionaban que las plantas entristecieran y se comenzaran a inclinar hasta morir. Por su parte, la música clásica de Bach y la música india interpretada con sitar y tabla tuvieron efectos estimulantes en su crecimiento, lo que se reflejó también en su aspecto.

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Las plantas incluso expresaron su gusto o disgusto por la música con su cuerpo: cuando la música les gustaba, se inclinaban hacia las bocinas; cuando no, intentaban salir de su radio sonoro.

Según los subsiguientes experimentos de Retallack, la música country tiene un efecto neutral sobre las plantas, mientras que el jazz parece gustarles.

Sin duda se puede hablar por ello de un disfrute de la música por parte de las plantas, porque no cualquier tipo de música tiene el mismo efecto en ellas, lo que implica un cierto grado de sensibilidad para diferenciar entre uno y otro.

No es, por supuesto, un disfrute que parte de paradigmas estéticos, sino de algo que pasa desapercibido para nosotros: el efecto de las vibraciones o frecuencias. Eso es lo que, al parecer, las plantas son capaces de distinguir y de “disfrutar” u “odiar”.

 

¿Qué música poner en tu casa, para tu deleite y el de tus plantas?

Aunque existen algunas deliciosas composiciones hechas especialmente para plantas, también puedes optar por música de tu propio repertorio. Porque en realidad no se necesita música especial, pues el rango de frecuencia que estimula a las plantas es bastante amplio, y va de los 125 hasta los 5000 Hz. La frecuencia común en la música de Mozart, por ejemplo, es de 432 Hz a 532 Hz.

Hasta ahora, no hay guías sobre qué géneros de música ponerle a las plantas (y ni se diga una guía sobre sus bandas favoritas). Pero tú mismo puedes experimentar con lo que ya se sabe: que las plantas gustan de la música clásica, el jazz y la música de la India.

Aquí te dejamos algunas recomendaciones para que experimentes con tus plantas y goces junto con ellas de estos grandes álbumes:

 

Imagen principal y GIFs: Maria Chimishkyan

 



El turismo de masas pintado de verde en Holbox

A un paso de la transición de gobierno, ahora más que nunca es necesario evitar estos errores al momento de modificar espacios naturales para el turismo.

* Por: Luis Damián McAnally Armijo

 

El turismo es una actividad que se ha visto como la alternativa no extractiva para el desarrollo en muchas partes del mundo. México no ha sido la excepción. Conforme la idea del desarrollo sostenible fue permeando en el discurso de la política mexicana, el ecoturismo o turismo de naturaleza ha ido ganando terreno dentro de las actividades económicas de distintas regiones. El estado de Quintana Roo es un claro ejemplo.

Conforme el turismo de masas o de enclaves como el impulsado en Cancún perdía atractivo, fue necesario encontrar nuevos espacios que atendieran a las nuevas tendencias turísticas globales. Turismo de aventura, turismo alternativo, turismo sustentable, ecoturismo… Muchas ideas sobre cómo debía ser el turismo fueron adoptadas y las Áreas Naturales Protegidas brindaban los espacios ideales para satisfacer esta nueva demanda (Durand, 2014; Eagles, McCool y Haynes, 2003; González-Luna y Vázquez-Toriz, 2016; Guzmán, Figueroa y Durand, 2013; López-Santillán, 2015a; Murray, 2005).

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En los 1990 y principios de los 2000 muchas áreas protegidas en Quintana Roo comenzaron a turistificarse (como es el caso Xcalak) y algunas fueron incluso creadas en un intento de regular el turismo ya existente en la zona (como el caso de Puerto Morelos) (Murray, 2005). Este también fue el caso del Área de Protección de Flora y Fauna Yum  Balam (APFFYB). Esta área protegida decretada en 1994 se encuentra en un “hotspot” de biodiversidad. La zona es visitada por gran número de aves migratorias, es zona de anidación de varias especies de tortugas marinas, tiene importantes humedales y zonas de manglar, etc. Dentro del APFFYB se encuentran las poblaciones de Solferino, Chiquilá y Holbox, pertenecientes al municipio de Lázaro Cárdenas (Berlanga y Faust, 2007).

La isla de Holbox ha sido la zona turística dentro del APFFYB por excelencia y en los últimos años ha sido promocionada intensamente como destino turístico a nivel nacional e internacional. Los esfuerzos iniciales para el decreto involucraron a distintas organizaciones civiles e instituciones académicas, así como a las poblaciones. Originalmente, el decreto del APFFYB buscaba desarrollar el turismo de forma sostenible, con base en el manejo comunitario (Berlanga y Faust, 2007).

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Todo parecía indicar que esta nueva Área Natural Protegida tendría una gobernanza basada en ideas como la democracia deliberativa, tal como expone Cohen (2013), pero cuando el área fue decretada cualquier mención sobre el manejo comunitario fue omitida (Berlanga y Faust, 2007). El turismo creció en Holbox en los años subsecuentes al decreto con actividades como avistamiento de aves, tours a islas cercanas y el nado con tiburón ballena.

La propiedad de la tierra en Holbox es ejidal. Hasta antes del decreto del Área Protegida la relación de la comunidad con su tierra había sido determinada por la actividad pesquera, las fiestas locales y las costumbres propias de la comunidad. Debido a la llegada del turismo, aunado a la reforma del artículo 27 constitucional en 1992, la comunidad holboxeña sufrió un cambio radical en su relación con la isla (López-Santillán, 2015a). Las tierras se parcelaron y la playa se volvió una mina de oro. Diversos hoteles comenzaron a aparecer en las costas de Holbox. El mercado de tierras en la isla ha causado controversia dentro de la comunidad y ha erosionado fuertemente el tejido social, ha individualizado la colectividad que previamente dominaba el hacer y sentir de los holboxeños.  

La historia del APFFYB ha estado llena de omisiones gubernamentales y hoy en día, 23 años después del decreto, el APFFYB permanece sin un plan de manejo. La isla es manejada para satisfacer el mercado turístico y el gobierno estatal y municipal se han convertido en facilitadores de este fenómeno, cosa común en el turismo (González-Luna y Vázquez-Toriz, 2016). Se ha optado por una estrategia de conservación neoliberal en donde el dinero rige lo que se hace y lo que no, y la tierra debe venderse para ser conservada (Durand, 2014; Guzmán et al., 2013; López-Santillán, 2015b).

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Milenio

El dilema social que expone Cárdenas (2009) es evidente en Holbox: los intereses individuales se encuentran alienados de los intereses colectivos. El beneficio a corto plazo de la venta de tierras ha cegado a muchos y puesto en riesgo la estabilidad económica de otros, formando élites que han acaparado los beneficios económicos del turismo. La cohesión social tan importante para la organización colectiva (Kieffer, 2016) se encuentra debilitada debido a esto, por lo que la actividad colectiva hoy en día es difícil.

Otros problemas sociales típicos del turismo (Cañada, 2016; Eagles et al., 2003; Palafox-Muñoz, 2016) también se han hecho presentes: cada día el robo de bicicletas, cámaras y celulares es más frecuente, la pesca se ha ido abandonando poco a poco a favor de las actividades turísticas, algunas fiestas locales se han mercantilizado y comienzan a perderse, los empleos creados a los que pueden acceder las comunidades de la zona son precarios y la comunidad original de holboxeños se encuentra dividida. La idea de una gobernanza ambiental comunitaria parece ahora lejana.

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El Universal

Los problemas ambientales que acarrea el turismo de masas (Cañada y Gascón, 2006; Eagles et al., 2003) no tardaron en llegar. Las playas que en Internet se venden como un destino virgen se encuentran llenas de basura. Las aves cada vez se ubican en zonas más alejadas. Las calles de arena que tanto encanto le daban a Holbox están ahora compactadas y llenas de charcos en donde la lluvia se mezcla con aguas negras. Los lancheros turísticos tienen que ir año con año más lejos para encontrar tiburón ballena. Se ha perdido gran extensión de manglar que ha sido sustituido por hoteles y casas lujosas y el cielo estrellado que dominaba las noches de Holbox ha sido invisibilizado por las luces del pueblo.

En conclusión, sin un cambio en la forma de gobernanza en esta Área Natural Protegida pronto los motivos que incentivaron su creación podrían desaparecer, y con ellos la pequeña gran mina de oro. Hasta ahora, parece sólo otra playa bonita a punto de convertirse en el nuevo Cancún, con toda la desigualdad y destrucción que eso conlleva. El pasado 27 de septiembre el Twitter de la CONANP se llenó de propaganda del Día Mundial del Turismo. Fotografías de escenarios prístinos y actividades como paseos en kayak alimentan el imaginario de que el turismo sostenible es posible; no obstante, ejemplos como el de Holbox son desalentadores.

 

Bibliografía:

Berlanga, M. y Faust, B. B. (2007). We Thought We Wanted a Reserve: One Community’s Disillusionment with Government Conservation Management. Conservation and Society, 5(4): 450–477.

Cañada, E. (2016). Implicaciones socioambientales de la construcción del espacio turístico. Ecología Política: Cuadernos de Debate Internacional, 2016(52): 12–16.

Cañada, E. y Gascón, J. (2006). Turismo y Desarrollo: Herramientas para una mirada crítica (1ra Ed.). Managua, Nicaragua: Enlace.

Cárdenas-Campo, J. C. (2009). Dilemas de lo colectivo: Instituciones, pobreza y cooperación en el manejo local de los recursos de uso común (1ra ed.). Bogotá, Colombia: Ediciones Uniandes.

Cohen, M. A. (2013). Democracia deliberativa y gobernanza ambiental: ¿conceptos transversales de una nueva democracia ecológica? Sociológica, 28(80): 73–122.

Durand, L. (2014). ¿Todos ganan? Neoliberalismo, naturaleza y conservación en México. Sociológica, 29(82): 183–223.

Eagles, P. F. J., McCool, S. F. y Haynes, C. D. (2003). Turismo sostenible en áreas protegidas: Directrices de planificación y gestión. Madrid, España: Organización Mundial del Turismo, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y IUCN.

González-Luna, L. A. y Vázquez-Toriz, R. (2016). Megaproyectos turísticos y ecoturísticos: Del despojo al cercamiento de bienes comunes de comunidades rurales en México. Ecología Política: Cuadernos de Debate Internacional, 2016(52): 57–61.

Guzmán, M. G., Figueroa, F. y Durand, L. (2013). Ecología política y ecoturismo en México: reflexiones desde la huasteca potosina y la selva lacandona. En: Guzmán Mauricio y Diego Juárez (eds.) En busca del ecoturismo. Casos y experiencias del turismo sustentable en México, Costa Rica, Brasil y Australia. México: EÓN-El Colegio de San Luis, A.C.

Kieffer, M. (2016). La cohesión social: Elementos de análisis comparativo de dos iniciativas de Turismo Rural Comunitario en Chiapas, México. Ecología Política: Cuadernos de Debate Internacional, 2016(52): 69–72.

López-Santillán, Á. A. (2015a). Desarrollo sustentable y turismo de naturaleza: reevaluación y acción colectiva en torno a recursos comunes en Holbox, México. Otra Economía, 9(17): 187–198. https://doi.org/10.4013/otra.2015.917.07.

López-Santillán, Á. A. (2015b). Turismo y desarrollo sustentable en áreas protegidas o sobre los “nuevos”contrasentidos para la producción y el marasmo en el ámbito rural. Desacatos, 47(2015): 36–57.

Murray, G. D. (2005). Multifaceted measures of success in two mexican marine protected areas. Society & Natural Resources, 18, 889–905. https://doi.org/10.1080/08941920500248814.

Palafox-Muñoz, A. (2016). Turismo e imperialismo ecológico: El capital y su dinámica de expansión. Ecología Política: Cuadernos de Debate Internacional, 2016(52): 18–25.

México Sostenible
Autor: México Sostenible
Somos una organización de jóvenes comprometidos con la conservación de la riqueza natural y cultural del país. Integramos un equipo interdisciplinario capaz de analizar diferentes temas de la agenda ambiental, con el fin de generar acciones para fortalecer la capacidad de adaptación de las sociedades frente al cambio climático e incentivar su desarrollo sostenible.


Un delicioso álbum hecho para ti y tus plantas (Música)

La incredulidad a veces nos aleja de las nuevas y grandiosas ideas. Este álbum creado para plantas y sus amantes nos despierta del escepticismo.

¿Alguna vez te ha llegado a la mente la idea de que esas plantas con las que cohabitas día a día no sólo sienten, sino que también escuchan? Algo así se han preguntado diferentes personajes, entre ellos alquimistas, chamanes, biólogos y escritores que tuvieron la certeza de que el reino vegetal tiene su propio lenguaje. La música tampoco ha sido excepción.

Dado que la música parece ser, también, una forma de comunicación para quien la hace o la escucha, su proximidad con el reino de las plantas no ha sido ignorado. En breve te compartimos un ejemplo.

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Ilustración: Morgan Rosskopf

Music for People & Their Plants Vol. 1 es la primera entrega musical de varias que la artista Morgan Rosskopf ha diseñado especialmente para que las personas escuchen con sus plantas. Un álbum hipnótico, que curiosamente utiliza sonidos al estilo ambient (género históricamente conocido por su sensibilidad hacia la naturaleza).

Inspirada en los primeros trabajos de música para la naturaleza (Plantasia de Mort Garson, 1976) y en las obras que defienden la idea de que las plantas tienen una conciencia oculta (La vida secreta de las plantas, de Peter Tomkins), el trabajo musical de Rosskopf explora las posibilidades de una comunicación (acaso telepática) con esos seres que conviven todos los días con nosotros, casi de manera invisible. 

(Dale play)

Rosskopf también es ilustradora y desde este ángulo se inspira en la naturaleza humana: en los monólogos interiores fabricados en la psique. Los sentimientos de ansiedad, disonancia, vulnerabilidad y amor escriben el destino de su trabajo visual, para sencillamente inspirar también el de su música. El alcance creativo de la metáfora es un recurso constante en su trabajo; de ahí su fascinación por un arquetipo plantae:

Me encantan las plantas porque no tienen ego.

Señaló la artista.

No tienen equipaje y viven una vida simple. En su mayoría son autosuficientes. Encuentro estas cualidades profundamente inspiradoras. Quiero aprender estas lecciones de las plantas mientras las cuido.

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Rosskopf, quién además trabaja en una florería en Portland, invita a las personas a que suspendan su incredulidad unos instantes y se abran al universo de las nuevas ideas, como esta: la posibilidad de que nuestras plantas, al igual que cualquier ser vivo, (nos) sientan a través del sonido. 

Sin duda no es la primera ni la última vez que los artistas destinan su música al deleite de la naturaleza. Y mientras ellos no paren, Ecoosfera seguirá compartiéndote estas delicias sonoras. Disfruta el álbum completo: