Los lobos del colmillo: sobre la música de Scott Walker (1943-2019)

La voz cuasi operística de Scott Walker desgarra su angustia, busca superar bosquejando los centros gravitacionales de nuestro horror cotidiano.

Pocos han entendido la exclamación y sentencia de Antonin Artaud: “Pues la gran mentira ha sido hacer del hombre un organismo”. La música, para Scott Walker, en su conjunto es un régimen de desorganizaciones. La trilogía realizada en más de 30 años comienza con el álbum Tilt, The Drift, Bisch Bosch y ahora Soused (a manera de epílogo) está atravesada por una maquinaria sonora que se erige en resonancia con la cripta por desenterrar, una verbalidad viscosa por pronunciar a manera de conjuro. Cada álbum determina su propia lógica y sus propias desorganizaciones. Ciclos de desmembramiento sonoro y verbal se encuentran conectados en intensidades intestinales. El ungüento “orquestal” se frota y se conecta entre pedazos sonoros de carne fresca (literal), gongs tibetanos, sitars, sonajas, bramidos de burros, gritos de Donald Duck psicótico, cuernos de carneros, guitarras hawaianas vibrando distorsiones masivas, martillazos secos a cajones de madera; concertina y ukelele contaminan las orquestas wagnerianas rechinando disonancias pesadillescas.

scott-walker-los-lobos-del-colmillo

La voz cuasi operística de Scott Walker desgarra su angustia, busca superar bosquejando los centros gravitacionales de nuestro horror cotidiano; el más puro horror coronado en el centro de cada día. Las calamidades de Scott Walker y su plaga sonora, buscan herirnos metafísicamente al imponernos un musical aberrante, una comedia brutal y doliente a la que nadie escapa, la risa atronadora ante la tragedia; donde incluso los grandes dictadores ven el día de sus desgracia (Tracks: Clara, The Day The Conductor Died (An Xmas song)).

Lee el texto completo aquí…

Lauro López Sánchez
Autor: Lauro López Sánchez
Editor del site Falso Raccord. Cineasta y artista visual.


Música fresca: un poco de lo mejor del momento sonoro (III)

Una carta de navegación sonora: recomendaciones de algo de la mejor música que se está creando hoy.

Una carta de navegación sonora…

Aquí compartimos algo de la música más estimulante, y siempre de reciente manufactura, que el camino nos va compartiendo. Géneros varios y artistas diversos, reunidos en breves selecciones bajo una sola constante: celebrar la sensibilidad que alimenta el imaginario musical y que acompaña nuestros soles y tormentas.  

Curaduría: Javier Barros

Ediciones anteriores:

Música fresca I

Música fresca II

Música fresca (III) 

1. Maria Somerville 

2. log(m) & Laraaji

3. Kikagaku Moyo

4. La Dispute

5. Tomas Nordmark

 

All my People (2019) / Maria Somerville

Dream pop identitario, que sabe a raíces del folclore irlandés y que, sobre todo, presume un espíritu genuinamente onírico; este álbum podría bien ser el sueño electrónico de una chica rural (y es precioso). 

Dream pop

 

 

The Onrush Of Eternity (2019) / log(m) & Laraaji

Un poco de dub astral, ecualizado con fino IDM, de la mano del discreto mago Laraaji en colaboración con los hermanos Rew & Lex MacCrimmon.

Dub, IDM, ambient

 

Masana Temples / Kikagaku Moyo – 幾何学模様

Muy fina psicodelia con pinceladas de jazz progresivo cortesía del cuarto álbum de estos exploradores japoneses. 

Rock psicodélico 

 

Panorama (2019) / La Dispute

Sus poderosas letras inducen a un estado literario que raya entre el shoegaze y el grunge; esta banda de Michigan demuestra en Panorama por qué es considerada el más refinado exponente del subgénero conocido como The Wave (o la versión “new wave del poshardcore“).

Wave 

 

Eternal Words (2019) / Tomas Nordmark

Dioramas sonoros compuestos por una miríada de texturas que, al condensarse, forman cuerpos de electrónica seducción; algo así es lo que este artista sueco hace germinar en este álbum.   

Abstract ambient

 

* Imagen principal: Anna Marinenko



David Byrne: El poder de la canción para dar voz es eterno (playlist 🎧)

Este playlist curado por Byrne muestra el poder revolucionario que resuena en décadas de canciones.

La década de los 60 es considerada por muchos como el punto más álgido de la canción de protesta pero, para el talentoso músico y autor David Byrne, la música como acto político está viva y presente. 

 

La protesta nunca pasa de moda

Porque lo que también es cierto es que las décadas que le sobrevinieron a las grandes canciones de protesta de los 60 no se quedaron atrás, sino que expandieron su voz hacia muchos otros géneros musicales. Fue el caso de la psicodelia, el punk, el hip-hop y hasta el brit pop, entre otro montón de subgéneros musicales que han resultado contraculturales por la selección de temas incómodos y verdades que nadie se atrevería a subrayar. 

Es innegable que Bob Dylan, junto con otras leyendas del folk, tomó lo mejor del momento político para sentar las bases del activismo musical a nivel masivo, pero el playlist curado por David Byrne que aquí te presentamos se remonta hacia las raíces de nuestra era.

david-byrne-poder-de-la-cancion voz
Byrne con Talking Heads, en 1980

Byrne, que con la experimentación continua de Talking Heads dejó una huella imborrable en la música de este siglo, sabe que las canciones seguirán influyendo en la sociedad siempre que no cesen las injusticias. Inspirado en esto, su playlist es un viaje por más de 3 décadas de sonido inconformista porque, si bien nos lo deja en implícito…

además de gozo, la canción instiga sentimientos vitales para la protesta política: la insatisfacción y el deseo de cambio.

Por ejemplo, en “Strange Fruit” (“Extraño fruto”) de Billie Holiday, lanzada en 1937, resuena la indignación impetuosa a una esclavitud que había durado siglos; misma que, como prueban las creaciones contemporáneas de Kendrick Lamar y Janelle Monáe, sigue más que vigente hoy en día:

De los árboles del sur cuelga una fruta extraña. / Sangre en las hojas, y sangre en la raíz. / Cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña. / Esta es una extraña y amarga cosecha.

Titulada “The power of the song to give Voice is eternal” (“El poder de la canción para dar voz es eterno”), la selección musical  de David Byrne condensa una variedad de géneros musicales inesperados, que van desde la grandiosa Billie Holiday hasta los Pet Shop Boys. A más de uno le sorprenderá ver a personajes como Kesha o Rihanna, pues la protesta, para Byrne, ha tomado toda clase de formas. Y si excavamos un poco más hondo, descubriremos en ellas la misma voluntad de cambio de Dylan o Tom Waits. No hay forma o género que la protesta no pueda tomar.

Ya lo decía Kandinsky, uno de los artistas más innovadores del siglo: la música, como el arte abstracto, no se limita a representar la realidad, sino que revela su lado más imperceptible. Al hacerlo, expande a su vez las capacidades de todos los sentidos. La música fortalece las conexiones neuronales y nos hace más empáticos.

La música, desde la consigna más básica hasta la composición más compleja, sella su marca indeleble en la conciencia colectiva. Su conexión íntima con las emociones es tal que nada, ni el Alzheimer, puede desvanecer nuestros recuerdos sonoros.

Tiene acceso a una parte de la conciencia que, por naturaleza, está destinada a evolucionar más allá de lo racionalmente cognoscible. En este sentido, la canción siempre será radical.

Acá puedes ver la lista de canciones que forman parte del playlist.