¿Disfrutas la música? Según la neurociencia, quizá seas más empático

La música es una suerte de “otro” virtual que nos conecta con los demás (y con la conciencia colectiva).

Según su origen etimológico, ser empático es ser apasionado: la palabra viene del griego antiguo empátheia, que significa “pasión”. Eso apunta a una pasión por lo humano, pues quienes son empáticos tienen facilidad para identificarse con el otro, lo cual se traduce en que toda producción humana –sobre todo, de índole artística– le produce al sujeto empático una estimulación extraordinaria.

La música es una de las producciones que, de acuerdo con varios estudios neurocientíficos, podrían desatar más placer y, además, iluminar zonas insospechadas del cerebro empático, como aquellas relacionadas con la interacción.

 

El “otro virtual” en las ondas sonoras

musica-empatia-personas-empaticas-cerebro-neurociencia

En un estudio del 2007 se concluyó que para alguien empático –la empatía se mide con un estudio llamado Interpersonal Reactivity Indexla música es como un “otro virtual, pues así lo confirman las reacciones en el cerebro estudiadas a partir de imágenes de resonancia magnética (IRM).

En dicha investigación, cuando las personas empáticas escuchaban música con la cual estaban familiarizadas, las reacciones de su cerebro eran sorprendentes: las ondas sonoras producían actividad en zonas específicas del cerebro de los participantes, como el llamado cuerpo estriado –un centro de recompensa– y el giro lingual, dos regiones asociadas al procesamiento visual. Esto sugiere que los escuchas empáticos son susceptibles a imaginar lo que escuchan de manera visual.

Pero además, esas áreas están asociadas también a las interacciones sociales. A partir de esto, en otro estudio de este año, publicado en Frontiers in Behavioral Neuroscience, se investigó cómo la música es una suerte de entidad social para nuestros sentidos.

musica-empatia-personas-empaticas-cerebro-neurociencia

Según las conclusiones de estas investigaciones, la música se traduce en nuestro cerebro en toda una forma de procesar el mundo y concebirlo: es por eso que la música con la que estamos familiarizados tiene un impacto aún mayor en el cerebro, y más aún, en el cerebro de las personas empáticas.

Así, la música puede estimular a las personas empáticas, pero quizá también tenga el poder de deshacer los hechizos de la apatía que reina en la actualidad. De esta manera, las posibilidades del arte musical se vuelven infinitas: los ritmos pueden curarnos, abrir espacios introspectivos o hacernos mucho más productivos; pero ahora sabemos que la música también tiene la capacidad de conectarnos con el otro, con la colectividad, y alterar nuestra conciencia social, lo que la convierte en una herramienta para la evolución de la humanidad.

 

* Imágenes: Sam Chirnside



Un experimento reveló los países donde es más probable que te roben la cartera (y lo que esto dice sobre nuestro civismo)

Investigadores colocaron 17,000 carteras en distintas ciudades para averiguar cuánta gente las devolvía. Este fue el resultado.

Rara vez la ciencia puede estudiar seriamente cosas tan intangibles como la bondad, el amor, el odio o la empatía de manera metódica. Y es que las emociones no son medibles o cuantificables más que, quizá, bajo muy precisas condiciones. No obstante, un grupo de investigadores del Science Journal condujeron un experimento que, aunque les costó medio millón de dólares, demostró el grado de empatía que existe en cada país. Por supuesto, no de manera inequívoca, pero sí bastante acertada.

Este grupo de investigadores “perdió” 17,000 carteras en ciudades de todo el mundo para descubrir cómo reaccionarían las personas ante un hallazgo semejante. Lo que los científicos querían averiguar era cuántas personas las devolverían, pues las carteras contenían siempre la información de contacto del hipotético dueño. Así que no había excusa.

Algunas carteras contenían algo de dinero y una llave,
mientras que otras no tenían nada.

empatia-pais-cartera-perdida-experimento

Lo único que cambiaba es que algunas carteras perdidas en ciudades de países como Gran Bretaña, Estados Unidos o Polonia tenían más dinero que las demás, aunque en dichos países también se “perdieron” carteras sin dinero.

 

¿Sabes en qué países no deberías perder tu cartera?

Lamentablemente México es uno de ellos, junto con Marruecos, Perú, China y Chile. Mientras que los países en los que más probablemente te devolverán tu cartera son los nórdicos: Suiza, Noruega, Suecia y Dinamarca, aunque también podrías contar con suerte en Australia, República Checa o Croacia.

empatia-pais-cartera-perdida-experimento

Según la gráfica, los puntos amarillos son el porcentaje de carteras sin dinero que –de izquierda a derecha– fueron devueltas, mientras que los puntos rojos son el porcentaje de carteras con dinero que también fueron devueltas. Conforme el país se va hacia la derecha, significa que menos carteras fueron devueltas. Como demuestran estas cifras, hay países en los cuáles ni siquiera el hecho de que una cartera no contenga dinero es suficiente para hacer que sea devuelta, en lo que no es sino un simple acto de buena voluntad. 

Así, este peculiar experimento demuestra que nos hace falta menos codicia y más empatía. Lo bueno es que podemos estimular la empatía a diario a través de muchos hábitos cotidianos. Y vaya que esto hace falta si queremos evolucionar colectivamente.

Y tú, ¿cuántas carteras has devuelto?



La bondad y la cooperación nos hicieron humanos (y son sentimientos más naturales que el egocentrismo)

Una naturaleza humana alternativa para el aquí y el ahora.

Pocas cosas han hecho más daño que la idea de que el ser humano “es malo” por naturaleza. Y lamentablemente, pocas cosas han poblado con más fuerza el inconsciente colectivo que dicha aseveración. Pero, ¿qué dice realmente la filosofía sobre nuestra naturaleza?

Contrario a lo que se cree, la famosa sentencia popularizada por Thomas Hobbes, “el hombre es un lobo para el hombre, no apunta a que el hombre tiende a la maldad de manera instintiva y por lo tanto, natural. De hecho, dista mucho de ello. “El hombre es un lobo para el hombre” es en realidad un halago, al menos indirecto, a la naturaleza humana.

Lo que Hobbes parece haber querido decir en su obra De Cive, en la cual utiliza dicho aforismo, es que, cuando el ser humano se escinde de la naturaleza y se organiza en sociedad, se corrompe. Comienza entonces la “guerra de todos contra todos”. Es decir que la filosofía de Hobbes cuestiona a los seres humanos en tanto ciudadanos, pero no cuestiona la naturaleza humana, misma que, nos dice en Leviathan, es lo que nos hace fundamentalmente iguales.

La reconciliación entre los seres humanos depende de que nos concibamos como semejantes.

naturaleza-humana-empatia-natural-ser-humano-bueno-malo

Así, reflejarnos en el otro –la empatía– surge como primigenia necesidad, pero también como posibilidad. Y si esto es posible es porque nuestra naturaleza nos lo permite, como ya lo pensaban en la antigua Grecia. De hecho, el autor original de la famosa sentencia popularizada por Hobbes es el griego Plauto, y la frase original en su comedia Asinaria dice:

Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro.

El ser humano siempre puede reconocerse en el otro, porque esa es su naturaleza. Porque dependemos del otro: nada ni nadie puede sobrevivir por sí mismo, lo cual hace del egoísmo algo también natural, pero accesorio.

Esto ha sido probado por la neurociencia, disciplina que también ha contribuido a las indagaciones sobre nuestra naturaleza. Un estudio reciente comprobó que los lazos que creamos con otros son potenciados en el cerebro, en el giro supramarginal, el cual tiene la capacidad de autocorregirse ante reacciones ególatras.

Es decir que sí podemos tender a la egolatría de manera innata, pero nuestra naturaleza –y nuestro cerebro– saben que no todo gira a nuestro alrededor.

Todo este cúmulo de conocimientos demuestra que la naturaleza humana es más compleja que el binomio bueno-malo, y que más allá de nuestra esencia, lo importante es lo que somos aquí y ahora. Además de la filosofía, otras disciplinas humanistas, como la psicología contemporánea, han hecho interesantes hallazgos. Algunos ponen de relieve rasgos francamente oscuros de nuestra naturaleza, mientras que la neurociencia nos ha ayudado a comprender mejor los mecanismos del cerebro, órgano en el cual la empatía suprime el egocentrismo y el odio y el amor conviven en la misma zona.

Pero así como en el reino animal, la evolución de los seres humanos ha dependido fundamentalmente de sentimientos que podríamos llamar “positivos” o “buenos”, como la cooperación y la empatía. Cuidar a otros nos permitió sobrevivir y desarrollar nuestro cerebro, y no porque estuviésemos “preservando a la especie”, sino porque estábamos ampliando actitudes que de por sí son instintivas, como la bondad.

Si tal cosa forma parte de la selección natural, ¿qué duda cabe de que los sentimientos empáticos son más naturales que el egocentrismo?

 

* Imágenes: 1) Nicole Xu; 2) Adam Hale