* Por: Amelia Arreguín

 

En el sector ambiental, si estás en una conferencia internacional, en una asamblea comunitaria o en un taller de capacitación, tengas 15, 25, 50 o 70 años, si eres de México, Sudáfrica, Japón o Alemania, si eres mujer, estás en desventaja y vulnerabilidad. De manera constante, el techo de cristal, el mansplaining, el acoso sexual, la discriminación, la violencia psicológica, entre otras formas de violencia de género, están presentes.

Hay muchas situaciones que no han recibido atención porque “el género” no es un tema prioritario en el sector ambiental. Pero quiero que conozcas estos casos y juzgues por ti misma/o la urgencia de actuar. No voy a contarte todo lo que he visto y vivido durante estos años, pero te comparto cinco casos, sólo para ilustrar:

  • Una negociadora internacional con más de 15 años de experiencia en su tema es constantemente cuestionada y ninguneada por el jefe de delegación cuya masculinidad se siente amenazada ante una mujer con conocimiento y seguridad.
  • Ocho mujeres jóvenes son acosadas sexualmente por un compañero durante una semana en un taller de capacitación. El sujeto argumenta no estar consciente y pretende salir sin sanción.
  • Mujeres jóvenes voluntarias en un evento de procuración de fondos con empresas son víctimas de intento de violación. Todo mundo guarda silencio porque puede afectar la reputación de la A. C. organizadora, del gobierno estatal y las empresas participantes.
  • Una mujer joven asiste a una asamblea comunitaria a presentar un proyecto y los ejidatarios la ignoran hasta que uno de sus compañeros tiene que pedir que la escuchen.
  • Mujeres indígenas que acuden a su municipio para hacer trámites son ignoradas durante horas. Al final de su espera reciben como respuesta que su diligencia es improcedente porque no tienen la titularidad de la tierra.

No es posible cumplir con los compromisos internacionales, implementar la agenda ambiental internacional o cumplir con ambiciosos planes nacionales, si el sector está plagado de historias como las contadas arriba. No es posible, éticamente, atreverse a hablar de sustentabilidad, desarrollo sostenible, decrecimiento o justicia ambiental, si no somos capaces de reconocer que las mujeres, mitad de la población mundial, 70% de las guardianas de la biodiversidad, vivimos historias de terror cotidianas cuando lo único que buscamos es contribuir a la solución de la crisis ambiental global.

Es urgente denunciar estas situaciones, hacer visible esta realidad y transformarla. El sector ambiental, desde lo local hasta lo internacional, no es la excepción cuando hablamos de violencia de género. Pero, compañeras, compañeros, no es posible “salvar al mundo” si por dentro estamos mal y ejercemos violencia contra las personas con las que trabajamos, en particular contra las mujeres.

Cerrar los ojos no es una opción. Sigamos el ejemplo de las mujeres por quienes el 8 de marzo se ha convertido en un día de conmemoración. Exijamos el cumplimiento de los derechos de las mujeres en este sector. Compañera, si ves que otra compañera es violentada, actúa. Compañero, solidarízate. Compañera, si eres violentada, denuncia, aquí tienes a una aliada. Usemos los mecanismos legales por los que muchas otras han luchado.