¿Por qué la histeria se ha asociado a las mujeres? Algunos podrían decir que esto se debe a una emotividad inherente al sexo femenino. Otros, a que las mujeres tienen menos control de sí mismas. O incluso, como se pensaba hace un par de siglos, a que los cerebros femeninos son más “débiles”.

Estas razones no pueden sustentar la idea de la histeria
como una condición femenina…

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¿Existen buenas razones para atribuir la histeria al sexo femenino?

La mayoría de los casos de histeria –tanto individual como colectiva– se han presentado en mujeres. Según pudo constatar el sociólogo neozelandés Robert Bartholomew, la mayoría de los eventos de histeria en masa han afectado a más mujeres que a hombres. Sin embargo, esta perspectiva no busca reafirmar una supuesta “debilidad” del sexo femenino sino al contrario, encontrar los porqués a esta aparente proclividad femenina a la histeria.

 

Mujeres e histeria en una cultura androcéntrica

En realidad fue Freud quien descartó, desde el psicoanálisis, que la histeria fuese un trastorno sexuado. Y ello pese a que la palabra histeria viene de la palabra griega para “útero”, hysterus, ya que antiguamente se creía que la histeria era provocada por los órganos de reproducción femeninos.

Pero para Freud, el origen de los trastornos psíquicos en ambos géneros se hallaba –como casi todo– en la vida sexual de sus pacientes. A esto le llamó “fuente del Nilo”, e involucraba a las neurosis con la represión de ciertos recuerdos ligados al desarrollo sexual. Aunque después le atribuyó la histeria no sólo a los recuerdos, sino también a probables fantasías inconscientes, la conclusión de Freud era que los varones también podían ser histéricos.

Pero la histeria varonil era útil para una sociedad patriarcal, ya que se convertía en confrontación y agresión, mientras que la histeria femenina convertía a las mujeres en sujetos pasivos. Es por eso que la histeria no dejó de asociarse con las mujeres, pues la histeria varonil sería llamada de otras formas: por ejemplo, “neurosis de guerra”.

Freud no lo dijo, y quizá no habría estado de acuerdo, pero una de las consecuencias de la histeria es, entonces, acentuar la dependencia femenina a los hombres. Y no sólo la de las mujeres victorianas que desfallecían histriónicamente –una imagen clásica vinculada con la histeria–, sino también la de otro tipo de mujeres que forman parte de ese 99% que ha protagonizado los eventos de histeria masiva registrados hasta ahora.

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Muchas de las mujeres “histéricas”
han estado en condiciones de opresión.

Por ejemplo, las monjas a las que se les obligaba a unirse a conventos en contra de su voluntad, y que enfrentaban aislamiento y condiciones radicales de disciplinamiento. A partir de este y otros ejemplos, otros estudiosos (y estudiosas) de la histeria han propuesto que el estrés extremo es lo que se manifiesta a través de síntomas psicológicos y físicos. Y de hecho, esta relación entre neurosis y estrés ya ha sido comprobada por la ciencia.

Así, hilando esta teoría con la de Freud –quien, de hecho, también creía que la histeria y su somatización estaban ligadas al estrés–, surge una incómoda conclusión: la histeria sí es una condición femenina.

Pero lo es en tanto que a las mujeres se les somete a mayor opresión y explotación, y la forma que tienen de reaccionar es histéricamente. Y es que las mujeres no pueden volcar su estrés, su ansiedad y sus traumas de manera violenta, como los hombres. Les queda solamente interiorizarlos para expresarlos vía una emocionalidad exacerbada, así como a través de un cuerpo fatigado y débil a punto de sucumbir.

Así que decir que las mujeres son histéricas –pero con los argumentos correctos– puede ser un argumento a favor de la liberación femenina. El punto sería llegar a que la histeria ya no fuera concebida en el imaginario colectivo como un producto de la irracionalidad o la debilidad femeninas, sino como el resultado de ciertas condiciones que hacen que las mujeres se enfermen psíquicamente.

Sí: hablamos de ciertas condiciones que promueve una sociedad androcéntrica y con formas de vida tóxicas que resultan en estrés y ansiedad. Sin dichas condiciones, las mujeres no sufrirían de histeria… y tampoco los hombres.