El día que le negaron una comida a Muhammad Ali y nació el ícono del orgullo negro

Se dice que ese mismo día, el boxeador y poeta tiró una medalla de oro olímpica al río Ohio.

A veces, cuando volteamos hacia atrás en la historia, nos damos cuenta de que aún queda mucho por hacer. Cuando creíamos haber roto con ideas retrógradas o estereotipos innecesarios, nos los volvemos a encontrar en el aquí y el ahora. Racismo, sexismo, violencia: son estigmas que persisten, aunque muchos hayan propuesto, hoy como ayer, otro mundo posible.

Recordar el legado de personas como Muhammad Ali nunca deja de tener sentido. En especial, es inspirador saber cómo se convirtieron en los potentes agentes de cambio transgeneracionales que hoy seducen el imaginario colectivo.

En el caso de Ali, ¿qué fue primero? ¿El boxeador, el poeta o el activista?

Muhammad Ali se afirmó contra un sistema injusto desde muy diversos frentes. Uno de ellos –aunque pocos lo saben– fue la poesía. Poesía a veces repleta de humor, porque el impredecible Ali nunca fue una persona violenta, ni en el ring ni en la vida. Fue, eso sí, un negro que se negó abiertamente a participar en la guerra de Vietnam, aunque ello significara ser encarcelado.

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El argumento principal de Ali para negarse a participar en la guerra –en momentos donde personajes como Elvis Presley o Johnny Cash no tuvieron su lucidez, y llamaban a apoyar al gobierno– fue la más primigenia empatía:

They ain’t done me no wrong
So I ain’t got no fight
With them Vietcong!

Ellos no me hicieron nada malo
¡No tengo por qué pelear
c
ontra el Vietcong!

Cuando un hombre toma una postura tan firme como lo hizo Ali, en momentos donde nada estaba dicho, surgen dudas. En el caso de una personalidad tan original como la suya, es todavía más difícil rastrear las razones de su actitud hacia el mundo. ¿Acaso esa empatía era natural en Ali?  No exactamente. En realidad, tuvo mucho que ver con una amarga experiencia.

I’m not conceited. I’m convinced.

No soy engreído. Estoy convencido.

Tras ganar su primera medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Verano en Roma, y con tan sólo 18 años cumplidos, Ali escribió un poema en verso libre, al compás de su victoria. Al final del poema, dice:

We like your name, we like your game.
So make Rome your home if you will.
I said I appreciate your kind hospitality,
But the USA is my country still,
‘Cause they’re waiting to welcome me in Louisville.

Nos gusta tu nombre, nos gusta tu juego
Haz de Roma tu casa si lo deseas
Yo dije, aprecio su noble hospitalidad
Pero los Estados Unidos son aún mi país
Porque me están esperando para recibirme en Lousville.

Como la mayoría de los americanos, y más los que habitaban el revitalizado sur de los Estados Unidos de los años 50, Ali reivindicaba a su país. Si no patriotismo, el poeta campeón sentía un genuino amor por la comunidad donde nació y creció.

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No obstante, poco tiempo después de esta victoria, Ali tiró su medalla al río Ohio, en un acto de pragmática y subversiva poesía. Se habían negado a servirle una comida en un restaurante local por ser negro.

Quizá fue ese el punto de inflexión…

Muhammad Ali, el hombre, había nacido en Kentucky en 1942. Muhammad Ali, el boxeador, había nacido en 1954, cuando a un joven Cassius Clay le robaron su flamante bicicleta roja y el policía al que denunció el robo terminó siendo su entrenador. Pero Muhammad Ali, el activista antiguerra, ícono del orgullo negro y predicador de la paz, nació el día que le negaron una comida por su color de piel.

 

* Referencias:

The Best Muhammad Ali Poems, Songs, Epigrams, Quotes, Jokes, Anecdotes, Nicknames and Trivia

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.


Conoce el yoga Iyengar: la práctica que puede llevarte a otro estado de conciencia

Si crees que el yoga en su versión occidental no tiene nada que ofrecerte, el yoga Iyengar te hará cambiar de parecer.

El yoga es una práctica milenaria y proviene de Oriente. Practicarla en nuestras selvas de concreto occidentales, y en pleno siglo XXI, parece algo ¿anacrónico? ¿fuera de lugar? Lo cierto es que, actualmente, hacer yoga no es un capricho ni una moda –una muestra contundente de ello está en el documental Yoga, la arquitectura de la paz–. Por eso, para quien se compromete realmente en su práctica disciplinada, el yoga no es ni siquiera una rutina más de ejercicio o de estiramiento, sino una forma de vivir y de poner en equilibrio la existencia. 

Es así que la práctica del yoga es una que se puede retomar, estemos donde estemos y seamos de donde seamos. Sólo tenemos que ser conscientes de lo que implica. Para esto es necesario comprometernos no sólo física o mentalmente, sino también espiritualmente. Es un compromiso incluso ético, y eso es algo muy presente en el yoga Iyengar.

Es a través del cuerpo que te das cuenta de que eres un chispazo de divinidad.

(B. K. S. Iyengar)

Entre las muchas escuelas que existen, provenientes de diversas cosmovisiones, la del yoga Iyengar es quizá una de las más profundas entre aquellas que más se popularizaron. Este estilo es ideal para todos los que no se han decidido a practicar el yoga por sentir que su versión occidental es una versión deslavada. Pero realmente es todo menos eso. Y el yoga Iyengar lo demuestra, siendo una práctica exigente pero a la vez coherente, tanto para la mente como para el cuerpo. Y con mucho contenido que también alimenta al espíritu.

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Todas las escuelas de yoga complementan su práctica de asanas (posturas) con un extenso bagaje teórico y hasta histórico que debemos conocer. Esto, en primer lugar, para decidirnos por el estilo al que mejor podamos adecuar nuestros intereses y aspiraciones. El yoga Iyengar se basa en ocho estadios que deben recorrerse para llegar al dharna (concentración), al dhyana (meditación) y finalmente al samadhi (estado superior de conciencia).

Es a través del alineamiento del cuerpo que descubrí el alineamiento de la mente, el yo y la inteligencia.

(B. K. S. Iyengar)

En el yoga Iyengar se deben realizar las asanas privilegiando la atención que se pone en cada momento de su ejecución. Para ello, debemos enfocarnos en la respiración y en lo que los órganos sensoriales comunican en nuestro interior. Lo mejor es el cuidado que se pone en este estilo a la correcta alineación del cuerpo, lo que lo hace una forma de yoga más profunda que las clases “exprés” o de mero estiramiento sinsentido.

Así, esta escuela de yoga, fundada por el maestro indio y gran difusor B. K. S. Iyengar –quien fuera una de las personas mas influyentes en 2004, según la revista Times–, se caracteriza por brindar un camino pausado pero seguro hacia una transformación radical de la conciencia. A partir de su práctica podemos realmente llegar a percibir que estamos en la nada: que nuestra conciencia se ilumina y nos liberamos realmente de los amarres materiales.

Si quieres conocer más de esta escuela de yoga, te recomendamos buscar en línea algunos de los muchos libros del maestro B. K. S. Iyengar, o sus entrevistas en YouTube. Son imperdibles.

 

* Imágenes: Yoga Journal; 2) Mirrorpix



La intuición como señal de mayor inteligencia

¿Cómo resuelves los retos que te presenta la vida? Si lo haces con intuición, quizá seas más inteligente.

Para algunos científicos, la intuición podría ser la forma más elevada de inteligencia. Por supuesto, la inteligencia no es algo que pueda determinarse fácilmente, pues está compuesta de diversos elementos. Para muchos, no obstante, lo más importante es la capacidad de razonar. Pero usar la intuición, aunque ésta sea una forma preconsciente de entender las cosas, puede ser mucho más poderoso que usar la razón. 

 

Pero antes, ¿qué es la intuición?

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Esta habilidad es regulada por la red neuronal preconsciente y es, básicamente, lo que nos permite sobrevivir. Gracias a la intuición podemos hacer las cosas más mundanas (como caminar o abrir una puerta) sin tener que razonarlas hasta sus ultimas consecuencias.

Pero además, este instinto regula nuestro entendimiento de la realidad, actuando como un filtro entre la información y nuestro cerebro. Es así que la intuición nos ayuda a distinguir entre lo verdadero y lo falso, y puede darnos pistas sobre lo que es mejor para nosotros en un momento dado.

El director del Max Planck Institute for Human Development, Gerd Gigerenzer, quien además es autor del libro Gut Feelings: The Intelligence of the Unconscious, piensa que estas características hacen de la intuición la forma más elevada de inteligencia. Según contó para Forbes, él es al mismo tiempo racional e intuitivo:

En mi trabajo científico, tengo corazonadas. No puedo siempre explicar por qué creo que un camino es el camino correcto, pero tengo que confiar en ello y seguir adelante. También tengo la habilidad de corroborar estas corazonadas y averiguar de qué se tratan. Esa es la parte científica.

Como la intuición es lo que ha llevado a este psicólogo a realizar sus mayores aportes al mundo de la ciencia, no duda en catalogarla como una forma de inteligencia. Y más aún, como la más elevada. Y es que, según Gigerenzer, la intuición promueve un mayor aprovechamiento de la curiosidad, la cual, apoyada en esta habilidad intelectual, puede abonar mucho a nuestra búsqueda de conocimiento:

Déjame ponerlo de manera más simple. Si todo lo que haces consiste en sentarte en una silla y confiar en tu intuición, no estás ejercitando mucho que digamos tu inteligencia. Pero si a partir de ella profundizas en un tema y estudias sus diversas posibilidades, estás ejercitando tu inteligencia.

Así que, si no confías en tu intuición, piensa otra vez. Y ponla más seguido en práctica, como una más de las maravillosas habilidades de tu cerebro. Pero, ¿cómo hacerlo?

 

Despierta tu intuición

Hacerte más intuitivo es difícil con las dinámicas actuales. Por ejemplo, la productividad que nos exigen en nuestros trabajos suele mermar nuestra intuición, porque nos demanda fríos cálculos y nos coloca bajo presión. No obstante, es posible ejercitar el cerebro y las emociones para ser más intuitivo.

Lo único que tienes que hacer es ponerte en sintonía con tus sentidos. De lo que se trata es de aguzarlos todos para poder utilizarlos de manera inconsciente, para lo cual tendrás que acostumbrarte a realizar sesiones de meditación cotidianas, y entablar diálogos con tu yo interno más seguido. Si quieres saber más de cómo despertar a tu yo intuitivo, puedes ver nuestra guía aquí. Porque somos fans de la intuición. Y creemos que si se convierte en una fuerza colectiva, podremos evolucionar como civilización.

 

* Imágenes: 1) Claude Monet, Water Lilies; 2) Dirk Salm/Public Domain