El ángel de la muerte o la luz al final del túnel, eso realmente no importa. La muerte ha tomado distintas formas y significados a lo largo del tiempo. Prácticamente cada cultura, religión o filosofía tiene su propia visión sobre el fin de la vida.

Incluso, la ciencia ha tratado a la muerte como un proceso biológico de cambios físicos que nos dividen en muertos y vivos. No hay una definición única e inamovible para la muerte, esto depende de prácticamente de cada ser humano, pero podemos explorar las posibilidades.

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Pero entonces, ¿qué sabemos de la muerte?

Se cree que el último suspiro puede ser rápido. Que no sentimos el momento exacto en el que nuestro organismo se rinde. Pero, cuando la máquina humana se apaga… ¿acaso sabemos qué sucede con la existencia?, ¿qué sentimos o qué será de nosotros?

El director de Investigación de Cuidados Críticos y Reanimación del Centro Médico Langone, Sam Parnia, afirma que la conciencia permanece en nosotros mientras morimos. Debido a que el cerebro continúa con actividad hasta 20 segundos después de la muerte clínica, la conciencia podría permanecer activa. 

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Se estima que, durante estos segundos posteriores a la muerte, el cerebro registra un incremento intenso de actividad que se podría describir como un estado de hiperalerta. Esta podría ser la evidencia de que la conciencia permanece lúcida durante las primeras fases la muerte, pero hasta ahora sólo es una especulación.

Hasta cierto punto, no tiene mucho sentido estudiar estas experiencias cerebrales si al paso del tiempo moriremos. Sí, la realidad es que todos en algún momento enfrentaremos la muerte. Pero más allá de tratarlo como un simple hecho científico y biológico…

Entender la muerte e incluso imaginarla podría ayudarnos a vencer el miedo y, en el aspecto científico, ayuda a que se tenga una noción universal de lo que el ser humano experimenta al morir. 

 

La muerte espiritual o científica 

La razón por la que debemos entender la muerte es para aprovechar el cerebro como una fuente de información y estudio que permita mejorar la vida. Y también, por qué no, asegurar un mejor viaje al más allá.

Conocer nuestro cerebro mientras perdemos la vida es una gran clave para entender científicamente, y tal vez espiritualmente, lo que sucede cuando ya no estamos conscientes. La ciencia, al menos hasta hoy, no ha logrado garantizar la vida más allá de la muerte. Aunque algunas filosofías y creencias sí consideran la existencia de una vida espiritual o fantasmal (depende de cómo lo percibas).

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La buena noticia es que sí hay un indicio científico que garantiza que nuestra energía continúa después de la muerte, y eso se logra a través de los genes. Estos especiales organismos que nos definen permanecen extraordinariamente vivos después de perder la vida, garantizando que nuestra especie sea mucho mejor que la anterior.

Esto quiere decir que nuestra existencia se alimenta de nuestros antepasados y así continuará hasta el último día del último ser de este planeta. En términos científicos, se podría explicar que la vida nunca puede ser destruida, únicamente se transforma.

Pero la realidad es que, de forma científica o espiritual, todo lo que se sabe y se ha investigado sobre la muerte nos acerca un poco más hacia la idea de percibirla como un hecho natural e indispensable para la evolución.

 

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