Puedes morir simplemente por renunciar a la voluntad de vivir, según nueva investigación

Se llama muerte psicogénica: no es lo mismo que la depresión, y saberlo puede salvar vidas.

Aunque nuestro organismo es una especie de maquina de funcionamiento milimétrico, no es infalible. Depende, por supuesto, de nuestros hábitos: una vida sedentaria atrofia los músculos y debilita el corazón y la mente, pero una vida activa y una dieta equilibrada son los secretos de la longevidad. No obstante, la voluntad es una energía vital que, de faltar, puede ocasionar graves averías en nuestra máquina orgánica, y más todavía: puede llevar a la muerte.

Morir por apatía o por una completa falta de voluntad es algo que sucede realmente. Se trata de una extraña condición llamada muerte psicogénica, que según el doctor John Leach, de la Universidad de Portsmouth, puede ocurrir a partir de un trauma intenso. Bastan 3 días para que este estado psíquico provoque la muerte.

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Laura Makabresku

Para Leach, esta condición debe diferenciarse del suicidio o la depresión extrema. Puede considerarse muy ligada a esta última, pero la depresión no es capaz de provocar la muerte de la misma fulminante manera.

Y es que la muerte psicogenética consiste de cinco etapas.

Cada una es parte de un proceso de desconexión de la realidad: una escisión entre cuerpo, mente y ambiente que podría ser ocasionada por un cambio en el funcionamiento del circuito cingulado anterior, una zona que media procesos de control ejecutivo y emocional, y que está ligada a la motivación.

Según investigaciones previas, la muerte psicogénica podría ser también una reacción a la sobreabundancia de ciertas hormonas en el organismo, liberadas por alguna vivencia traumática. En especial, se ha comprobado que las hormonas de adrenalina y del estrés son las más secretadas, y en exceso pueden ocasionar la muerte psicogénica.

 

Las 5 etapas de la muerte psicogénica

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Aislamiento

Un trauma capaz de arraigarse tanto como para causar estrés postraumático es el detonante de la muerte psicogénica. Lo primero que hacen los pacientes es aislarse y evitar toda interacción social, siendo indiferentes y sumiéndose en sí mismos.

 

Apatía

No obstante, un trauma no necesariamente trae consigo apatía. Pero sentirla es parte de la segunda fase, cuando la persona deja de tener energía y no hace esfuerzos en torno a casi nada y, sobre todo, descuida su aseo personal.

 

Abulia

En este punto la apatía se ha transformado en una respuesta emocional casi nula, al grado de que la persona no quiere hablar. Según Leach, este estado puede considerarse como “una mente vacía o una conciencia falta de contenido”.

 

Acinesia

La acinesia es un estado de inmovilidad provocada por una reacción de protección. Pero en esta fase, la acinesia provoca incapacidad de movimiento debido principalmente al estado en el cual se encuentra la mente del paciente. Llega a ser tan contundente que la persona es incapaz de sentir dolor.

 

Muerte psicogénica

La etapa final es la completa rendición de la persona. La voluntad los ha abandonado por completo y quizá ni siquiera esperen morir. Sólo yacen tendidos, sin mostrar emoción alguna ni miedo a la muerte.

 

Pero no debemos temer…

Según Leach,

Distintas intervenciones, como la actividad física, pueden darle a la persona un sentido renovado de elección y de control que puede llegar a romper el terrible ciclo a través de la liberación de dopamina.

Así que sobrellevar la ola siempre es posible. E incluso, porque una experiencia devastadora no significa encallar en la isla de la apatía sin retorno. Por eso, siempre debemos trabajar en nuestra salud psíquica y espiritual para evitar cualquier posibilidad de que se pierda una de las energías más valiosas que nos mueven: la voluntad.

Lo más importante es que mantengamos conectados la mente y el cuerpo. Rélajate, reconéctate y ubica el estrés en el mapa de tu cuerpo. No dejes de propiciar el diálogo entre estas dos entidades maravillosas, y reactualiza tu capacidad de ser empático con toda la periodicidad que te sea posible.

 

* Fotografías: Laura Makabresku



No todo está perdido: sobrevivir a un trauma te vuelve más empático (nuevo reporte)

El trauma es doloroso, pero diversos estudios de psicología afirman que es una oportunidad para crecer.

El trauma psicológico puede ser devastador. Un accidente, la muerte de alguien querido o el abuso son ejemplos de experiencias que pueden paralizar la psique durante años. Por fortuna, no todo es oscuridad: la mente humana tiene una asombrosa capacidad para regenerarse y sanar. Un grupo de psicólogos de la Universidad de Cambridge lo confirmó en un estudio reciente.

Resulta que el dicho “lo que no te mata, te hace más fuerte” no es sólo una fórmula repetida hasta el cansancio, sino un hecho comprobado.

La investigación encontró que los niños sobrevivientes al trauma se convierten en adultos más empáticos con el paso de los años. Parece ser que enfrentarse al dolor a una temprana edad termina por sensibilizarlos ante el dolor del otro. En consecuencia, estas personas son más capaces de comprender las complejas emociones que permean toda relación humana. Los lazos que forman con otros en su adultez están colmados de empatía.

Esta valiosa cualidad pareciera ser difícil de medir, pero en psicología es posible hacerlo gracias a cuestionarios especializados. Los psicólogos de Cambridge aplicaron dos cuestionarios distintos a varios adultos que vivieron experiencias traumáticas para determinar sus niveles de empatía. Uno de estos cuestionarios mide la empatía afectiva, que es la habilidad para reaccionar ante las emociones de otros de forma adecuada. El segundo se encarga de la empatía cognitiva y cuantifica la habilidad para comprender los sentimientos del otro.

Los sobrevivientes al trauma demostraron gran habilidad en ambos tipos de empatía, pero fue la empatía cognitiva la que marcó la diferencia. Quienes vivieron experiencias difíciles fueron más capaces de ponerse en los zapatos de sus congéneres y de entender a profundidad sus estados mentales. En comparación, aquellos que no se enfrentaron a un trauma tuvieron una calificación promedio.

De manera sorprendente, se encontró que la empatía y el trauma eran elementos correlacionados. Así, entre más severa había sido la experiencia dolorosa, más grande era la empatía del sobreviviente. ¿Por qué sucede esto? Es posible que se relacione con la gran capacidad de resiliencia que tiene la mente humana.

El trauma severo en la infancia es algo que nadie debiera experimentar, pero cuando ocurre, hay salidas más allá de lo negativo. En otros estudios se ha comprobado que las adversidades contribuyen al desarrollo de rasgos que nos unen a los demás en vez de aislarnos. Ante el dolor, la mente se vuelve más atenta a las emociones propias y al ambiente externo. En otras palabras, la mente se conecta con algo que va más allá del dolor mismo para trascenderlo.

Mucho de lo que se ha dicho acerca del trauma se enfoca en sus consecuencias negativas, pero este hallazgo muestra que existen mejores perspectivas para tratarlo. La mente tiene la resiliencia para sobreponerse incluso a las situaciones más oscuras, y eso es algo que debe quedar siempre claro. Incluso ante un gran dolor, no todo está perdido.

 

* Imagen: Brandon Moreno 



La apatía extrema provocada por un trauma psicológico puede ser mortal (Estudio)

La muerte psicogénica es un padecimiento muy real del que apenas existen investigaciones.

Un trauma psicológico puede perturbarte a tal grado que tu cerebro se apague poco a poco, hasta la muerte. Esto queda documentado en un estudio del doctor John Leach, especialista en psicología de la supervivencia de la Universidad de Portsmouth, donde explora el fenómeno de la give-up-itis (algo así como la “rendi-titis”), un término que expresa la muerte psicogénica.

No se trata propiamente de una forma de suicidio. Leach describe la muerte psicogénica como el proceso que sigue después de que la mente de una persona sufre un trauma con el que no sabe lidiar y ante el cual la muerte parece el único fin racional. Esto puede ocurrir en cuestión de días, si no se recibe ayuda. En palabras de Leach:

La muerte psicogénica es real. No es suicidio, no está ligado a la depresión, sino que el acto de rendirse a la vida y morir usualmente en cuestión de días, es una enfermedad muy real, a menudo ligada a un trauma severo.

En términos clínicos, esta muerte autoinducida podría explicarse por un mal funcionamiento del circuito cingulado anterior, una zona del cerebro responsable de la motivación y el comportamiento dirigido a la consecución de objetivos. Cuando el trauma sufrido por la persona interfiere con la motivación, “la apatía es casi inevitable”.

Sin embargo, no todo está perdido. Para Leach:

Revertir la caída de la rendititis hacia la muerte tiende a llegar cuando el sobreviviente encuentra o recupera el sentido de elección, de tener algún control, y tiene que ver con que esa persona se sobreponga a sus heridas y encuentre un interés renovado en la vida.

Es importante conocer e identificar las cinco etapas de la rendititis:

1. Aislamiento social

Luego del trauma, la gente se aísla e interrumpe el ritmo normal de su vida hasta un grado de extrema pasividad. Según Leach, esta puede ser una estrategia de afrontamiento, pero si se extiende puede dar pie al aislamiento absoluto.

 

2. Apatía

Descrita como una melancolía desmoralizante, la apatía no se parece a la ira, la tristeza ni la frustración. Se traduce en gestos como falta de limpieza y cuidado de uno mismo, así como una falta total de energía para realizar tareas en apariencia sencillas.

 

3. Abulia

Severa falta de motivación que va de la mano con una respuesta emocional estancada, así como falta de iniciativa e incapacidad para tomar decisiones. En este punto, la gente puede dejar de hablar y comer. Tampoco reaccionan frente a los intentos de otros por ayudarlos, y ni siquiera frente a los ataques físicos.

 

4. Acinesia física

La persona está consciente, pero parece ausente, e incluso se muestra indiferente ante el dolor físico. Aparece la incontinencia urinaria y fecal, y la persona puede quedarse tendida sobre sus propios desechos.

 

5. Muerte psicogénica

La etapa final entre acinesia y muerte psicogénica toma entre 3 y 4 días. A menudo se presenta un breve lapso de conciencia. Leach describe este estado como semejante a cuando un prisionero de un campo de concentración decidía fumarse un cigarrillo. Los cigarros eran escasos, y por lo tanto, muy valiosos: un prisionero podía intercambiarlos por raciones extra de comida o protección. El gesto de fumar denotaba que la persona en realidad no tenía interés en continuar viviendo en esas condiciones.

 

Recuerda que aun frente al trauma psicológico extremo, no todo está perdido. Si alguien que conoces está en una situación similar, procura ayudarle a buscar tratamiento psicológico especializado.