Monsanto –ahora propiedad de Bayer– es una empresa francamente siniestra. No contenta con haber fabricado el mortífero agente naranja durante la guerra de Vietnam, ni con jugar al semidios al atreverse a modificar las bases primigenias de la naturaleza, ahora se sabe que Monsanto también se ha encargado de crear una red de periodistas impostores, así como de académicos y hasta de científicos, para intentar limpiar su percudida imagen.

Y es que últimamente Monsanto ha estado en muchos problemas.

La multinacional ha tenido que pagar millonarias sumas de dinero a algunas de las personas que la han demandado. Esto a raíz de que el uso prolongado del herbicida RoundUp le ha generado cáncer a miles de personas. Tan sólo por el caso del jardinero Dewayne Johnson, Monsanto tuvo que pagar una multa de 289 millones de dólares, mientras que en el último caso, ganado por la pareja Alva y Alberta Pilliod, Monsanto pagó 2,000 millones de dólares.

Tomando en cuenta que la transacción realizada para la compra de Monsanto por parte de la alemana Bayer fue de 63,000 millones de dólares –y fue, de hecho, considerada la más costosa de la historia, según Forbes–, no cabe duda de que la mala fama le está costando muy caro a la multinacional.

 

La narrativa de Monsanto

No es de extrañar que Monsanto se haya dedicado a manipular los medios de comunicación, no sólo a partir de la publicación de falsas investigaciones científicas, sino mandando a sus consultores, disfrazados de reporteros, a los juicios contra RoundUp.

Según un reportaje publicado en The Guardian, una directora de la consultora FTI, de quien Monsanto es cliente, se presentó a uno de estos juicios en San Francisco. Ahí dijo ser reportera freelance de la BBC. Su objetivo era poder hablar con los verdaderos reporteros e intentar convencerlos de ciertas narrativas en la historia que favorecieran a la multinacional.

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Monsanto ha recurrido, incluso, al acoso a periodistas.

La periodista Carey Gillam habló con Timothy Litzenburg, quien representa a varios agricultores que han demandado a Monsanto. Este abogado ha rastreado lo que llama el “proyecto de dinero oscuro” que esconde la multinacional y con lo cual busca legitimarse ante la opinión pública. Tal proyecto no implica sólo tener cómplices en algunos importantes noticieros, periódicos y medios digitales, sino incluso se vale del intento de desacreditar a los reporteros comprometidos a través del soborno, y desmovilizarlos mediante el acoso.

Según le contó Litzenburg a Gillam:

Ahora sabemos que tenían periodistas cómplices que influyeron con la propaganda de Monsanto bajo el disfraz de que era “información objetiva”. Al mismo tiempo, la compañía química trató de acumular informes para desacreditar a los periodistas que fueron lo suficientemente valientes como para hablar en contra de ellos.

Es así que Monsanto busca escribir narrativas alternas sobre su oscuro pasado y presente, para poder seguir engañando a la opinión pública mientras sigue haciendo de nuestra salud y de la naturaleza su negocio privado. No obstante, mientras periodistas valientes como Carey Gillam sigan diciendo la verdad –y mientras nosotros sigamos denunciando todos sus crímenes… es indudable que Monsanto tiene sus días contados.

 

* Imágenes: 1) Reuters; 2) Luke Runyon