Encuentran la molécula más antigua del espacio

Y, al parecer, tuvo un papel clave en los inicios del universo.

¿Cómo era la química del universo en sus primeros años? Una pista clave acaba de ser hallada por un grupo de astrónomos, quienes dieron con lo que parece ser el tipo de molécula más antiguo, misma que nunca había sido captada en su entorno natural.

El hallazgo de esta molécula abre un nuevo episodio
en la historiografía cósmica.

Esta molécula antigua es conocida como “hidruro de helio”, y fue sintetizada por primera vez en un laboratorio en 1925. Pero los astrónomos sostuvieron la hipótesis, desde hace décadas, de que se podía encontrar a esta molécula en el medio interestelar, es decir, en el contenido de la materia y energía que existe entre las estrellas. Y así fue.

 

¿Cómo se encontró a la molécula más antigua del universo?

Científicos de la Universidad Libre de Bruselas encontraron este ión de hidruro de helio en una nébula de 600 años, a 3,000 años luz de distancia de la constelación Cygnus. Esto fue posible gracias al Statospheric Observatory for Infrared Astronomy (SOFIA), un avión Boing 747SP de la NASA que cuenta con un telescopio que realiza observaciones en frecuencia infrarroja.

La molécula, claro está, se formó bajo condiciones distintas a aquellas de la “prehistoria” del universo –es decir, no es una molécula antigua–. Aun así, el hallazgo puede ayudar a conocer más de la química temprana del cosmos, ya que su estudio revelará nuevos datos antes inaprehensibles. 

Según le dijo a The Guardian Jérôme Loreau, experto en esta molécula:

Otra razón por la que es emocionante es porque el hidruro de helio es la primera molécula que formó el universo, unos 380,000 años después del Big Bang, en una era conocida como la época de recombinación.

Por su parte, los autores del estudio aseguraron que esta molécula tiene una limitada importancia actual para la Tierra. Esto resulta por demás paradójico, pues algo que no está presente en nuestra realidad cotidiana tuvo, no obstante, un papel clave en el comienzo del universo.

Así que estamos frente a una cuestión que no sólo es asombrosa por sí misma, sino que nos deja frente a un auténtico problema filosófico.



¿Por qué existe el universo? Una historia detectivesca existencial

El escritor Jim Holt explora la pregunta eterna de la ontología cósmica; el novelista John Updike responde con un espíritu lúdico ante el misterio primordial.

La eterna pregunta de por qué existe el universo (o cómo es que algo surgió de la nada) es revisitada por el escritor Jim Holt en su libro Why Does the World Exist?: An Existential Detective Story, donde trata este fascinante e inagotable tema a través de un abanico de múltiples perspectivas, una visión poliédrica.

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Holt se sirve de las mente más brillantes de la actualidad y de tiempos pasados para abordar la cuestión de la ontología cósmica, una pregunta “tan profunda que sólo se le ocurriría a un metafísico, y al mismo tiempo tan simple que sólo se le ocurriría a un niño”. Para promover este interesante libro se ha publicado en Internet la intervención del novelista estadounidense John Updike, quien parece inclinarse al asombro como el estado que mayor sintonía tiene con este predicamento. Updike responde:

Una opinión que he encontrado es que, ya que llegar de nada a algo involucra tiempo, y el tiempo no existe antes de que haya algo, la pregunta es insignificante y deberíamos dejar de preguntárnosla. Va más allá de nuestros límites intelectuales como especie. Ponte en la posición de un perro. Un perro es responsivo, muestra intuición, nos ve desde ojos en los que yace una cierta inteligencia, pero un perro no entiende la mayoría de las cosas que ve hacer a las personas. No debe de tener ninguna idea de cómo se inventó, por ejemplo, el motor de combustión interna. Así que tal vez debamos imaginar que somos perros y que existen reinos que van más allá de nuestro entendimiento. Tengo problemas creyendo –y esto te ofenderá— la explicación científica estándar de cómo creció rápidamente el universo de la nada. Sólo piensa en ello. La noción de que todos los planetas y estrellas que vemos, y miles de veces más de los que vemos —que todo esto estaba comprimido en un punto del tamaño de, ¿qué, un punto o una uva?—. ¿Cómo, me pregunto, puede ser esto? Y luego pienso en otra cosa.

Updike concuerda con el filósofo Ludwig Wittgenstein, quien dijo que “no es cómo es el mundo lo que es místico, sino que es”. La simple existencia, inefable, es lo místico.

Updike juega con la idea de un creador divino: “¿Dije yo que Dios creó el mundo por aburrimiento? Bueno, [Tomás de] Aquino dijo que Dios creó el mundo ‘en jugo’. En juego. En un espíritu lúdico hizo el mundo. Eso a mí me suena más cerca de la verdad”.

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El universo, ¿un juego misterioso?

Tal vez sí. Un juego infinito en el que no se trata de ganar sino de que el juego siga existiendo, de que siga creando, de que se lleven a cabo todos los movimientos concebibles. Un juego en un tablero invisible cuya razón de ser podría ser el juego mismo (la razón del universo sería el propio universo). Y entonces, también, se trata de invocar a un creador: la creación (el mundo) sería el creador mismo.



Científicos rastrean por primera vez el origen de una “partícula fantasma” proveniente de otra galaxia

Un mensajero cósmico ayuda a científicos a descubrir una fuente de partículas de alta energía en el universo, las llamadas “partículas fantasma”.

Por primera vez, los científicos han identificado el origen de un neutrino que viajó desde fuera de la galaxia. Nadie sabe cuál es exactamente su fin, pero los neutrinos son partículas muy pequeñas, parecidas a los electrones, que viajan a una velocidad similar a la de la luz. Se sabe que abundan en el universo y que pueden atravesarnos por millones en tan sólo un segundo, sin que nos demos cuenta.

De manera que el hallazgo de su génesis es un hecho sin precedentes, que podría cambiar para siempre a la astronomía. ¿Por qué? Esto significa que ahora se cuenta con información sobre los posibles orígenes de los “rayos cósmicos de alta energía”, lo que puede ayudar a resolver un viejo misterio: de dónde proviene la radiación cósmica, descubierta por el físico Victor Hess en 1912. María Victoria Fonseca, presidenta de la Junta de la Colaboración MAGIC y catedrática de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), afirma:

Este trabajo pionero de coordinación entre técnicas de observación tan dispares en observatorios repartidos por todo el globo, en los lugares más extremos del universo, abre una nueva era en la detección de los mensajeros cósmicos, ofreciéndonos una nueva perspectiva del cosmos.

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Disección de un hoyo negro / Hubble

Las partículas de alta energía proceden de un blazar, un agujero supermasivo en el centro de una galaxia que absorbe materia y emite chorros de radiación. Francis Halzen, el investigador principal del observatorio IceCube, dijo para el diario La Vanguardia:

Esta campaña ha cubierto todas las longitudes de onda del espectro electromagnético, desde la radio a los rayos gamma y, lo más importante, el neutrino de IceCube que lanzó la alerta.

Es por eso que este descubrimiento, que constituye un hito científico, abre nuevas posibilidades para la astronomía, ya que para ello se utilizaron dos tipos de mensajeros: ondas electromagnéticas y neutrinos.

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Observatorio

 

El Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y IceCube explicaron que existe una alta probabilidad de que el neutrino se originara en un agujero negro activo en el centro de una galaxia distante de tipo blazar, en la constelación de Orión.

Según la revista Science, el hallazgo contribuye a abrir nuevas ventanas al universo. Antes se habían identificado dos fuentes de partículas de alta energía: el sol y una supernova cercana, en 1987. A partir del último descubrimiento se concluye que los blazares son una fuente de neutrinos astrofísicos. Los blazares están entre los fenómenos más violentos del universo y son un asunto importante para la astronomía extragaláctica.

 

Un rastro de la radiación cósmica

El universo está inmerso en rayos cósmicos, conjuntos de partículas aceleradas a grandes velocidades que llegan a la Tierra constantemente, aunque la atmósfera nos protege de ellos. Sin embargo, el origen de los rayos cósmicos más energéticos, conocidos desde hace más de 100 años, era un misterio hasta hoy.

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Los rayos cósmicos consisten mayoritariamente en protones de altas energías. Según aclara Elisa Bernardini, investigadora principal del proyecto en MAGIC, científica de DESY Zeuthen y de la Universidad Humboldt de Berlín, el hecho de que sea tan difícil encontrar las fuentes de origen de los rayos cósmicos se debe a que “los protones de carga eléctrica positiva son desviados por los campos magnéticos en el espacio, por lo que, al no viajar en línea recta, no podemos ver la dirección de donde vienen”.

En cambio, los neutrinos y los fotones, al no tener carga eléctrica, viajan por el universo sin desviarse. Esto permite identificar los objetos astrofísicos en los que se crearon. Por otro lado, los blazares son objetos que pertenecen a la familia de los núcleos activos de galaxias; son conocidos como los más extremos y variables en todas las bandas del espectro electromagnético.