Modelo amamanta a su bebé en pasarela durante desfile y explota la polémica en Internet (VIDEO)

La supermodelo Mara Martin generó gran polémica, al dar pecho a su bebé durante un desfile en Miami.

A pesar de que cada vez más estudios señalan los diversos beneficios de la lactancia materna, aún existen factores sociales, culturales y laborales que no la promueven o facilitan. Por eso pareciera importante que la revaluación de esta práctica sea cada vez más clara y explícita, y considerando esto, manifestaciones como la de la Mara Martin, modelo de Sports Illustrated, tendrían que celebrarse.

Martin desfiló en la pasarela durante un evento en Miami Beach, dando pecho a su bebé. Para ella, se trató de “compartir este mensaje (pro lactancia) y desear que ésta se normalice; además de mostrar al mundo que las mujeres podemos con todo”. Sin embargo, mientras que hubo miles de voces que aplaudieron el gesto, otras tantas criticaron severamente la acción, desde con comentarios misóginos, en esencia despreciables, hasta otros que advirtieron en el gesto un mecanismo de autopromoción, e incluso hay quien la acusó de usar a su bebé como un accesorio.

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Sin entrar a la discusión “interpretativa”, lo que nos interesa en este caso es hacer énfasis en la urgencia de que culturalmente volvamos a familiarizarnos con la escena de una mamá dando pecho, que recordemos que en sí es un acto hermoso y absolutamente humano, y que diluyamos cualquier tabú alrededor de la lactancia materna. Dicho esto, si Mara Martin hizo o no lo correcto pasa a un segundo plano y, por fortuna, al menos pone en la mesa la discusión. 

Si te interesa conocer más a detalle los mitos y verdades sobre la lactancia, te invitamos a leer esta nota de nuestras amigas de Mamá Natural. 

 



Sólo existe una falla con la que tienes que aprender a lidiar, según el zen

Nada más que una falla podría estar provocando que no logres encontrar por dónde fluir.

Hay muchas razones por las cuales nos paralizamos ante la simple idea de fracasar y no poder lidiar con nuestras fallas. La ansiedad nos domina con sólo pensarlo. ¿Y si no se vuelve a presentar la oportunidad? ¿Qué tal que hago el ridículo? ¿Y si decepciono a alguien?

Los pensamientos persisten y se vuelven obsesivos cuando no sabemos cómo lidiar con ellos ni, por tanto, con las fallas. No podemos evitar intentar vislumbrar el futuro ―lo cual no es malo―, pero no lo hacemos de una manera previsora, más intuitiva, sino dando por hecho que sólo nos aguardan equivocaciones. Vamos a fallar, nos aseguramos. Nada volverá a ser igual.

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Y entonces fallamos, porque la mente ―e incluso las posturas de nuestro cuerpo― pueden precondicionarnos a ello: liberar hormonas y neurotransmisores cuyo influjo en nuestro comportamiento es realmente poderoso.

¿Por qué no podemos fluir sin las ataduras del fracaso?

El maestro zen más importante de Occidente, Taisen Deshimaru, pensaba que el problema reside en que buscamos la libertad en el lugar equivocad. La libertad es la meta a la que todos aspiramos, pero para el maestro Deshimaru era claro que la ambición y el deseo llevan a los individuos, en la sociedad moderna, a fetichizar la libertad: a confundirla con cuestiones como el éxito personal.

Como es imposible alcanzar la libertad a la que refiere el zen mediante ambiciones materiales, es recurrente que nos encontremos frente al fracaso.

La verdadera libertad está en la mente [… ] Incluso cuando mis proyectos fallaran, incluso si toda mi misión fracasara, todavía tendría mi kolomo (ropaje) y mi cabeza rasurada, y podría dormir a un lado del camino.

Buscar la libertad más allá de la propia psique, la cual nos conecta con los otros y con el cosmos, es lo que nos conduce a un irracional miedo al fracaso. No quiere decir que debamos aislarnos para no fallar, sino que debemos construir lo que somos en el mundo material sobre un sólido trabajo subjetivo. 

Sólo así nos podemos dar cuenta de que la única falla importante que podemos cometer es creer que podemos fallar.

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Porque en realidad fallar es algo tan relativo como el tiempo. Lo que percibimos como una falla tenemos que retomarlo como una oportunidad para reflexionar. Fallar debe servirnos para fortalecer la psique, y como un momento para redireccionar nuestras intenciones.

Ray Bradbury lo sintetizó lucidamente en su libro Zen in the Arts of Writing:

No deberías ver hacia atrás para concebir el trabajo que has hecho como una falla. Fallar es rendirse. Pero estás en el medio de un proceso en movimiento. Nada falla entonces. Todo sigue. El trabajo está hecho. Si es bueno, aprenderás de él. Si es malo, aprenderás aún mas. El trabajo hecho es una lección para ser estudiada. No hay falla a menos que uno se detenga.

Las fallas no existen: son sólo una ilusión que nos sirve de barómetro, que pueden ayudarnos a sobrevivir. Pero que sobre todo tienen que impulsarnos a seguir: a fluir.

*Imágenes: Anna Sudit



¿Qué sí y qué no puedes comer durante la lactancia?

Durante este periodo es indispensable comer bien –ojo, esto no significa comer más– para la salud tanto del bebé como de una misma.

La importancia de nutrirse a lo largo de la vida tiene impactos en la salud y funcionamiento del cuerpo. Sin darnos cuenta, el ir alterando nuestra dinámica alimentaria hacia el consumo adecuado de nutrientes, produce en nuestro cuerpo que se sienta más liviano, saludable e inclusive parezca más feliz. Hay incluso ocasiones en que es indispensable mantener una buena alimentación, como por ejemplo durante el embarazo y la lactancia. 

Durante este periodo es indispensable comer bien –ojo, esto no significa comer más– para la salud tanto del bebé como de una misma. Comprendamos que una buena alimentación es el combustible para el cuerpo para mantener energía a lo largo del día y producir leche de manera exitosa. 

Durante el embarazo, la placenta en desarrollo es la responsable de secretar estrógeno y progesterona, las hormonas encargadas de estimular la producción de leche y de provocar que los conductos galactóforos –responsables de transportar leche materna– crezcan en número y tamaño. Por ello, el cuerpo está normalmente listo para producir leche materna a partir del segundo trimestre del embarazo –aunque la producción máxima se alcanza cuando el bebé ya nació–. Como es de esperarse, las primeras horas –y siguientes días al nacimiento–, la leche materna es diferente, como amarillenta o dorada. Se le llama “calostro”, la cual es una sustancia rica en proteínas, anticuerpos inmunoglobulinas y fácil de digerir. Se trata de un alimento indispensable para el bebé durante las primeras 48-96 horas siguientes de su nacimiento. 

Para producir leche, es indispensable cuidar la alimentación que será transferida al bebé a través de la leche materna. Es decir que si el cuerpo produce leche por sí mismo, la dieta marca la calidad de la leche que se produce. Por tanto si los hábitos alimenticios no son saludables, el cuerpo y salud tanto de la madre como bebé, pagarán la factura. La dieta recomendada durante la lactancia es similar a la del embarazo, aunque puede variar en la ingesta de calorías extras durante la lactancia –en vez de 300 calorías extras diarias durante el embarazo, ahora serán 500 calorías extras diarias durante la lactancia–. Lo ideal es crear un equilibrio entre proteínas, granos, grasas saludables y alimentos ricos en calcio; como por ejemplo

 5 porciones de calcio

  • 3-4 porciones de vegetales verdes (o amarillos)
  • 3+ porciones de granos o carbohidratos complejos
  • 3 porciones de proteína
  • 2 porciones de vitamina C
  • 1+ porciones de alimentos ricos en calcio
  • 1+ porciones de frutas o vegetales (además de las variedades verdes o amarillas).

A continuación te compartimos los alimentos ideales para la lactancia

  • Nueces, semillas y aguacates, 
  • agua, 
  • espinacas o kale –ricas en vitamina A, hierro, vitamina C y calcio–, 
  • quinoa, 
  • avena, 
  • semillas de chía, 
  • almendras, 
  • huevos, 
  • salmón.

Por otro lado, lo que NO es recomendable durante este periodo son: 

  • Comida chatarra, junk food y derivados; 
  • pescados con alto contenido en mercurio y otras toxinas; 
  • líquidos o bebidas con cafeína, teína, refrescos y cola; 
  • alcohol; 
  • endulzantes y endulcorantes artificiales,
  • leche de vaca y derivados de lácteos, cítricos, trigo, fresas, berries o frutos rojos y chocolates.