Deléitate un rato con el misterioso hexágono de Saturno en movimiento

Algo tiene Saturno que ha maravillado al ser humano desde hace milenios (empezando por su enigmático hexágono de nubes).

Saturno es, sin duda, uno de los planetas más misteriosos y sensuales de nuestra galaxia. Este gigante de gas tiene un lugar en múltiples mitologías. Por ejemplo, en la romana, donde es personificado por un dios homónimo; en la mitología hindú es Shani, el dios Ninurta entre los babilonios y Cronos en la mitología griega. 

Pero más allá de su potencial alegórico y su liviandad, la cualidad que más maravilla a los científicos –y quizá a los poetas– es una peculiaridad meteorológica en su polo norte. Se trata de un vórtice de nubes en forma de hexágono que ondula con los vientos.

En un estudio reciente, publicado en Nature Communications, se descubrió que durante el verano otro vórtice hexagonal se sitúa sobre el que ya conocemos, en la estratósfera de Saturno. Esto abre la posibilidad de que haya ocurrido una sobreposición de hexágonos en esa zona, o quizá en realidad se trata de un cuerpo encumbrado que ocupa verticalmente cientos de kilómetros. Algo así como una monumental torre, lo cual haría de esta bondad saturnal una todavía mucho más espectacular.

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En todo caso, mientras la ciencia sigue intentando descifrar la peculiaridad de este planeta, nosotros te invitamos a simplemente disfrutar su belleza e imaginar que estás debajo de ese cenit hexagonal filosofando en que, probablemente, la vida sea sólo una perfecta coreografía de fuerzas múltiples. 

* Este GIF animado resultó de la unión de 128 imágenes capturadas por la sonda Cassini y ensambladas en la NASA para documentar el movimiento del manto hexagonal que cubre a Saturno. 



Así es como el universo como lo conocemos podría llegar a su fin

Ya sea con un gran congelamiento o con una ruptura en el espacio tiempo, el universo llegará a su fin tarde o temprano.

«Así es como termina el mundo, no con una explosiónsino con un suspiro»

T.S. Eliot

Lamentamos recordártelo, pero tarde o temprano, todo lo que conoces, todo lo que amas u odias, incluso tú, morirá. Como dice el refrán, “todo lo que inicia, acaba”, y de modo semejante al ciclo de una vida humana, del nacimiento a la vejez, nuestro universo también llegará a su fin.

Pensar en la finitud de la existencia probablemente sea una de las ideas capaces de entristecer hasta al más optimista –pero no cabe duda de que imaginar las posibilidades del final también resulta fascinante desde un punto de vista científico.

El fin de la Tierra como la conocemos es un problema menor comparado con el fin del universo. Sin contar con las tendencias autodestructivas propias de la especie humana, y asumiendo que el cambio climático no produzca cambios que vuelvan imposible cualquier forma de vida en el planeta, nuestra atmósfera seguirá siendo habitable durante mil millones de años más.

El sol de nuestro sistema solar tiene entre 7 mil y 10 mil millones de años de vida por delante antes de convertirse en una gigante roja, expandiéndose más allá de su tamaño actual y engullendo a los planetas circundantes, antes de convertirse en una enana blanca tremendamente masiva, aproximadamente del tamaño actual de la Tierra.

La vida de las estrellas rojas, según el físico John Baez de la Universidad de California, en Riverside, es de 100 trillones de años (considerando que un trillón equivale a un millón por un millón de años, una cifra bastante difícil de imaginar desde la escala humana). Pasado este tiempo, la estrella se apaga al quedarse sin energía, o es absorbida por otro cuerpo celeste de mayor masa y gravedad, como un agujero negro.

Galaxia de Andrómeda

Esto es lo que ocurrirá también con el Grupo Local de nuestra galaxia, cuando la Vía Láctea colisione con su vecina, la galaxia de Andrómeda, en menos de 6 mil millones de años. Tanto la sonda Gaia como el telescopio espacial Hubble han confirmado que ambas galaxias se encuentran en un curso de colisión de 300 kilómetros por segundo desde el punto de vista de nuestro sol; su acercamiento definitivo tendrá lugar un poco antes, en 3,870 millones de años, y su fusión en una galaxia elíptica, en 5,860 millones de años. Ese será el fin de nuestra galaxia, absorbida en una nueva unidad.

La “gran congelación” o la muerte del calor

A partir de entonces, en este lugar del universo al igual que en el resto, la gravedad de los cuerpos celestes más masivos atraerá a los más pequeños, hasta que toda la materia entre en los agujeros negros o flote como partículas libres, cada vez más lejos unas de otras.

Eventualmente, los agujeros negros también se van a evaporar. Este proceso fue descrito por Stephen Hawking, quien explicó que la vida de los agujeros negros, aunque considerablemente larga, también es finita. Calcular su duración equivale a multiplicar diez a la centésima potencia (10^100, un gúgol). Cuando los agujeros negros se consuman, la materia restante seguirá alejándose más y más hasta que el espacio sideral quede realmente vacío y frío, tal vez para siempre.

La profesora Katie Mack de la Universidad del Estado de Carolina del Norte, explicó que “podemos intentar entenderlo, pero no hay nada que podamos hacer para cambiarlo de ninguna manera.”

Y es que pensar en el fin del universo no solamente es un reto para los astrofísicos que lo estudian, sino que nos da un poco de perspectiva acerca del lugar de la humanidad en el universo. Es una postura entre filosófica y científica, pero sin duda de un realismo total, pues como dice la profesora Mack, “no tenemos ningún legado en el cosmos, eventualmente. Ese es un concepto interesante.”

El “gran desgarramiento”

Pero no todo tiene que terminar en una helada universal que dure un tiempo incalculable: otras teorías apuntan a que el universo no sólo se está expandiendo, sino que esa expansión se está acelerando. La energía oscura podría apresurar aún más esta aceleración.

La energía oscura, según los teóricos, es fuerza gravitacional repulsiva que empuja toda la materia más y más lejos desde su punto de origen, desde el principio del universo. Sin embargo, científicos como Carlos Frenk de la Universidad de Durham, afirman que “energía oscura” es solamente una forma de llamar a un fenómeno para el cual los científicos no tienen una explicación satisfactoria.

Aunque el gran congelamiento parece más probable que el gran desgarramiento, si la energía oscura en el vacío del universo acelera lo suficiente la expansión, en unos 100 mil millones de años el universo entero podría romperse, cambiando la naturaleza misma del vacío.

Imagina un vacío más “vacío” que lo que conocemos por ese nombre. El gran desgarramiento podría llevarse consigo toda la lógica con la que funciona el universo como lo conocemos, cambiando radicalmente las interacciones de la materia.

Este es el agujero negro más masivo descubierto hasta el momento.

Los investigadores piensan que el universo es estable gracias a elementos como el “campo de Higgs”, que determina la masa de las partículas subatómicas; si elementos como ese se ven afectados por el gran desgarramiento, nadie conoce a ciencia cierta las consecuencias, una destrucción potencial o el inicio de un periodo de “metaestabilidad”, donde las reglas cambien. Sería el inicio de una física completamente distinta. Y su final.

La profesora Mack explica que “en algún punto del universo, tendrías una burbuja de vacío auténtico que se expande a la velocidad de la luz y envuelve al universo, destruyendo todo.”

¿Un vacío a la velocidad de la luz? Y no sólo eso: un vacío capaz de absorber planetas, galaxias enteras más rápidamente que un agujero negro.

Inflación cósmica, ¿un nuevo comienzo?

Todas las perspectivas apuntan hacia lo mismo: en un corto plazo (en la escala del tiempo universal), la humanidad será destruida; tal vez ganemos algo de tiempo si logramos colonizar algún sistema planetario vecino, o encontrar la manera de viajar entre galaxias. De cualquier manera, con humanos o sin ellos, la maquinaria del universo sigue moviéndose en direcciones inesperadas hacia el fin… o hacia el inicio.

Si la gran expansión (Big Bang) fue el comienzo de todo, ¿cómo saber si no existió antes otra física, otro universo (o universos) cuyo resultado final fuera el comienzo del nuestro? Alan Guth, físico del MIT e inventor de la teoría de la inflación cósmica, afirma que la creación y destrucción de universos también puede estar más allá del espectro de visión de nuestras herramientas actuales.

Podrían existir secciones enteras del universo que no se vieran afectadas ni por la gran congelación ni por el gran desgarramiento; lugares más allá de nuestro propio universo donde otros universos estuvieran siendo creados y destruidos, una y otra vez, quién sabe desde cuándo y hasta cuándo.

Para Guth, esta perspectiva es la más optimista de entre todas las teorías del fin del universo, en parte, porque deja lugar a la posibilidad de que la vida resurja de maneras que simplemente no podemos imaginar.

“Incluso si nuestra parte del universo se termina”, afirma Guth, “otras partes donde la vida prolifere podrían continuar para siempre.”

Sea como sea, sin duda es más sencillo conceptualizar la propia muerte (tomando en cuenta de que los seres humanos somos finitos, y rara vez vivimos más allá de un siglo individualmente) que la muerte del universo. Pero pensarlo no debe deprimirnos, sino hacernos imaginar que el universo también se comporta como un organismo vivo, que cambia, se multiplica y eventualmente es destruido.

Es poco probable que estemos ahí para atestiguar el fin de estos eventos, pero considerarlos en su infinita y destructora magnitud puede hacernos apreciar la fugacidad de nuestra existencia planetaria: un suspiro en el gran orden del tiempo universal.



Escucha estos escalofriantes sonidos captados por la NASA en el sistema solar (AUDIO)

Escucha estos peculiares sonidos que nos hablan de los movimientos que hacen los cuerpos celestes, parecen salidos de una película de terror.

Las festividades como Halloween y el Día de Muertos mexicano invitan a deleitarse a través de las sensaciones terroríficas, pues se ligan con lo paranormal, lo fantasmal y lo mortuorio. Y –mientras que no a todos les complacen este tipo de experiencias– definitivamente hay algo encantador en conectar con “el más allá”, a través de exaltar las emociones. Lo misterioso tiene una cualidad atractiva, que nos invita a imaginar y sólo requerimos de muy pocos incentivos.

Alimentando ese espíritu, la NASA hizo una compilación con una serie de escalofriantes sonidos captados en el sistema solar, especial para estos días de fantasmas. Estos recuerdan a los que se escuchan en las películas de terror: voces ahogadas, susurros, respiraciones, pasos y extraños pitidos como de nave extraterrestre.

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En realidad, los extraños sonidos son resultado de una especie de traducción que investigadores científicos hacen a partir de ondas de radio captadas por las naves. Estas son transformadas a ondas sonoras y, lo que se escucha es sólo un reflejo de los datos extraídos en el espacio. En la NASA se hacen monitoreos constantes de naves y cuerpos celestes con el fin de estudiar sus movimientos. Los sonidos nos hablan entonces del movimiento de diferentes objetos en el espacio, pero, de cualquier manera, al escucharlos es difícil no imaginar a los misteriosos personajes terroríficos que protagonizan las fiestas para los muertos.

Te presentamos algunos de los más escalofriantes:

La nave Juno, al atravesar el inmenso campo magnético de Júpiter, recuperó este extraño oleaje.

 

El telescopio espacial Kepler captó este extraño sonido emitido originalmente en forma de luz por el sistema de estrellas KIC12268220C. El sonido definitivamente recuerda a una nave espacial de marcianos, de las antiguas películas sobre el espacio.

Estos extraños sonidos, como de fantasmas interfiriendo aparatos electrónicos son emitidas por Ganymede, la luna más grande de Júpiter.

Las ondas de radio emitidas por Saturno, fueron captadas por la nave espacial Cassini, que ha pasado 13 años explorando las lunas del gran planeta, en busca de alguna que pueda ser habitada. El planeta responde con esta aterradora respiración.

Este terrorífico sonido, como de un animal correteando detrás de las paredes, es el único que sí fue grabado como sonido directamente y no traducido a la forma sonora, a partir de datos. Es el sonido que emite el polvo que dejó tras de sí el cometa Tempel 1, al chocar con la nave espacial Stardust.

Descubre la lista completa:

*Imágenes: NASA