Minimalismo digital: simplifica tu vida digital y recupera la realidad

Las tecnologías digitales son herramientas que nos conectan con el mundo, pero su uso compulsivo puede ser nocivo.

Conforme la tecnología avanza, parece que los usuarios nos convertimos en meros operadores de pantallas y administradores de notificaciones: siempre pendientes de los sonidos que vienen de nuestros teléfonos inteligentes, de los mensajes de las redes sociales, de las invitaciones a eventos a los que pretendemos ir pero no vamos. Y esta relación con la tecnología no sólo es agotadora, también ha sido estudiada como una enfermedad.

Y es que si has sentido que las mejores horas de tu día se van por el caño navegando entre redes sociales y mirando la vida virtual de los demás, tal vez no eres el único. En un estudio longitudinal de la Universidad de Yale y la de San Diego (publicado en la Revista Americana de Epidemiología) se analizó el uso de Facebook entre 5,200 personas.

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Brian Stauffer

Se encontró que el promedio de uso es de 9 horas al día, lo que se correlaciona con una mayor tasa de depresión entre los participantes de la investigación. La conclusión de los científicos es, por lo menos, alarmante: “Mucho de este deterioro tiene su origen en sus teléfonos”.

Si los teléfonos digitales, las tablets y las computadoras nos acercaron y conectaron, también fomentaron nuestro alejamiento del mundo. ¿Pero es justo culpar a las herramientas de lo que las personas hacen con ellas? Después de todo, un cuchillo puede servir para cortar una naranja o para… bueno, entiendes la idea. ¿Cómo hacer, pues, un mejor uso de nuestras herramientas?

 

Qué es el minimalismo digital

El profesor de ciencias computacionales Cal Newport no es alguien que esté en contra del avance tecnológico, especialmente de la tecnología digital: se trata de alguien que, precisamente por su experiencia en la materia (desarrollando dichas tecnologías), está en posición de proponer soluciones tajantes y necesarias para la adicción a redes sociales que experimentan muchos jóvenes.

Su solución se engloba en lo que llama “minimalismo digital”, que define como “una filosofía del uso de la tecnología donde concentras tu tiempo en línea en un pequeño número de actividades óptima y cuidadosamente seleccionadas, que respalden las cosas que valoras, y luego te desentiendas felizmente de todo lo demás”.

El FOMO (acrónimo en inglés de fear of missing out, o miedo de perderte algo importante que estaría pasando en tus redes sociales justo cuando no las revisas) es bastante real, y ha establecido una dinámica tóxica para nuestra atención y el uso de nuestro tiempo en línea. Lo que hay que entender sobre el minimalismo digital es que no está contra la tecnología, sino a favor de hacer un uso más consciente de las herramientas tecnológicas.

Existen usos críticos y necesarios de los dispositivos (como para trabajar o comunicarse), pero siendo honestos, pasamos la mayor parte del tiempo utilizándolos para entretenernos o postergar el trabajo y nuestras relaciones.

Para cambiar nuestra relación con la tecnología, debemos establecer una serie de parámetros y procedimientos de operación: poner horarios en los cuales nos prohibamos entrar a redes sociales para concentrarnos en el trabajo, y horarios en los que nos permitamos navegar en la red simplemente por diversión.

Si tienes FOMO, acércate a tus amigos, o recupera esa vieja práctica del siglo XX: llámalos por teléfono o queda con ellos para charlar (con el teléfono en modo silencio, claro). Deshacerte de hábitos tecnológicos compulsivos es posible, y una buena manera de comenzar es:

 

1. Diferencia entre tecnología necesaria y tecnología opcional

Revisar tu mail de trabajo es necesario; navegar en redes sociales es opcional. Usar apps de mensajería para comunicarte con tu familia es necesario; inundarlos de memes es un uso opcional. ¿Entiendes la idea?

 

2. Pasa 30 días sin utilizar tecnología opcional

Nada de redes sociales, nada de navegar hasta la madrugada en página tras página que no recordarás al día siguiente. Utiliza ese tiempo en hacer algo que valores: acércate a los amigos que hace meses que no ves, retoma un hobby divertido, inscríbete en alguna clase o taller, etcétera.

 

3. Es posible que tengas pequeñas recaídas en ese lapso

Después de todo, muchos nos comportamos como verdaderos adictos a la tecnología. No te culpes por ello, pero trata de distanciarte conscientemente de esas prácticas, y sustituirlas por cosas que realmente valores y te hagan sentir bien.

 

4. Luego de los 30 días, puedes admitir poco a poco nuevamente las tecnologías opcionales,

pero siempre bajo un horario y parámetros estrictos de uso. Por ejemplo, 1 o 2 horas de redes sociales al final de tu jornada laboral, Instagram y podcasts solamente en los trayectos, etcétera.

 

5. Para admitir una tecnología opcional de vuelta en tu vida,

asegúrate de que cumpla una función positiva y benéfica. No, quitarte el aburrimiento no es una “función benéfica”.

El mantra de este periodo de minimalismo digital será ver la tecnología como herramienta para respaldar las cosas que valoras, no como fuente de valor en sí misma. Tu atención es un territorio que la tecnología te ha arrebatado y capitalizado, a costa, muchas veces, de tu salud mental y de tus relaciones en el universo 1.0. El minimalismo digital es sólo una buena idea para recuperar tu atención y aprovechar las grandes ventajas de la era digital sin sacrificar tu paz mental.



Alexandria Ocasio-Cortez cerró su Facebook (una fresca invitación al minimalismo digital)

“Las redes sociales son un riesgo para la salud pública”, dijo la joven congresista.

Si algo resultó decisivo en el triunfo de Alexandria Ocasio-Cortez el año pasado fueron las redes sociales. No es de extrañarse que una mujer joven como ella haya sabido navegar hábilmente los entornos digitales para saltar de ahí al Congreso estadounidense, convirtiéndose en la mujer más joven en ocupar una legislatura.

Pero lo que pocos saben es que Ocasio-Cortez también salió al mundo real para hablar con la gente a la que quería representar. Durante su candidatura, la neoyorquina salía a repartir folletos puerta por puerta. Así que no existe incongruencia en la reciente decisión que tomó de cerrar su cuenta de Facebook, lo que justificó en una entrevista para Yahoo News con el argumento de que:

Las redes sociales son un riesgo para la salud pública.

De paso, Ocasio-Cortez enumeró los riesgos que implican las redes sociales para la salud y el bienestar:

Tienen muchos efectos: ansiedad, depresión, adicción, aislamiento, escapismo.

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Andres Kudacki

Poco hace falta para comprobar cada punto en esta lista de –buenas– razones para dejar Facebook, pues la mayoría de nosotros somos pruebas vivientes de que las redes sociales están trastocando la psique y los cuerpos. Además, Ocasio-Cortez sabe que hacer política en estas plataformas tiene su riesgo, ya que sujetos como Donald Trump han vuelto a las redes sociales entornos repletos de ira y odio –emociones funcionales a sus intereses, tanto online como offline.

Y lo peor es que la adicción va más allá de las redes sociales.

Lo cierto es que, yendo más allá de las redes sociales, podemos asegurar que el propio Internet es ya una adicción. Esto se intuía desde 1998, cuando algunos científicos vieron en Internet “la emergencia de un nuevo desorden clínico”. Y ni siquiera es sólo una adicción, como se creía, similar a la que generan las apuestas. Es, más bien, una adicción tan potente como la generada por sustancias psicoactivas.

Esta adicción, mucho antes de que las redes sociales se volvieran pilares de la vida contemporánea, ya ha creado inusitadas patologías. Por ejemplo, la adicción a la pornografía en línea. Ahora, decenas de personas padecen el llamado “miedo a quedarse afuera”, un síndrome que surge como consecuencia de estar desconectado de la red, y que produce un miedo irracional a ser excluido o “perderse de algo”. 

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Fillum Pro

Por eso, el planteamiento de Ocasio-Cortez es como un respiro: nos permite salir a la superficie del mundo digital, el cual se ha vuelto imperioso, y nos deja ver que allá afuera existen quienes quieren trascender los límites del Internet. La propia Ocasio-Cortez lo ha hecho poco a poco, apoyada en libros con hacks para dejar paulatinamente la dependencia a los gadgets y lograr un minimalismo digital.

 

Y a todo esto, ¿qué es el minimalismo digital?

Se trata de una propuesta del profesor de ciencias computacionales Cal Newport, quien ama tanto la tecnología digital que está decidido a ayudar a los jóvenes a librarse de la adicción al mundo virtual, para que así puedan sacar de él verdadero provecho. Según lo define el propio Newport, el minimalismo digital:

Es una filosofía del uso de la tecnología donde concentras tu tiempo en línea en un pequeño número de actividades óptima y cuidadosamente seleccionadas, que respalden las cosas que valoras, y luego te desentiendas felizmente de todo lo demás.

Eso es lo que hará de ahora en adelante Ocasio-Cortez, a quien podrás seguir en Twitter e Instagram, pero cuyas cuentas no estarán demasiado activas. ¿Y si lo intentas tú también? Acá tienes algunos hacks para dar los primeros pasos y recuperar la realidad.



La atención es nuestro puente con el mundo

La economía de la atención gana millones robando nuestra atención, pero, ¿cómo podemos recuperarla para alcanzar nuestros objetivos?

Nuestras capacidades cognitivas son nuestro puente con el mundo. Son aquella habilidad que nos permite conocerlo, pero también inteligirlo, memorizarlo y nombrarlo. Más aún: son un aspecto esencial de la conciencia humana.

¿Qué tan importantes no serán estas capacidades, que en la actualidad son explotadas por otros?

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La información se ha vuelto una mercancía. Y para poder competir, las grandes industrias de todo tipo –pero sobre todo las industrias techtienen que lograr captar nuestra atención, vendiéndonos cierto tipo de información. Lo único que quieren es que demos clic y que nos quedemos viendo un video por más de 3 segundos. O en el caso de la publicidad, nos siguen bombardeando con mensajes irrisorios y cacofonías estridentes.

Cada 2 días es generada más información de lo que se generó en toda la historia de la humanidad antes de 2003.

Lo malo –para las industrias y para nosotros– es que hemos entrado en un circulo vicioso. Mientras más atención nos exigen, menos atención somos capaces de prestar. La demanda por atención nos aletarga, y por eso hoy son usadas insólitas formas para explotar nuestras capacidades cognitivas. Para ello se utilizan todo tipo de recursos: psicológicos, neurológicos, de programación y de diseño.

 

¿A que grado se está viendo comprometida nuestra atención?

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Tenemos distintas formas de prestar atención. Éstas se producen en los dos hemisferios del cerebro: en el hemisferio izquierdo está la atención más analítica, mientras que en el derecho está una atención más enfocada a la exploración sensorial. Estas capacidades se complementan: el hemisferio izquierdo es el que le da una representación a la totalidad captada por el hemisferio derecho.

De alguna manera, la atención del hemisferio derecho, que es la más libre, la que no se “engancha”, sino que se mantiene al tanto de todo, es aquella que se está viendo más comprometida debido a la economía de la atención. Porque la atención que reclama el Internet, las redes sociales y los servicios de entretenimiento, es una atención inmediatista, de gratificaciones al instante. Apaga nuestra modalidad de exploración y nos engancha a una sola cosa: a las pantallas.

 

¿A qué quieres prestar atención?

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Pero la atención en realidad es una experiencia, no sólo un recurso. Y es una capacidad que nos permite encontrar nuestros intereses y llevar a cabo nuestros propios objetivos. Por eso es urgente que dejemos las pantallas y volvamos a explorar al mundo y a nosotros mismos con él. Quizá la pregunta más pertinente sea: ¿a qué queremos prestarle atención?… ¿Lo habías pensado?

Si quieres dejar de ser explotado por la economía de la atención, ya existen algunas propuestas, como el minimalismo digital, que sirven como modelos para tener una vida menos tecnológica y más orgánica. A esto se suman prácticas que podemos adoptar, como la meditación mindfulness, el hacer de la comida un ritual de principio a fin –y dejar de comer comida rápida frente a las pantallas–, o incluso prácticas sin una finalidad aparente, como salir a dar una caminata.

Así podremos conquistar nuevamente nuestra atención consciente y enfocarla en lo que verdaderamente importa.

 

* Imágenes: Piero Fornasetti